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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Enero 04 de 2017
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

Nos afirma el evangelio del día de hoy: “Después de saludarlos les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de gozo al ver al Señor. Él les volvió a decir: La paz esté con ustedes. Así como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes” (Juan 20, 21 y22)


Nos afirma el evangelio del día de hoy: “Después de saludarlos les mostró las manos y el costado. Los discípulos se llenaron de gozo al ver al Señor. Él les volvió a decir: La paz esté con ustedes. Así como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes” (Juan 20, 21 y22)

La lectura del libro de los Hechos nos aclara más este envío de Jesús al darles el Espíritu Santo, prometido ya desde antes. En Jerusalén lo esperaban los discípulos junto con María, la madre de Jesús (Hech. 1,14). Y dice Lucas después, en el capítulo 2, que cuando llegó el día de Pentecostés estaban reunidos en un mismo lugar... se les aparecieron unas lenguas como de fuego… y quedaron llenos del Espíritu.

Y añade que la gente quedaba admirada cuando los oían hablar las maravillas de Dios en sus propios idiomas. Sucedió lo contrario a lo que pasó en la torre de Babel. Aquí les dio un corazón nuevo y les comunicó sus dones.

Desde entonces la acción del Espíritu se manifiesta porque hace surgir todo tipo de movimientos apostólicos y comunidades eclesiales o equipos que están luchando por la conservación de la Creación. Y en concreto para que imitemos el actuar del Espíritu Santo, buscando hablar un mismo idioma y tener unas mismas actitudes en cuanto al cuidado de la Casa Común.

Esta misión la está cumpliendo admirablemente el Papa Francisco, quien a su vez nos presenta a una persona que recibió y aprovechó al máximo los dones del Espíritu, San Francisco de Asís. De él dice: “Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo” (Laudato Si, n.10).

Entre los muchos dones del Espíritu están el gozo y la paz, a los cuales dicha encíclica dedica varios números. Citemos uno: “La espiritualidad cristiana propone un crecimiento con sobriedad y una capacidad de gozar con poco. Es un retorno a la simplicidad que nos permite detenernos a valorar lo que tenemos, agradecer las posibilidades que ofrece la vida sin apegarnos a lo que tenemos ni entristecernos por lo que no poseemos” (L. S.,n. 222).

Hablemos también de un don de Dios, que de algún modo podemos afirmar, el Espíritu Santo está inspirando a muchas personas a defenderlo, pues ha sido el origen de la violencia en nuestro país: la propiedad de la tierra. El Papa cita a los obispos de Paraguay cuando dicen: “Todo campesino tiene derecho natural a poseer un lote racional de tierra donde pueda establecer su hogar, trabajar para la subsistencia de su familia y tener una seguridad existencial” (L. S., n.94).

Pidamos al Señor, que cuando el presidente Trump, lea esta encíclica que el Papa le regaló en su visita al Vaticano, comprenda los errores que está cometiendo en su mandato.