La dignidad del niño en un mundo digital

El P. General Arturo Sosa, S.J., dice que el respeto y la protección del niño en un mundo digital es una prioridad de la Compañía de Jesús.


En su introducción, al comienzo de una conferencia sobre "Child Dignity in the Digital World" (Dignidad del Niño en el Mundo Digital), celebrada en la Universidad Gregoriana, el pasado 3 de octubre de 2017, el P. Sosa dijo que el compromiso de cuidar de los niños tiene sus raíces en el mismo San Ignacio. "En la fórmula de la profesión de los últimos votos en la Compañía, después de que el jesuita promete perpetua pobreza, castidad y obediencia, hace un voto de especial dedicación a la instrucción de los niños".

Texto completo del discurso del Padre General

En nuestra más reciente Congregación General 36, celebrada hace un año aquí en Roma, la Congregación General -el cuerpo supremo de gobierno de la Compañía de Jesús- me instruyó, como Superior General, "continuar ... promover, dentro de las comunidades y ministerios de la Sociedad, una cultura consistente de protección y seguridad para los menores ". (Cuestiones encomendadas al P. General, CG 36). El texto es breve, pero es muy significativo. Es la expresión del compromiso jesuita de respetar y proteger la dignidad de los niños.

Este compromiso no es nuevo. Tiene sus raíces en el propio San Ignacio. En la fórmula para la profesión de los votos finales en la Sociedad, después de que el jesuita promete "pobreza perpetua, castidad y obediencia", luego promete "cuidado especial para la instrucción de los niños". (Constituciones, 527). Ningún otro ministerio -por ejemplo, enseñar, predicar, dar los Ejercicios Espirituales, servir a los pobres- se menciona en la fórmula; solo "la instrucción de los niños". En el siguiente número en las Constituciones, San Ignacio explica por qué esta frase está incluida en la fórmula del voto, dando dos razones:

La primera razón tiene que ver con el reconocimiento de San Ignacio de la preciosa dignidad de los niños. Él escribe: "la promesa sobre los hijos se coloca en el voto... por el servicio sobresaliente que se le da a Dios nuestro Señor al ayudar a las almas que le pertenecen". Esta es una frase sorprendente. Para San Ignacio, los niños son "almas que pertenecen a Dios". En otras palabras, para San Ignacio, los niños, que a menudo son considerados como los más marginales e insignificantes de los seres humanos, tanto en el siglo XVI como en el nuestro, son, de hecho, las posesiones preciadas de Dios que merecen respeto y servicio. El Papa Francisco expresa la misma convicción cuando escribe: "Un niño es un ser humano de inmenso valor y nunca se lo puede usar para su propio beneficio". (Amoris Laetitia, 170). Por supuesto, sabemos que tanto San Ignacio como el Papa Francisco aprendieron esta actitud del mismo Jesús, quien gentilmente dio la bienvenida a los niños y se "indignó" cuando los discípulos trataron de mantenerlos alejados de él, en su creencia errónea de que los niños eran insignificantes e indignos de la atención del Señor. (Ver Mc 10: 13-16)

La segunda razón que San Ignacio da es muy realista. Él reconoce que es muy fácil olvidar y descuidar el cuidado de los niños. Él escribe: "la promesa sobre los hijos se coloca en el voto... porque corre más peligro de caer en el olvido que otros servicios más conspicuos..." (Constituciones, 528). En otras palabras, la promesa refleja la preocupación de San Ignacio de que la Sociedad no olvide a los que son más fácilmente olvidados debido a su aparente falta de importancia para el resto de la sociedad humana.

En nuestro tiempo, se nos llama de manera particularmente urgente para recuperar y fortalecer las actitudes fundamentales de San Ignacio de respetar y proteger la dignidad de los niños. Vivimos en un mundo donde la dignidad de los niños es olvidada y violada. Los niños son víctimas de la pobreza, la guerra, la trata de personas, el desplazamiento forzado y el terrorismo; los niños se ven obligados a servir como soldados, niños trabajadores, trabajadores sexuales, mulas de drogas. Nosotros en la Iglesia no podemos escapar a nuestra parte de responsabilidad por la grave falta de respeto por la dignidad de los niños, mientras enfrentamos la dolorosa realidad del abuso sexual de niños perpetrado por sacerdotes, religiosos y otros ministros pastorales.

La Compañía de Jesús busca hoy profundizar y fortalecer su compromiso práctico y efectivo con la protección de los niños. Mi predecesor, el P. Adolfo Nicolás, pidió a todas las provincias, comunidades y ministerios que garanticen la existencia de tres elementos esenciales para salvaguardar a los niños. Primero, protocolos buenos, justos y compasivos para manejar acusaciones de abuso de menores. Segundo, directrices y políticas para la conducta pastoral ética, que tienen como objetivo promover, tanto entre los jesuitas como entre nuestros socios en la misión, el respeto por los límites y la responsabilidad clara.

Finalmente, y tal vez lo más importante, los programas de capacitación y formación continua para garantizar que los protocolos y las políticas no permanezcan como documentos no leídos, sino que se apropien y pongan en práctica. Todo esto apunta a crear una "cultura consistente de protección y seguridad para los menores" (CG 36): una cultura, es decir, una forma de vida normal, habitual, relacionándose, trabajando, sirviendo a aquellos a quienes servimos, particularmente niños, que siempre se sientan respetados, seguros y amados.

P. Arturo Sosa, S.J.
Superior General de la Compañía de Jesús