"Si la religión y el mensaje evangélico no tocan lo político, poco tiempo les resta para desaparecer"

  •    Septiembre 12 de 2017
  •    Luis Guillermo Sarasa, S.J.

El P. Luis Guillermo Sarasa, S.J., decano de la Facultad de Teología de la Universidad Javeriana, en Bogotá, analiza el mensaje del papa Francisco en su primer discurso oficial de su visita a Colombia.


Con gran alegría hemos recibido a Francisco en Colombia. En su alocución en la Casa de Nariño, sede presidencial, el jueves 6 de septiembre, primer día de su visita, Francisco fue al grano. Después del saludo protocolario y de unas bellas palabras que enaltecen la colombianidad, el Papa se refirió al asunto central:

"Este encuentro me ofrece la oportunidad para expresar el aprecio por los esfuerzos que se hacen, a lo largo de las últimas décadas, para poner fin a la violencia armada y encontrar caminos de reconciliación. En el último año ciertamente se ha avanzado de modo particular; los pasos dados hacen crecer la esperanza, en la convicción de que la búsqueda de la paz es un trabajo siempre abierto, una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos. Trabajo que nos pide no decaer en el esfuerzo por construir la unidad de la nación y, a pesar de los obstáculos, diferencias y distintos enfoques sobre la manera de lograr la convivencia pacífica, persistir en la lucha para favorecer la cultura del encuentro, que exige colocar en el centro de toda acción política, social y económica, a la persona humana, su altísima dignidad, y el respeto por el bien común. Que este esfuerzo nos haga huir de toda tentación de venganza y búsqueda de intereses sólo particulares y a corto plazo. Cuanto más difícil es el camino que conduce a la paz y al entendimiento, más empeño hemos de poner en reconocer al otro, en sanar las heridas y construir puentes, en estrechar lazos y ayudarnos mutuamente. (cf. Exhort. ap. Evangelii gaudium, 67)".

Su voz es aliento para seguir adelante en el empeño de pacificación del país después de los difíciles caminos para llegar a un acuerdo de paz con las Farc, en lucha armada desde hace 50 años y que hoy son reconocidas como un nuevo partido político. El Papa no desconoce las dificultades políticas que siguen generando polarización, pero nos da un mensaje claro: al centro de todo debe estar la persona humana y su dignidad.

Pero, el Papa latinoamericano, que conoce un modo certero de hacer teología, agrega que la mirada se tiene que volcar primero sobre quienes más sufren los desastres de la guerra y siguen estando al margen:

"En esta perspectiva, los animo a poner la mirada en todos aquellos que hoy son excluidos y marginados por la sociedad, aquellos que no cuentan para la mayoría y son postergados y arrinconados. Todos somos necesarios para crear y formar la sociedad. Esta no se hace solo con algunos de "pura sangre", sino con todos. Y aquí radica la grandeza y belleza de un país, en que todos tienen cabida y todos son importantes".

Sus palabras son un aguijón en la situación actual, puesto que no llegaremos a ordenar este país si las estructuras siguen siendo injustas. Si no nos unimos, cualquier intento por hacer de éste un país con oportunidades para todos y todas, nos veremos avocados a un fracaso social y a más formas nuevas de violencia que, sin duda ninguna, siempre encuentran su caldo de cultivo en la inequidad social. Aunque el texto de los acuerdos Estado-Farc ya fueron firmados y han sido refrendados no sólo gubernamentalmente sino con la paulatina entrega de armas, con garantía de testigos y garantes internacionales, el camino largo de su legislación y puesta en práctica, apenas si comienza.

A Francisco siempre le ha gustado encarar la realidad. Este es su "modus theologicus". El objetivo de su visita resulta, para algunos, polivalente. Voces malintencionadas hablan de su carácter político, pero a Francisco le parece que, si la religión y el mensaje evangélico no tocan lo político, poco tiempo les resta para desaparecer.

O nos volvemos, como iglesia, al clamor de los más necesitados o, sencillamente, nuestro papel es irrelevante. Su visita es pastoral; de acuerdo. Pero, su modo de ser pastor ha transformado un imaginario que había desvanecido lo más profético del anuncio evangélico. La conclusión de su corto discurso en Palacio no puede ser más clara:

"Es mucho el tiempo pasado en el odio y la venganza. La soledad de estar siempre enfrentados ya se cuenta por décadas y huele a cien años; no queremos que cualquier tipo de violencia restrinja o anule ni una vida más. Y quise venir hasta aquí para decirles que no están solos, que somos muchos los que queremos acompañarlos en este paso; este viaje quiere ser un aliciente para ustedes, un aporte que en algo allane el camino hacia la reconciliación y la paz".

Su mensaje neto de reconciliación ha quedado ya impregnado en la mente y los corazones de quienes lo hemos escuchado con atención. Su papel como pastor de la iglesia universal aviva la fe de los creyentes y nos lanza el reto de ser artífices de nuestra propia "Libertad y Orden", hacia una sociedad liberada de cualquier yugo que pueda seguir siendo motivo de opresión e inequidad social.

La iglesia jerárquica deberá unirse en torno a su pastor y desanudar cualquier asomo de división política. Aunque el mensaje que trae el papa es para todos los colombianos, como iglesia tenemos que dar el primer paso, justo lema de esta visita papal.

Tomado de: periodistadigital.com