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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Mayo 28 de 2017
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

“El que acepta mis mandamientos y los cumple, ese me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre. Yo también lo amaré y me manifestaré a él” (Juan 14, 21).


“El que acepta mis mandamientos y los cumple, ese me ama. Al que me ama a mí, lo amará mi Padre. Yo también lo amaré y me manifestaré a él” (Juan 14, 21).

Como el pastor de la parábola de Juan 1, Jesús nos da ejemplo del amor al Padre, no sólo con el afecto y cariño, sino con las obras. Hay personas que buscan de todos modos servir a los demás en este campo de la ecología.

Por ejemplo, en el centro mismo de Bogotá existe una huerta que acoge a personas con síndrome Down y la hace sentirse útiles, contra lo que creían sus familias antes. Allí cultivan lechugas, lulos, fresas y otros productos sanos. Aprovechan los residuos orgánicos de 14 restaurantes de la Candelaria, que los donan y ya reconocen a los jóvenes del proyecto.

Están apoyados por la Fundación Huertolaria, creada por una señora alemana, recién llegada al país y que dedica su vida a este bello servicio. Este ejemplo extraordinario se suma a las 319 huertas caseras y comunitarias que existen, según el Jardín Botánico en Bogotá, que les presta asesoría para su labor.

El Papa Francisco nos invita a imitar a Cristo, que nos manda cuidar la Casa Común: “Jesús vivía en armonía plena con la creación, y los demás se asombraban…no aparecía como un asceta separado del mundo o enemigo de las cosas agradables de la vida” (nr, 98).

En contraste con tantos preciosos ejemplos de personas que están cuidando la Casa Común, aparece lo que vemos en el documental de Dannoritzer “Comprar, tirar, comprar: historia secreta de la obsolescencia programada”. La autora presenta un elocuente panorama en torno a la irracionalidad del progreso indefinido, en que la que se encuentra sumergida nuestra cultura postmoderna.

Con innumerables testimonios de luchadores sociales, la cineasta logra probar de manera impactante cómo nuestras sociedades se asientan en una ideología consumista absolutamente autodestructiva, que no sólo afecta nuestra psicología profunda y nuestro modo de estar en el mundo junto a la demás personas, sino que tiende a convertir el planeta en un basurero tóxico, bajo la excusa de un crecimiento y desarrollo económico.

Lástima que no presente también frases sobre mismas ideas y quejas, tomadas del Papa Francisco cuando en el capítulo primero de su encíclica LAUDATO SI, escribe sobre la Contaminación, basura y cultura del descarte (nr. 20).

Sea esta una invitación a leer y meditar esta encíclica que, entre otras cosas, pareciera escrita para nuestro país.