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Apuntes del Evangelio

  •   Domingo Abril 28 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.

Juan 6:1-15, viernes, abril 28 de 2017

Parábolas de banquetes, Jesús como comensal, acusaciones por comer con manos impuras, banquete celestial, invitados al banquete, banquete final de Pascua, comidas a la orilla del lago y en el camino de Emaús con el Resucitado, seis distribuciones de panes, discurso del pan de vida, pan y levadura, maná; son innumerables las ocasiones en que las enseñanzas de Jesús tienen que ver con comidas o al menos como los evangelios nos la transmitieron. La seis abundantes reparticiones de panes y peces se narran en los cuatro evangelios sustancialmente de la misma forma con variaciones no exentas de significado. Lucas y Juan la narran solamente una vez, mientras que Marcos y Mateo narra lo mismo dos veces. Según los comentaristas el relato básico es el de Marcos en donde una vez se reparte el pan a los judíos y otra a los gentiles. En el Pentateuco también hay dos escenas de caída del maná. En Juan no hay enseñanza precedente; Jesús se sienta en una montaña (tema frecuente por Moisés y el Sinaí) y estaba cerca la cena Pascual de los judíos. Sin que se lo pidan, Jesús se preocupa de la comida de los oyentes y pide a Felipe una sugerencia de cómo hacerlo. Sólo el relato de Juan habla de un joven (muchachito, pues está en diminutivo) que tiene unos panes que sólo Juan especifica que son de cebada, el pan de los pobres. También en relato de Elías que alimenta a cien hombres se hablaba de pan de cebada. El significado eucarístico es más que evidente y puede notarse en varios detalles: a) usa el verbo eujaristeo para “dar gracias” de dónde sale la palabra eucaristía; b) Jesús mismo distribuye el pan como en la última cena que Juan no narra en su evangelio; c) Jesús manda a los discípulos que recojan las sobras para que no se pierdan. Recoger es synago en griego de dónde se deriva “synaxis” o primera parte de la eucaristía. La palabra griega para fragmento (klasma) es el nombre técnico usado por la literatura cristiana para el pan eucarístico (hostia ). Como opinan algunos teólogos, no es propiamente que la Iglesia celebre la Eucaristía sino que la Iglesia es la Eucaristía. El Vaticano II en forma un poco más moderada afirma que la Iglesia nace y se nutre de la Eucaristía —tesis sostenida y defendida por el teólogo francés Henri de Lubac—. En Marcos los discípulos se alejan luego de la repartición primera de panes sin que se nos dé razón; en Juan se nos dice que la razón era que querían hacer a Jesús “rey”, algo reminiscente de las tentaciones en el desierto con volver pan la piedra y recibir los reinos de la tierra.

Pero la escena de los panes no surge como un rayo en cielo azul. Tiene antecedentes y consecuentes relacionados con el maná por parte de los judíos y con el pan de vida por parte de Jesús. Una nueva era mesiánica debía revivir el maná del desierto y aunque no esperaban pan del cielo pedían a Jesús un signo similar. Lo que no pudiera deducirse directa o indirectamente de las enseñanzas de Moisés no era aceptable para los judíos, así como lo que no pueda deducirse directo o indirectamente de las enseñanzas de Jesús no es aceptable para los cristianos. El diálogo con la Samaritana tiene un paralelo similar pues el pozo de Jacob habría sido la salvación de la tribu del patriarca y sus rebaños, pero Jesús se refiere a otro tipo de agua que calme eternamente la sed. Lo que Jesús va a tratar de hacer entender a los judíos (incluidos sus discípulos) es que hablar de comida y bebida en términos materiales es reducir o simplificar su sentido. Las necesidades biológicas en el ser humano son a la vez espirituales. Si el animal come y bebe para sobrevivir, el humano come y bebe por amor a sus hermanos y gratitud con Dios. Comer, para el judaísmo y para el islamismo, es un acto tan religioso como orar. Finalmente, Jesús mismo es la comida y la bebida, lo cual escandaliza a sus mismos discípulos. «Desde entonces muchos de sus discípulos se volvieron atrás y ya no andaban más con él. Jesús entonces preguntó a los doce: ¿Acaso también vosotros queréis iros?» (Jn 6:65-66). Algunos rasgos de los varios relatos de alimentación de la multitud los relacionan con la historia de Moisés. Así, se habla de “ovejas sin pastor” en Marcos que mueve a Jesús a alimentarlos. Moisés había orado en el desierto para que el pueblo no fuera rebaño sin pastor. En Marcos ambas reparticiones de panes son en el desierto que es precisamente donde el pueblo vaga perdido y tentado en el Exodo. En Juan se da luego de cruzar el lago como el maná luego de cruzar el Mar de las Cañas (Mar Rojo). Habría realmente en Jesús un signo escatológico o mesiánico similar al del maná a condición de aceptar a Jesús mismo como el nuevo maná, el nuevo y verdadero pan bajado del cielo. En los sinópticos las afirmaciones al respecto son más directas y escandalosas: esto es mi cuerpo, esta es mi sangre.

Desde el prólogo está Juan comparando lo que los judíos recibieron de Moisés con lo que se les ofrece en Jesús. «La ley fue dada por medio de Moisés; por Jesucristo vino la gracia y la verdad» (Jn 1:17). Por Moisés vino la ley (Torah ) y por Jesús la nueva ley «Un mandamiento nuevo os doy: que os améis los unos a los otros, que así os améis los unos a los otros como yo os he amado» (Jn 13:34). Jesús pasa pues, para los cristianos por asimilarse a Moisés, a la ley (sabiduría cristiana), al maná, al reinado de Dios, al mesías, al salvador, al hijo del hombre, al juicio definitivo, y muchas más categorías elaboradas por el judaísmo. Pero esto que parecía tan evidente para los creyentes no lo era para los judíos. Las variadas reparticiones de panes leídas como señales eucarísticas nos plantean el desafío de unir a la humanidad alrededor del banquete, de la comida. La necesidad que parece más básica en todos los seres vivos se convierte en la más significativa a nivel espiritual (menos básica) con una larga historia de frecuencia de su celebración, admisión o dimisión de ella, aceptación o rechazo de su teología inherente (a veces adherente), piedad individual o colectiva, necesidad universal o personal y en fin, la más antigua manera de expresar la fe en Jesucristo. Podríamos decir que la Iglesia será lo que sea su Eucaristía, la cual no puede desconocer los seis relatos de repartición de panes como componente evangélico de lo que ha de ser: multiplicar la generosidad. Como en otro comentario se decía los seis relatos de repartición de panes y peces nos dicen que cuando se comparte lo que se tiene (incluida por supuesto la fe) alcanza para todos y sobra. Hoy creemos que lo logra la tecnología pero vemos que ha fracasado.