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Pistas para la homilía

  •   Domingo Julio 24 de 2016
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Hacia una oración cada vez más simple y contemplativa

• Lecturas:

- Génesis 18, 20-32
- Carta de san Pablo a los Colosenses 2, 12-14
- Lucas 11, 1-13

• Los seres humanos nos comunicamos con Dios de muy diversas maneras, y estos momentos de diálogo suelen combinar las palabras y la expresión corporal. Pensemos, por ejemplo, en las danzas rituales de las culturas ancestrales; o en las cinco oraciones diarias de los musulmanes, en dirección a la Meca, una de sus ciudades santas; o en los rezos de los judíos junto al Muro de las Lamentaciones.

• La necesidad de comunicarnos con Dios, expresarle nuestras necesidades y nuestro estado de ánimo, es algo que está escrito en lo más profundo del ser humano. Pues bien, las lecturas bíblicas de este domingo nos hablan de la oración; en su conjunto, nos ofrecen una riquísima clase de Teología Espiritual. Los invito a que vayamos recorriendo los textos.

• Empecemos por el libro del Génesis. Yahvé le manifiesta a Abrahán su indignación por la conducta de los habitantes de Sodoma y Gomorra. Sorprende el estilo literario de este texto por su informalidad; parece el diálogo de dos viejos amigos que se conocen desde la infancia. Ante el inminente castigo que amenaza a estas dos ciudades, Abrahán asume el papel de abogado defensor, y su principal argumento es el amor misericordioso de Dios. En este relato encontramos algunos detalles que nos llaman la atención:

- Abrahán no pide para él sino para otros; esto le da una gran libertad.
- El lenguaje de Abrahán manifiesta una enorme cercanía con el Señor, pero sabe guardar las distancias infinitas entre el Creador y la creatura.
- Es divertida la argumentación de Abrahán. En términos coloquiales, se trata de un regateo, tradición que siguen fielmente sus descendientes, judíos y árabes, en los bazares y mercados del Oriente.
- Yahvé escucha con benevolencia las diversas propuestas que le hace Abrahán, y las acepta. Su oración de petición es escuchada por el Señor. Es el triunfo del amor misericordioso.

• El Salmo 137 es una hermosa oración de acción de gracias; el salmista agradece de todo corazón que hayan sido escuchados sus ruegos: “Señor, te damos gracias por tu lealtad y tu amor: siempre que te invocamos, nos oíste y nos llenaste de valor”. Con frecuencia, los seres humanos protestamos, nos quejamos, exigimos. Y pocas veces agradecemos que estas expresiones hayan sido acogidas favorablemente. El mundo sería más amable si utilizáramos más a menudo expresiones tales como por favor y gracias.

• Vayamos ahora a la Carta de san Pablo a los Colosenses. Allí encontramos la explicación teológica del lenguaje cercano e íntimo que podemos utilizar para hablar con Dios, a pesar del abismo infinito que separa al Creador y la creatura, al que es infinitamente Santo y nosotros pecadores. Jesucristo es el puente que ha unido las dos orillas: “Hermanos: Por el bautismo fueron ustedes sepultados con Cristo y también resucitaron con Él, mediante la fe en el poder de Dios, que lo resucitó de entre los muertos”. Por el bautismo hemos nacido a una vida nueva; somos hijos de Dios y coherederos con Cristo. Por eso podemos llamarlo Padre y dejar a un lado todos los protocolos y formalidades.

• Finalmente, llegamos a la vlección más sublime de Jesús sobre la oración**, en respuesta a la solicitud que le hacen sus discípulos: “Señor, enséñanos a orar”. El supremo Maestro de la vida interior no respondió a esta pregunta con un discurso teórico sino que ofreció la mejor síntesis, que es la oración del Padrenuestro, a la que no le sobra ni le falta una palabra. Cuando queramos hablar con Dios, desconectémonos de las preocupaciones exteriores y recitemos pausadamente, una y otra vez, las palabras del Padrenuestro, degustando cada una de las expresiones, descubriendo su sentido profundo.

• Después de esta síntesis insuperable que es el Padrenuestro como oración de alabanza, petición y acción de gracias, el Señor subraya la importancia de perseverar en la oración: “Pidan y se les dará, busquen y encontrarán, toquen y se les abrirá”. Y para que el mensaje fuera comprendido en su plenitud, Jesús propone dos ejemplos: el amigo que llama a la puerta y el hijo que pide pan.

• Es hora de terminar nuestra meditación dominical. Hemos visto que la oración es un tema transversal a las tres lecturas y al salmo. Estos textos nos han enseñado que la oración no es un discurso retórico ni un debate filosófico. Orar es hablar confiadamente con nuestro Padre, a través de Jesucristo, nuestro Señor y Salvador. Mientras más maduramos en la fe, más simple se va haciendo nuestra oración, pues se va despojando de las palabras y se focaliza en la contemplación agradecida de los misterios de la salvación.