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Guíon para la radio

  •   Domingo Octubre 09 de 2016
  •   Guión para la Radio
  •    José Martínez De Toda, S.J.

“¿Sólo uno volvió a dar gracias?” (Lc 17, 11-19)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).

El Evangelio del domingo de hoy habla de gente agradecida y de gente desagradecida. ¿Cuál de las dos es la preferida de Jesús? Escuchemos su evangelio.

Lectura del santo evangelio según San Lucas (Lc 17, 11-19)

NARRADOR/A – Yendo Jesús camino de Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Cuando iba a entrar en un pueblo vinieron a su encuentro diez leprosos, que se pararon a lo lejos y a gritos decían: -Jesús, maestro, ten compasión de nosotros.

NARRADOR/A – Al verlos, les dijo:
JESÚS –Vayan a presentarse a los sacerdotes.

NARRADOR/A – Y mientras iban de camino, quedaron limpios. Uno de ellos, viendo que estaba curado, se volvió alabando a Dios a grandes gritos, y se echó por tierra a los pies de Jesús, dándole gracias. Este era un samaritano. Jesús tomó la palabra y dijo:

JESÚS – ¿No han quedado limpios los diez?; los otros nueve, ¿dónde están? ¿No ha vuelto más que este extranjero para dar gloria a Dios?

NARRADOR/A – Y le dijo:

JESÚS – Levántate, vete; tu fe te ha salvado.

Pregunta 1 – ¿Hay gente desagradecida?

Te cuento esta historia:

<Érase una vez un niño que jugando en el muelle del puerto se cayó a las aguas profundas del océano. Un viejo marinero, sin pensar en el peligro, se lanzó al agua, buceó para encontrar al niño y finalmente, agotado, lo sacó del agua. Dos días más tarde la madre vino con el niño al muelle para encontrarse con el marinero. Cuando lo encontró le preguntó:

- "¿Es usted el que se lanzó al agua para rescatar a mi hijo?

-"Sí, yo soy", respondió.

- La madre le dijo: "¿Y dónde está el gorro de mi hijo?”> (Félix Jiménez, escolapio)

El evangelio de hoy nos recuerda una dimensión profunda de toda vida humana y cristiana: la gratitud, la acción de gracias.

Los leprosos debían soportar su propia enfermedad, y eran excluidos para que no contagiaran a los demás. Pero además su enfermedad era considerada como un terrible castigo divino; por ello eran «impuros» y debían ser repudiados por todos. Y sentían menos compasión por ellos, porque creían que el leproso había causado por sí mismo el castigo.

Los leprosos debían vivir en lugares apartados, tenían estrictamente prohibido entrar en las ciudades, y cuando iban por los caminos debían gritar “¡Inmundo! ¡Inmundo!”, para que nadie se les acercara (Levítico 13, 45).

Como la enfermedad era tenida también por incurable, la única esperanza que les quedaba a estos enfermos era el milagro. Si la curación se producía, un sacerdote tenía que certificar con su palabra que su curación era cierta (Levítico 14, 1-32).

Pregunta 2 – ¿Qué hacen los leprosos cuando ven a Jesús?

Comienzan a gritar: “Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros” (v. 13). Si se dirigiesen a un viajero corriente, este llanto de merced podría ser un simple pedir limosna. Pero en este caso conocen el nombre de Jesús y se dirigen a él como ‘Maestro’. Han oído hablar de Él, que cura enfermedades, y ahora su llanto es un pedir salvación.

Pregunta 3 – ¿Cómo reacciona Jesús ante los leprosos?

La gente de ordinario ignoraba a los leprosos. Los trataba como si no existieran, como hacemos nosotros con los mendigos de la calle en la gran ciudad: prescindimos de ellos y seguimos adelante sin siquiera mirarlos. En cambio el evangelio dice que Jesús ‘los vio’. No era una mirada casual, sino de interés y cariño por ellos.

Pregunta 4 – ¿Qué les dice Jesús?

- “Vayan, muéstrense a los sacerdotes” (v. 14b).

Jesús, antes de sanarlos, les manda ser inspeccionados por los sacerdotes. Normalmente, éstos pasan una semana en el templo de Jerusalén, pero residen en otro lugar. Había sacerdotes judíos y samaritanos, que podían garantizar la salud del enfermo.

Además ellos podrán testimoniar el gran poder que tiene Jesús.

Pregunta 5 – Y, ¿qué les pasó a los leprosos?

“Y aconteció, que yendo ellos, fueron limpios” (v. 14). Los leprosos no fueron sanados de inmediato, sino que son sanados al obedecer a Jesús.

Pero la palabra usada es quedar ‘limpio’. “Sanar” tiene que ver con restauración de la salud corporal. Ser hechos “limpios” incluye dimensiones adicionales, como la salud social y religiosa. Ahora, los que eran leprosos han sido restaurados y pueden volver a entrar en la sociedad.

Pregunta 6 – ¿Cómo reaccionan los leprosos, cuando se ven curados?

“Entonces uno de ellos, como se vio que estaba limpio, volvió, glorificando a Dios a gran voz” (v. 15). Seguro que se lo diría a los otros nueve leprosos. Pero ninguno de ellos lo acompañó.

“Y derribóse sobre el rostro a los pies de Jesús, dándole gracias” (v. 16a).

“Y éste era Samaritano” (v. 16b). Y Jesús comenta:

“¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?” (vv. 17-18).

La ingratitud a menudo brota del egoísmo. Después de tan largo aislamiento, han de estar ansiosos de reunirse con sus familias y reasumir una vida normal. Nos podemos imaginar a los otros nueve, separándose cada uno por su camino, ansiosos por regresar a sus vidas antiguas.

Y Jesús le dice al samaritano: “Levántate, vete; tu fe te ha salvado” (v. 19).
El samaritano fue ‘curado’, además fue hecho ‘limpio’ y ahora es ‘salvado’: tres pasos, cada uno mejor que el anterior.

Pregunta 7 – ¿Cómo damos gracias nosotros?

-La misa es, antes que nada, dar gracias a Dios. Eucaristía significa ‘dar gracias’.

- Muchos acuden a la iglesia para dar gracias por los beneficios recibidos.

- En el examen diario, que muchos hacen a mediodía hasta durante 15 minutos, éstos son los puntos que Ignacio de Loyola recomienda tocar: 1 Dar gracias por los bienes recibidos. 2 Pedir luz para conocer los pecados de ese día. 3 Examinarse. 4 Pedir perdón. 5 Proponer enmienda.

- Es bueno dar gracias antes de comer.

- También intercalamos en nuestra conversación la frase ‘Gracias a Dios’, cuando algo salió bien.

- Debemos dar gracias a Dios por los acontecimientos extraordinarios que nos vengan, pero también por los beneficios cotidianos, que recibimos todos los días. Todos son dones de Dios.

Si las estrellas salieran solo una noche al año, todos nos pasaríamos esa noche horas sin dormir para poder contemplarlas. Pero las vemos con tanta frecuencia, que ya no nos molestamos ni en echarles un vistazo. ¡Qué fácilmente nos acostumbramos a nuestras bendiciones y nos olvidamos de dar gracias por ellas!

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Ahí es donde realmente podemos dar gracias a Dios por tanto bueno que nos da. Y en la Misa nos da su Cuerpo, su Sangre, su Mensaje, su comunidad.