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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Julio 02 de 2017
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.

El evangelio de hoy nos pide algo que a primera vista parece duro, pero pensándolo bien no podría ser de otra manera. Es saber tener prioridades en la vida. Primero Dios, luego la familia, por muy querida que esta sea para nosotros: “ El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí” (Mt. 10, 37).


El evangelio de hoy nos pide algo que a primera vista parece duro, pero pensándolo bien no podría ser de otra manera. Es saber tener prioridades en la vida. Primero Dios, luego la familia, por muy querida que esta sea para nosotros: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí” (Mt. 10, 37).

Es triste considerar cómo muchas personas e instituciones colocan, por encima de las personas, de los seres humanos, el dinero y las ganancias fáciles. De alguna manera también por encima de los seres queridos y del mismo Dios.

En el fondo es lo que nos afirma la encíclica LAUDATO SI: “Llama la atención la debilidad de la reacción política internacional. El sometimiento de la política ante la tecnología y las finanzas se muestra en el fracaso de las Cumbres mundiales sobre el medio ambiente” (L.S., nr. 54).

Sabemos de sobra la posición de USA, con su presidente, en la última reunión de París. Y no es fácil hacer un recuento de cómo esta ha sido la política de muchos países, incluso pobres, en este caso. Eso misma ha sido la posición de las grandes empresas mineras en todo el mundo. Primero los dólares, después las comunidades humanas.

La razón es obvia de por qué prevalece el amor al dinero y a las ganancias, frente a las personas y comunidades, en especial si se trata de países pobres: Hay demasiados intereses particulares y muy fácilmente el interés económico llega a prevalecer sobre el bien común y a manipular la información para no ver afectados lo sus proyecto” (L. C. , n.54).

Se volvemos a la frase del evangelio de hoy: “El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a su hijo o a su hija más que a mí, no es digno de mí” (Mt. 10, 37), vemos que la frase de Nuestro Señor suena también así: el que ama a su dinero o a su empresa, más que a mí, no es digno de mí.

Nuestras prioridades debieran ser: Primero Dios, luego el hermano y después los bienes terrenos. El Papa Francisco nos describe a San Francisco de Asís como “un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo” (L.S., n,10).