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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Abril 22 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Marcos 16:9-15, sábado, abril 22 de 2017

Cada evangelio tiene su manera peculiar de contar la vida de Jesús, sus enseñanzas, sus actos, su pasión, su muerte y por supuesto su resurrección. Esto no es de extrañar puesto que cada uno se recoge en diferente época de la vida de la comunidad creyente y se pone por escrito para alentar la fe de una comunidad específica. Se dice (una hipótesis creíble) que Marcos se dirige a la comunidad de Roma, Lucas a la de Atenas, Mateo a la de Antioquía y Juan a la de Efeso. El evangelio de Marcos presenta el seguimiento de Jesús como el seguimiento en la pasión. Presenta a Jesús como el discípulo ejemplar por lo cual se entiende que los otros discípulos queden cortos o ciegos para entender. Jesús es como una parábola (mashal en hebreo) del reinado de Dios que aclara las Escrituras, aunque el significado no es tan obvio para el lector y le exige dialogar con el texto, como quien hace unos ejercicios espirituales. No da respuestas directas sino que invita a la actitud orante y reflexiva del lector (más claro aún en Juan). Cuando a Jesús le preguntan sobre la resurrección de los muertos, con el ejemplo de la mujer que enviuda siete veces, responde que los resucitados son como ángeles y que Dios es un Dios de vivos porque aún los muertos (Abrahán, Isaac y Jacob) viven para él. La escena de la transfiguración es para algunos, por la similitud del lenguaje, una anticipación de la resurrección de Jesús y de transformación (metamorfosis) de los discípulos. La sanación de la hija de Jairo, de la hemorroísa y de la hija de la Sirofencia, sin que equivalgan a la resurrección de Jesús apuntan en tal dirección. Como bien lo dice Pablo y Juan en el diálogo con Marta, la resurrección no es un tema para el momento de la muerte sino para llenar de sentido la vida. El sentido de la vida de Jesús como parábola se enriquece si tenemos en cuenta que a través de ella Dios continúa revelando nuevos sentidos, porque las Escrituras interactúan con la historia y cada comunidad de fe tiene la oportunidad y el desafío de descubrir esta importancia mutua. Esto aparece más claro en Marcos y Mateo que en Lucas que presenta una revelación más fija y menos evolutiva.

El camino que sigue Marcos para que los discípulos lleguen a la resurrección de Jesús empieza por María Magdalena, pasa por los discípulos de Emaús y termina en la aparición a los once, pues los dos testimonios anteriores no habían sido creídos. María Magdalena, con la anotación de que de ella había salido siete demonios lo cual supone un problema o enfermedad seria (probablemente mental) es la que posibilita que no todo termine en la tumba. La aclaración de los siete demonios se origina en el evangelio de Lucas y aquí simplemente se repite. Difícilmente puede identificarse con la pecadora de la que habla el mismo Lucas sino más bien lo grave de una enfermedad funesta de la que Jesús la había curado. Son las leyendas medievales y algunas insinuaciones anteriores las que le adjudicarán los siete pecados capitales que es una sistematización del siglo IX. María Magdalena da la noticia de que Jesús está vivo. Pero también la primera negativa a aceptarlo por aquellos que se han quedado bloqueados por lo sucedido en Jerusalén. La aparición a los discípulos de Emaús implica ya (al menos en el relato de Lucas) un encontrar al Resucitado en una comida eucarística que vuelve a los discípulos testigos de la resurrección. Y vuelve a repetirse la incredulidad de los discípulos. Parecerían más reacios a creer que otros, con las ironías propias de este evangelio. La aparición a los once, preparada por las dos apariciones anteriores, se dirige inmediatamente hacia lo esencial del final de Marcos, recordando el reproche debido a la actitud de los once: «Reprendió su incredulidad y su dureza de corazón». A estos se apareció mientras estaban “a la mesa” que también puede tener un carácter eucarístico. Volvemos a la afirmación del Vaticano II que la Iglesia nace y se nutre de la Eucaristía. No es una mera afirmación piadosa sino que toca el sentido último de la Iglesia. Así, el lector del evangelio se sitúa ante una neta e inexorable alternativa subrayada por el reproche de Jesús. Exige esencialmente adhesión mediante la fe en que el Resucitado lo es porque vivió su vida como pasión. Esto es lo que resume el bautismo: ser insertados en la pasión y muerte de Jesús para ser como él resucitados. La expresión para describir la manera como se presenta Jesús es «bajo otra figura » (heteromorfa en griego) que nos recuerda la transfiguración. Puede interpretarse de dos formas: a) con las características de un viajero a la manera como a María se le aparece como jardinero; b) bajo un aspecto glorioso de rostro o vestidos relucientes contrastantes con los rasgos normales de su vida terrena. Los discípulos pasan por una gama de sentimientos. Antes de las apariciones, una situación de abatimiento, «estaban tristes y lloraban»; después de las apariciones relatadas por María Magdalena y sus dos compañeros su estado era de «incredulidad» que los llevaba a ser obstinados; luego serán enviados a predicar el evangelio a toda la creación. El Resucitado los hace salir a dar testimonio, como a María Magdalena y los discípulos de Emaús. Los mismos discípulos, pues, se forman y son convertidos dentro de la comunidad. Este es una verdad profunda del evangelio: Dios no obra sino a través de personas humanas y cuando obra internamente nos lanza hacia los demás. Nunca la experiencia religiosa me aísla. Como en otros comentarios se ha dicho, entre fe y comunidad la relación no es temporal como en la primacía del huevo o la gallina. El acento recae ahí en la incredulidad de los discípulos a quienes el Señor reprocha el no haber dado fe a quienes lo habían visto. Luego los mismos discípulos, compañeros de Jesús en los caminos de Palestina, también necesitaron de otros para madurar en su fe. La conversión es un proyecto de vida permanente para todos, como individuos y como comunidad. Es a la vez una amonestación a los creyentes que vendrán después que pueden juzgar su fe menos cimentada por estar alejada en el tiempo y el espacio de los discípulos y de Palestina. Esta parte final de Marcos falta en los manuscritos más antiguos y muchos Padres de la Iglesia la desconocen, pero es un resumen, a su estilo, de los relatos de las apariciones que relatan los otros Evangelios, especialmente los de Lucas y Juan. Los evangelios relatan los testimonios de quienes tuvieron entonces la experiencia Pascual. Pablo la tendrá muy tardíamente pero marca la pauta para la que debe experimentar todo creyente. Todos podemos relatar cuando el Resucitado se nos hizo el encontradizo y los rasgos serán bien diferentes a los relatados, pero su contenido será igual: el que murió en la cruz sigue vivo.