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Pistas para la homilía

  •   Domingo Marzo 05 de 2017
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

Frente a las tentaciones no hay respuestas intermedias

Lecturas:

Génesis 2, 7-9; 3, 1-7
Carta de san Pablo a los Romanos 5, 12-19
Mateo 4, 1-11

La liturgia de este domingo marca el comienzo de la Cuaresma. Quedan atrás los excesos del Carnaval, que se celebra en muchas ciudades. Este periodo de la Cuaresma, palabra que significa cuarenta días, es una invitación para prepararnos interiormente a la conmemoración de la Pascua del Señor. Recordemos que el número cuarenta (40) tiene un hondo significado en la Biblia: durante 40 años peregrinó el pueblo de Israel por el desierto antes de llegar a la tierra prometida; durante 40 días Jesús se preparó, con ayuno y oración, antes de iniciar su ministerio apostólico. Por eso el tiempo litúrgico de la Cuaresma es una invitación a prepararnos interiormente para celebrar los grandes misterios de la redención: la pasión, muerte y resurrección del Señor.

En este clima de reflexión, las lecturas de este domingo tienen, como hilo conductor, la tentación. Esta temática se desarrolla en dos escenarios: la tentación de la primera pareja, y las tentaciones de Jesús en el desierto.

Antes de entrar en la particularidad de cada uno de estos relatos, vale la pena hacer algunas consideraciones generales. Así como no podemos caminar bajo los rayos del sol separándonos de nuestra propia sombra, de la misma manera la libertad humana camina inseparablemente unidad a la tentación, es decir, siempre está abierta la posibilidad de decir NO al plan de Dios.

Los invito a detenernos en el relato del Génesis que está escrito en un lenguaje que estimula los sentidos. Sus ricas imágenes están inspiradas en la literatura oriental. Después de observar las coloridas imágenes de esta composición, los invito a escuchar los diálogos que sostienen los actores del relato. Pongamos atención a la motivación con que abre su conversación la serpiente: “¿Cómo es que Dios les ha dicho: No coman de ninguno de los árboles del jardín?” Con gran sutileza, la serpiente desafía el orgullo de Eva; y Eva cae en la trampa. Desde entonces, los seres humanos seguimos repitiendo el mismo patrón de comportamiento, que podría calificarse de infantil. ¡Cuántas veces no hemos escuchado el mismo desafío: Usted no es capaz de eso! Y así los seres humanos acometemos iniciativas estúpidas para no quedar mal y satisfacer nuestro ego… La serpiente, astuta conocedora de las fragilidades de la libertad, echó mano de este argumento, y le resultó la estrategia. Eva sucumbió al reto.

Es muy interesante analizar la argumentación de la serpiente, que inteligentemente inocula su veneno sin que Eva, su interlocutora, pueda advertir el peligro. La serpiente no hace una propuesta descarada o burda, que dispare las alarmas. Con sutileza, la tentación se presenta como una oferta de valor. ¿Qué ofrece la serpiente?

“Se les abrirán los ojos”

“Serán como Dios, que conoce el bien y el mal”

Semejante propuesta deslumbra a Eva. Se trata de superar los límites que nos impone nuestra condición humana. Es la promesa de adquirir un conocimiento que nos dará acceso a todos los misterios del universo. Es la ilusión de una autonomía absoluta, que no debe rendir cuentas a un Ser Supremo. Aunque este relato del libro del Génesis fue escrito hace muchos siglos en un lenguaje que muchos considerarían arcaico, contiene una verdad que sigue vigente: la pretensión de la inteligencia humana de dominar los misterios de la vida, afirmar su señorío sobre los procesos físico-químicos y definir lo que es el bien y el mal desde la racionalidad científica y técnica.

Lo que los creyentes consideramos pecado no es otra cosa que la pretensión humana de trazarnos una hoja de ruta que responda a nuestras expectativas y ambiciones, prescindiendo del plan de Dios. Aquí nos encontramos con el misterio de la libertad, pues Dios nos dio la posibilidad de acoger o rechazar la invitación que nos hace Jesús en el Sermón de las Bienaventuranzas.

Al comienzo de nuestra meditación dominical decíamos que el tema de la tentación es el hilo conductor de los textos bíblicos de este domingo. Después de reflexionar sobre el simbolismo del relato del Génesis, vayamos a la escena que nos describe el evangelista Mateo, en la que aparece Jesús en el desierto. Él se retiró para dedicarse a la oración y al ayuno como una preparación para su ministerio apostólico.

En este escenario de soledad y silencio, el espíritu del mal hace a Jesús tres propuestas inaceptables:

“Si tú eres el Hijo de Dios, manda que estas piedras se conviertan en panes”
“Si eres el Hijo de Dios, lánzate al abismo”
“Si te postras y me adoras, te daré todo esto”

¿Qué tienen en común estas tres propuestas o tentaciones? Pretenden modificar el proyecto de vida de Jesús, diseñado sobre la total fidelidad a la voluntad del Padre. La tentación acompañó a Jesús hasta el final. Pedro, su hombre de confianza, pretendió disuadirlo de entregar su vida por nuestra salvación…

Es importante detenernos a reflexionar sobre la respuesta radical de Jesús frente a estas tentaciones. En este terreno no es posible hacer concesiones. No es posible ser más o menos fiel al plan de Dios. Se es fiel o infiel, sin posiciones intermedias.

Uno de los peores errores que podemos cometer en la vida es pretender conservar un equilibro entre el bien y el mal, entre los valores éticos y la deshonestidad. Por ejemplo, una persona casada o un sacerdote no pueden ser más o menos fieles a sus votos. Simplemente, se es fiel o infiel. Sin matices ni zonas grises. No se puede decir que seguimos siendo honestos, simplemente porque la comisión o mordida no fue excesivamente grande… ¡No! Se es honesto o se es corrupto. Sin matices.

Que estas sencillas reflexiones sobre el significado de la tentación nos ayuden a recorrer este camino de la Cuaresma que nos preparará para las celebraciones pascuales.