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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Junio 18 de 2017
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

La revista Semana sacó en la edición de la semana pasada una separata sumamente ilustrada y bien presentada, con muy serios artículos, todos defendiendo la minería legal. Pero no mencionaron un dato importante. A la minería ilegal el gobierno y el ejército la pueden combatir y si es el caso acabarla. Pero si es “legal”, les queda muy difícil, así estén produciendo grandes daños en el medio ambiente.


La revista Semana sacó en la edición de la semana pasada una separata sumamente ilustrada y bien presentada, con muy serios artículos, todos defendiendo la minería legal. Pero no mencionaron un dato importante. A la minería ilegal el gobierno y el ejército la pueden combatir y si es el caso acabarla. Pero si es “legal”, les queda muy difícil, así estén produciendo grandes daños en el medio ambiente.

Estos daños son, de manera inmediata, la deforestación y la contaminación de las aguas, con perjuicio en especial, de las comunidades campesinas, que por eso mismo se han levantado y en las consultas populares han tenido unos triunfos abrumadores.

A largo plazo en problema es mayor. Bastaría con regresar dentro de algunos años a esas tierras para llorar al encontrarlas convertidas en areneras. Tendría Dios que hacer un milagro semejante al que cita el Deuteronomio este domingo: “que en una tierra árida hizo brotar para ti agua de la roca más dura” (Dt. 8, 15).

Y como en este caso se trata, sobre todo de grandes capitales de empresas extranjeras, que apenas dejan algunos dólares en el país, no se ve posible este milagro…

Pero pasemos ahora a otras citas que tienen relación con nuestros hermanos campesinos, cultivadores del pan y vino.

“El pan es uno, y así nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque todos comemos del mismo pan” (Cor. 10,17).

“Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él” (Juan 6, 56)

“Este es el pan que ha bajado del cielo, no es como el maná que comieron sus padres, pues murieron. El que come de este pan vivirá para siempre” (Juan 6, 58).

Después de gustar de estas promesas del Salvador que nos ofrece dar su vida por nosotros y, sobre todo, darnos la Vida Eterna, dediquemos unos momentos a quienes tienen el duro trabajo de producir el trigo y el vino, nuestros hermanos campesinos.

Qué dura es la vida de estos hermanos del campo, tan amenazados incluso ahora por las guerrillas y por los paramilitares. Sea esta una invitación a orar por las personas, que por motivos tan poco claros, como los de defender sus latifundios, se oponen a la Paz del país.

Pidamos que en esta fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, reflexionen y no se opongan a que nos llegue la Paz a todos, a los que vivimos en las ciudades y a los campesinos.