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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Noviembre 06 de 2016
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El segundo libro de los Macabeos nos presenta hoy el martirio de los siete hermanos a los cuales su madre acompañó y animó frente al tiraron rey Antíoco Epífanes. Esta dolorosa escena nos hace pensar en el número grande de personas que han muerto, sobre todo en la región de Amazonas, por defender la Casa Común.

Hoy no se trata de un rey sino de una serie de entidades interesadas sólo por el dinero, que vienen a nuestros países a explotar el oro y al pueblo. Una prueba de ello es el informe alarmante de CONSERVACION INTERNACIONAL, institución que se queja de que hay más de 6.000 solicitudes para explotación minera en zonas protegidas.

Igualmente el “Informe Amazonía Viva” da otro dato preocupante. Se trata de que el 15% del “pulmón del mundo” tiene concesiones mineras. Y además, añade, el 37% del territorio indígena, zonas consideradas dizque protegidas, están en riesgo por uno 500 contratos que ya existen para dicha explotación.

Lo anterior en relación con ese bárbaro Rey y sus intereses. Ahora pasemos a los mártires, los macabeos de nuestro caso. Estos han sido tantos indígenas asesinados en estas regiones por oponerse a dicha desfachatez. Ellos, que han vivido sanamente tantos años con la naturaleza, son actualmente nuestros mejores defensores de nuestra Casa Común, en especial de la bella Naturaleza que Dios nos regaló.

Lo mismo habría que decir de tantos campesinos de Brasil, Perú, Ecuador y Colombia que han sido asesinados por oponerse a que acaben con más bosques o a que ensucien más ríos y quebradas con peligro de la salud humana.

Pablo, en la carta a los Tesalonicenses, invita a ellos y a nosotros: ”Oren también para que Dios nos libre de los hombres perversos y malvados que nos acosan…” (2 Tes. 3,2). En nuestro casos, ya sabemos de cuáles se trata.

Añadamos la exhortación de Jesús a orar y a tener fe: “Porque Dios no es Dios de muertos, sino de vivos, pues para Él todos viven” (Lucas 20,38).