Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

El mensaje del domingo

  •   Domingo Mayo 28 de 2017
  •   El mensaje del Domingo
  •    Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J.

Los once discípulos se fueron a Galilea, al cerro que Jesús les había indicado. Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron, aunque algunos dudaban. Jesús se acercó a ellos y les dijo: —Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y e la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28, 16-20).


Los once discípulos se fueron a Galilea, al cerro que Jesús les había indicado. Y cuando vieron a Jesús, lo adoraron, aunque algunos dudaban. Jesús se acercó a ellos y les dijo: —Dios me ha dado toda autoridad en el cielo y e la tierra. Vayan, pues, a las gentes de todas las naciones, y háganlas mis discípulos; bautícenlas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, y enséñenles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes. Por mi parte, yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo (Mateo 28, 16-20).

1. La Ascensión del Señor

En la fiesta de la Ascensión del Señor, que la liturgia católica celebra 40 días después de su Resurrección o el domingo siguiente al cumplimiento de estos cuarenta días, las lecturas bíblicas [Hechos 1, 1-11; Salmo 47 (46); Efesios 1, 17-23; Mateo 28, 16-20] se relacionan con lo que decimos en el Credo: que Jesús, el Hijo de Dios hecho hombre, después de su pasión, muerte y resurrección, “subió al cielo y está sentado a la derecha de Dios Padre”.

Hay que entender en un sentido espiritual esta expresión de la fe cristiana. No se trata de la subida física y espectacular a las alturas de un superhéroe como los de las historietas, el cine y la televisión, sino de un misterio que consiste en la exaltación o glorificación de Jesucristo, quien como nos dice san Pablo en la segunda lectura, después de haber descendido a la condición de los muertos fue resucitado por Dios Padre para hacerlo en su naturaleza humana plenamente partícipe de la gloria divina.

Y esto es precisamente lo que significa que nuestro Señor Jesucristo “está sentado a su derecha en el cielo”. No quiere esto decir que Él esté físicamente así, sino que se trata de una imagen simbólica tomada de la costumbre que en aquella época tenían los reyes de hacer subir y situar a la derecha del trono a quien se había distinguido por el cumplimiento cabal de la misión que le había sido encomendada.

2. “¿Qué hacen ustedes ahí plantados mirando al cielo?”

Del relato de los Hechos de los Apóstoles podemos destacar la pregunta hecha al final a los discípulos de Jesús: “¿Qué hacen ustedes ahí plantados mirando al cielo?” Esta pregunta se dirige hoy a quienes se quedan plantados en una religiosidad estática y paralizante que, por quedarse mirando para arriba sin tomar conciencia de los problemas de la tierra, no lleva a la acción comprometida con la construcción de una sociedad acorde con lo Él enseñó.

Se trata de una invitación a que nos pongamos en marcha, con una esperanza activa y por lo mismo con los pies en la tierra, disponiéndonos a colaborar activamente en la misión que Cristo resucitado les dio a sus primeros discípulos, y que también nos da a quienes hemos sido bautizados en la fe cristiana: “enséñenles a obedecer lo que les he mandado”.

3. Comunicar esperanza y confianza

Este domingo de la Ascensión del Señor, en el que se nos invita a renovar la esperanza a partir de la fe, celebra también la Iglesia Católica la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, establecida a partir del Concilio Vaticano II para promover los valores éticos en el uso de los medios modernos de comunicación. Cada año la Santa Sede señala para esta Jornada Mundial un tema específico, desarrollado en un breve mensaje. Para el 2017, el Mensaje del Papa Francisco para la quincuagésima primera (51ª) Jornada lleva por título “Comunicar esperanza y confianza en nuestros tiempos”, y dice lo siguiente al enunciar el propósito de su reflexión:

«Quisiera exhortar a todos a una comunicación constructiva que, rechazando los prejuicios contra los demás, fomente una cultura del encuentro que ayude a mirar la realidad con auténtica confianza. Creo que es necesario romper el círculo vicioso de la angustia y frenar la espiral del miedo, fruto de esa costumbre de centrarse en las «malas noticias» (guerras, terrorismo, escándalos y cualquier tipo de frustración en el acontecer humano). Ciertamente, no se trata de favorecer una desinformación en la que se ignore el drama del sufrimiento, ni de caer en un optimismo ingenuo que no se deja afectar por el escándalo del mal. Quisiera, por el contrario, que todos tratemos de superar ese sentimiento de disgusto y de resignación que con frecuencia se apodera de nosotros, arrojándonos en la apatía, generando miedos o dándonos la impresión de que no se puede frenar el mal.

Además, en un sistema comunicativo donde reina la lógica según la cual para que una noticia sea buena ha de causar un impacto, y donde fácilmente se hace espectáculo del drama del dolor y del misterio del mal, se puede caer en la tentación de adormecer la propia conciencia o de caer en la desesperación. Por lo tanto, quisiera contribuir a la búsqueda de un estilo comunicativo abierto y creativo, que no dé todo el protagonismo al mal, sino que trate de mostrar las posibles soluciones, favoreciendo una actitud activa y responsable en las personas a las cuales va dirigida la noticia. Invito a todos a ofrecer a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo narraciones marcadas por la lógica de la “buena noticia”».

Que el Señor nos ayude, pues, a emplear los medios de comunicación, especialmente en el uso de las redes sociales, no para destruir sino para construir; no para amedrentar sino para confortar; no para comunicar pesimismo y desesperación, sino confianza y esperanza.