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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Septiembre 04 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Durante esta semana se tiene en todo el país la llamada Semana por la Paz, que durante más de 20 años se viene celebrando entre nosotros. Y en este año cobra un sentido especial por el cierre de negociaciones con la FARC en la Habana.

La última frase del evangelio de hoy es un reto bien fuerte, no sea que como “el hombre que comenzó a construir y no fue capaz de concluir”. Porque el reto es múltiple hoy en día. La construcción de la paz en el país, que implica no sólo el dejar las armas de estas personas que tanto mal hicieron al país, en competencia con los grupos paramilitares.

Se trata de construir la Justicia Social, la paz en las familias y de un modo muy especial la Paz con la Naturaleza, a la cual no sólo esos grupos causaron desastres, sino también en primer lugar los poderosos, pero también nosotros.

Los poderosos, porque como nos dice la encíclica LAUDATO SI, Alabado sea, Señor, el problema es con “la arbitrariedad del más fuerte ha propiciado inmensas desigualdades, injusticias, violencia para la mayoría de la humanidad, porque los recursos pasan a ser del primero que llega o del que tiene más poder, el ganador se lleva todo” (n. 82).

Estas personas edifican en roca, en poder, para ellos, pero a los demás los dejan en la arena, como sucede con las personas que tienen sus casitas al borde de los ríos y sufren por sus crecientes.
Pero el reto también es para todos nosotros, que tenemos el peligro de contaminar las aguas y el aire, de consumir productos que sólo sirven para sacar la plata de nuestro país y no para dar trabajo a tanta gente desempleada. Si fuéramos a hacer una enumeración de estos productos tendríamos que comenzar con las botellas de agua que nos ofrece una empresa transnacional.

El reto de construir esta paz se puede cimentar en esta frase de la primera lectura: “Tú, que por tu sabiduría, formaste al hombre para que dominara las creaturas salidas de tus manos, para que gobernara al mundo con santidad y justicia …” (Sabiduría 9, 2)