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Guíon para la radio

  •   Domingo Febrero 05 de 2017
  •   Guión para la Radio
  •    José Martínez De Toda, S.J.

“Vds. son la luz del mundo” (Mt 5, 13-16)

Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes) .

El Evangelio del domingo de hoy nos habla de que debemos ser eficientes, influir en los demás, debemos ser proactivos, que de alguna forma se debe notar nuestra presencia como cristianos.

¿A qué nos compara Jesús? Escuchemos sus palabras.

Lectura del santo evangelio según San Lucas (Mt 5, 13-16)

NARRADOR/A – En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos:

JESÚS – Vds. son la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán? No sirve más que para echarla fuera y que la pise la gente.

Vds. son la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte. Tampoco se enciende una vela para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.

Alumbre así su luz a los hombres para que vean sus buenas obras y den gloria a su Padre que está en el cielo.

Pregunta 1 – ¿Cómo ser más eficientes? ¿Cómo influir en los demás?

Estamos en la cultura de la eficiencia.

<Una vez había que romper una viga de hierro muy dura. Y dijo el hacha:

-"Yo haré el trabajo". Y comenzó a golpear con fuerza el hierro, pero a cada golpe que daba, su filo se iba dañando hasta que quedó sin nada de él.

- "Déjame a mi", dijo la sierra. Y comenzó a trabajar la superficie del hierro hasta que sus dientes se gastaron y se rompieron. Y se dio por vencida.

- “Ah”, dijo el martillo, “ya sabía yo que no lo iban a conseguir. Mírenme a mí”. Y después del primer golpe, el martillo voló por el aire y la viga de hierro seguía igual.

- "¿Me dejan intentarlo?", preguntó tímidamente la llama de fuego.

- "Ni lo intentes", le contestaron el martillo, la sierra y el hacha. "¿Qué puedes hacer tú?"

Pero la llama rodeó el hierro, lo abrazó, lo calentó y no lo dejó hasta que se fundió bajo su influencia poderosa. La persistencia de la pequeña llama rompió la viga de hierro.> (Félix Jiménez, Escolapio)

Así ocurre también con la gota de agua. Una detrás de otra es capaz de perforar una roca. Y “caen más moscas en una cucharada de miel que en un tonel de vinagre” (S. Francisco de Sales).

Jesús utiliza otra comparación: “Vds. son la sal de la tierra y la luz del mundo”

Pregunta 2 – ¿Por qué nos llama Jesús “sal de la tierra".

En esta gran olla, que es nuestro mundo, hay toda clase de ingredientes: droga, violencia, abuso sexual, explotación, esclavitud, avaricia, escándalos…

Y el Señor nos dice: “Ustedes son la sal” . La sal sirve para preservar los alimentos, la sal es fuente de vida. Da sabor a la comida, la preserva. La sal no es egoísta, se diluye, no se ve, es simplemente para los demás.

La sal se parece a los lentes en que ambos son pequeños, pero su utilidad es muy grande.

Esta es nuestra misión: ser sal, dar sabor a esta enorme olla, dar el sabor del bien, del servicio, de la generosidad, del evangelio, de la cruz de Cristo y de su resurrección; preservar nuestro ambiente, nuestro barrio, nuestra comunidad para que no se corrompa, para que la vida florezca, para que la paz y la justicia sean para todos, para que la salvación de Cristo llegue a todos, para que el mal y el maligno no triunfen.

La sal es la metáfora perfecta para el pueblo de Dios, pues debe actuar como factor activo de preservación y debe clamar al mundo para que obedezca las indicaciones de Dios. No podemos aislarnos y dividirnos en grupos, a quienes el mundo no presta atención. Debemos ser una fuerza organizada y hacernos sentir. Unidos podemos más.

Pregunta 3 – ¿Por qué nos llama Jesús ‘luz del mundo’?

Dios es nuestra luz (1 Jn 1,5). Jesús nos dice: “Yo soy la luz del mundo”

Pero añade que nosotros también somos ‘luz del mundo’, ciertamente no por méritos propios, sino por la luz que nos da Cristo. Nuestra luz viene de nuestra relación con Cristo. Nuestra luz no es nuestra, sino es el reflejo de la luz de Jesús. Como la luna, que no tiene luz propia, sino que refleja la del sol.

Dios habita en nosotros en la medida en que somos luz para nuestros hermanos; si andamos en la compañía del Señor, la luz se irradiará.

El tiempo de Jesús en la tierra era limitado, y ésta era demasiado grande para Él como hombre. Por eso encarga a sus discípulos que iluminen el mundo.

Cristo quiere que cada uno de nosotros sea una luz – unos más pequeños otros más grandes, pero todos brillando – ¡mil puntos de luz – un cielo estrellado! Si cada cristiano encendiera su luz, el mundo sería muy diferente. Cristo quiere que vayamos a sembrar e irradiar luz.

Pregunta 4 – ¿Qué podemos iluminar?

El pueblo, la familia, la educación, la política, la economía, el arte, la ciencia, la formación de criterios de vida y de acción, la justicia, la libertad...

En la vida humana hay valores importantes por los cuales luchar y comprometernos:

En un mundo de tinieblas estamos llamados a trabajar por el triunfo de la luz, desde las pequeñas actividades de cada día.

La luz es también símbolo del conocimiento intelectual

No podemos ser invisibles. Dice Jesús:

“No se enciende una lámpara para dejarla escondida, sino que se pone sobre el candelero, para que alumbre a todos los que están en casa” (v. 15).

Pregunta 5 – ¿Cómo podemos llegar a ser ‘luz del mundo’?

A través del testimonio. Dice Jesús: “Así alumbre la luz de Ustedes, para que vean sus buenas obras, y glorifiquen a su Padre que está en los cielos” (v. 16).

Jesús nos pide no sólo hablar de Él, sino sobre todo dar testimonio, ser testigo de Él, que vean nuestras buenas obras de servir a los demás.

San Ignacio de Antioquía escribió en una de sus cartas: "Así como el árbol se conoce por sus frutos, así también los que se llaman cristianos se conocen por lo que hacen.

El servicio, acompañado del sacrificio, acerca a la gente más a Cristo.

La Madre Teresa de Calcuta es un ejemplo perfecto, pero toda comunidad tiene sus santos dedicados a servir silenciosa y poderosamente a los necesitados. Los santos, de verdad, son la luz del mundo.

Si nos amamos los unos a los otros, nuestro amor se manifestará en obras de caridad.

Pregunta 6 – ¿Cuáles son las fuentes de la luz?

Dios nos ofrece dos fuentes de luz: La Palabra y la Eucaristía. Dice el Salmo 119:

- “Tu Palabra es una lámpara para mis pasos, luz en mi sendero” (Sal 119, 105).

- Y en la Eucaristía podemos encontrar toda la luz que necesitamos para nuestra vida.

Pregunta 7 – ¿Basta con iluminar?

Debemos ser no sólo luz, sino llama que calienta y cambia el mundo,

Debemos ser termostatos, no simplemente termómetros.

<El termómetro refleja sólo la temperatura del ambiente frío o caliente, no influye en ella. En cambio, el termostato tiene poder, energía. Controla y regula la temperatura. Influye en su entorno.>

Eso debemos ser nosotros: un fuego que enciende otros fuegos.

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Ahí está la Eucaristía, en la que recibimos la luz por excelencia: Jesús. La luz está íntimamente ligada con la vida: el parto "es dar a luz”. Jesús se hizo la luz que nos permitió ver al Padre, invitándonos a nosotros a irradiarlo. Le pedimos a Jesús que nos ayude a ser luz del mundo y sal de la tierra.