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Pistas para la homilía

  •   Domingo Enero 04 de 2017
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.

En este día celebramos la comunicación del Espíritu Santo a la comunidad apostólica, reunida alrededor de María. Es el comienzo de la historia de la Iglesia, que continúa la obra de Jesucristo, su fundador. Aunque la liturgia celebra tres fiestas diferentes (Resurrección, Ascensión y Pentecostés), se trata de un único misterio, que es el triunfo del Señor sobre la muerte y el pecado, su exaltación como Señor del universo y la venida del Espíritu Santo. Empieza a escribirse un nuevo capítulo de la historia de la salvación, la Alianza nueva y eterna, establecida, no ya con un pueblo particular, sino con la humanidad.


Dóciles a la acción del Espíritu Santo

Lecturas:

Hechos de los Apóstoles 2, 1-11
I Carta a los Corintios 12, 3b-7. 12-13
Juan 20, 19-23

En este día celebramos la comunicación del Espíritu Santo a la comunidad apostólica, reunida alrededor de María. Es el comienzo de la historia de la Iglesia, que continúa la obra de Jesucristo, su fundador. Aunque la liturgia celebra tres fiestas diferentes (Resurrección, Ascensión y Pentecostés), se trata de un único misterio, que es el triunfo del Señor sobre la muerte y el pecado, su exaltación como Señor del universo y la venida del Espíritu Santo. Empieza a escribirse un nuevo capítulo de la historia de la salvación, la Alianza nueva y eterna, establecida, no ya con un pueblo particular, sino con la humanidad.

Las lecturas de este domingo nos comunican, desde ángulos complementarios, el significado de la experiencia de Pentecostés. Los invito a acercarnos a este misterio, que marca el comienzo de la Iglesia como comunidad evangelizadora, llevados de la mano por estos autores del Nuevo Testamento.

¿Qué elementos encontramos en la descripción de los Hechos de los Apóstoles? Al leer este pasaje, nos llaman la atención dos elementos: la escenografía y el don de lenguas:

El texto nos presenta un escenario constituido por elementos auditivos y visuales: “De repente se oyó un gran ruido, como cuando sopla un viento fuerte, que resonó por toda la casa donde se encontraban. Entonces aparecieron lenguas de fuego, que se distribuyeron y se posaron sobre ellos”. Estas experiencias sensoriales (ruido, viento, fuego) pertenecen al género literario de las teofanías o manifestaciones particularmente solemnes del poder de Dios.

El texto da gran importancia al don de lenguas: “Al oír el ruido, acudieron en masa y quedaron desconcertados, porque cada uno los oía hablar en su propio idioma”. ¿Qué nos dice a los bautizados de hoy el don de lenguas? La semilla del Evangelio ha fructificado en culturas muy diversas. Esa diversidad, que es de una riqueza infinita, entraña el reto de la comunión. Debemos hablar el lenguaje común del amor y la misericordia. La Iglesia universal se realiza en las Iglesias particulares. Cuando hacemos referencia a la naturaleza católica de la Iglesia expresamos, simultáneamente, su enorme diversidad y su unidad. El lenguaje común del amor y la misericordia nos permite vivir el misterio trinitario pues Dios es trino y es uno, tres Personas distintas y un solo Dios verdadero. De manera análoga, la Iglesia, como sacramento de salvación, es comunidad y es unidad.

San Pablo, en su I Carta a los Corintios, profundiza en este binomio diversidad – unidad, y lo hace de manera elocuente: “Hay diferentes dones, pero el Espíritu es el mismo. Hay diferentes servicios, pero el Señor es el mismo. Hay diferentes actividades, pero Dios, que hace todo en todos, es el mismo”.

Este texto reviste la mayor importancia porque hace manifiesta la diversidad de carismas y vocaciones dentro de la Iglesia. El dinamismo infinito del Espíritu Santo inspira, en los bautizados, múltiples respuestas y modalidades de servicio.

Esta afirmación de san Pablo nos ayuda a comprender que la Iglesia es, simultáneamente, institucional y carismática. No se puede subrayar unilateralmente uno de estos aspectos, eclipsando o subordinando el otro. La institucionalidad hace referencia a la jerarquía, dogmas, magisterio, liturgia, normas, etc.; y cuando hablamos de la Iglesia carismática valoramos la acción del Espíritu Santo que actúa en la infinidad de grupos eclesiales que constituyen el tejido del pueblo de Dios que peregrina, respondiendo a situaciones y desafíos particulares. No puede haber contradicción entre estas dos dimensiones de la Iglesia, la institucional y la carismática, porque tienen una fuente común, que es la acción del Espíritu Santo.

En el acompañamiento pastoral a los individuos y a las comunidades hay que favorecer el ambiente propicio para que se manifiesten y fortalezcan estas vocaciones especiales. En este contexto de la diversidad de carismas y vocaciones, hay que hacer un llamado de atención para que los laicos tengan un pleno reconocimiento en la vida de la Iglesia, como lo pidió hace medio siglo el Concilio Vaticano II, y asuman el protagonismo que les corresponde en las comunidades.

Finalmente, exploremos el texto del evangelista Juan sobre Pentecostés. Este relato subraya dos aspectos: la misión y el ministerio de la reconciliación:

Las palabras son contundentes: “Como el Padre me ha enviado, así también los envío yo”. Los bautizados somos continuadores de la misión de Jesucristo, que instauró un orden nuevo. El Señor nos confía la tarea de sembrar las semillas de la fe, la esperanza y el amor mediante nuestro testimonio, las palabras que pronunciemos y las acciones de solidaridad y misericordia con los necesitados.

El segundo aspecto que llama la atención en este relato es el ministerio de la reconciliación: “Reciban el Espíritu Santo. A los que les perdonen los pecados, les quedarán perdonados; y a los que no se los perdonen, les quedarán sin perdón”. Los seres humanos somos portadores de profundas heridas. Por decisiones equivocadas de nuestra libertad nos hemos causado daño a nosotros mismos y a nuestros hermanos, no hemos sido administradores responsables de nuestra casa común y hemos desoído las mociones del Espíritu Santo, que nos muestran el camino hacia el Padre de todos. Jesús confía a sus Apóstoles, y a los que vendrán después de ellos, esta hermosa tarea de sanar, perdonar, reconciliar.

En esta fiesta de Pentecostés abramos nuestros corazones a la acción del Espíritu Santo; pidamos que se realice una profunda renovación en la vida de la Iglesia, liderada por el papa Francisco, quien nos invita a seguir las huellas de Jesús en una auténtica vocación de servicio.