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Aporte Ecológico a la homilía del domingo

  •   Domingo Julio 23 de 2017
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.
  •    Ordinario

La semana pasada meditamos la parábola del sembrador. Recordemos la forma como Jesús le habló a su gente con una bella parábola y los invitó a seguirle. Mateo continúa hoy en este capítulo 13, explicando por medio de otras parábolas de tipo ecológico, qué se entiende por el Reino de Dios.


El Reino de los cielos se parece a…

Lecturas:

  • Libro de la Sabiduría 12, 13. 16-19
  • Carta de san Pablo a los Romanos 8, 26-27
  • Mateo 13, 24-43

La presencia de Jesucristo, en medio de nosotros, significa una nueva creación, pues triunfa la gracia sobre el pecado, y la vida sobre la muerte. El escenario de las relaciones entre Dios y la humanidad cambia totalmente. Jesús utiliza la expresión Reino de los cielos para significar esta novedad. Pero, ¿cómo explicar la radicalidad de esta transformación? Jesús, sabio pedagogo, es capaz de expresar los misterios más hondos de manera sencilla. Por eso habla en parábolas; el evangelista Mateo nos lo recuerda: “Jesús decía a la muchedumbre todas estas cosas en parábolas, y sin parábolas nada les decía”.

En el texto evangélico que acabamos de escuchar, Jesús explica el significado de este orden nuevo, el Reino de los cielos, a través de tres imágenes tomadas de la vida cotidiana: Dos de ellas, provienen de la vida campesina (el trigo y la cizaña, la semilla de mostaza); y la otra pertenece a la vida doméstica (la levadura que se utiliza para hacer el pan). Jesús sabe armonizar la profundidad y la sencillez, acomodándose a los referentes culturales de sus interlocutores. Los invito, pues, a recorrer estos breves relatos para descubrir los tesoros que Jesús pone a nuestro alcance.

Primera parábola: El trigo y la cizaña. Esta parábola nos invita a reflexionar sobre la coexistencia del bien y el mal, de los valores y los antivalores, de la generosidad y el egoísmo, de la ternura y la crueldad. Todos los días constatamos esta dolorosa tensión, que se expresa en el entorno social y dentro de cada uno de nosotros.

¿Cómo se explica esto? En el lenguaje campesino del relato evangélico se afirma que “mientras los trabajadores dormían, llegó un enemigo del dueño, sembró cizaña entre el trigo y se marchó”. Es la presencia del pecado, que tiene raíces muy hondas en el corazón humano. Es estremecedor el poder de la libertad humana para construir y también para destruir; podemos acoger el llamado de Dios, o podemos darle la espalda para tratar de sacar adelante nuestro propio proyecto.

¿Cómo reacciona el dueño de este cultivo al descubrir la presencia de la cizaña? Con paciencia. Rechaza la propuesta radical que le hicieron sus trabajadores: “¿Quieres que vayamos a arrancarla?”, y prefiere esperar el momento de la cosecha. Esta actitud del agricultor es expresada, con gran profundidad teológica, en la primera lectura, tomada del libro de la Sabiduría, donde se habla de la misericordia de Dios: “Siendo tú el dueño de la fuerza, juzgas con misericordia y nos gobiernas con delicadeza”.

Esta parábola del trigo y la cizaña nos ilustra sobre la tensión entre la gracia y el pecado que está presente en los procesos sociales y en el interior de cada uno de nosotros. Jesucristo conoce esta realidad, y su amor es paciente y misericordioso.

Segunda parábola: La semilla de mostaza. El contraste entre la pequeñez de la semilla y la robustez del arbusto adulto hace referencia al enorme potencial de la semilla del anuncio del Reino, pequeñita al comienzo pero que ha transformado la marcha de la humanidad. La historia de la Iglesia es testimonio de esta realidad: la semilla del Reino fue sembrada en las mentes y corazones de un puñado de hombres simples que se ganaban la vida alrededor de un lago; y partiendo de este modesto comienzo, se ha diseminado a todos los continentes, está presente en culturas muy diferentes y ha dado espléndidos frutos de santidad a lo largo de los siglos.

Tercera parábola: La levadura para hacer el pan. Los catequistas y predicadores de todos los tiempos han utilizado esta imagen, tomada de la vida doméstica, para reflexionar sobre el impacto que el testimonio de vida de los creyentes debería tener en la sociedad.

Quienes hemos nacido y vivido en países mayoritariamente católicos, no hemos tomado en serio esta parábola de la levadura, porque la cultura tradicional estaba impregnada de los valores cristianos. Pero a medida que avanza la secularización de la cultura, y el laicismo se hace cada vez más militante, es necesario que profundicemos en este texto y lo pongamos en práctica. La formación religiosa y ética está desapareciendo de los planes de estudio de Colegios y Universidades, en nombre del pluralismo y de la multiculturalidad; las leyes sobre la familia y la protección de la vida en todas sus etapas se alejan cada vez de los valores anunciados por la Iglesia.

Al mismo tiempo que se produce este acelerado proceso de laicización, cada día nos sorprende un nuevo escándalo de corrupción. Este monstruo de mil cabezas está devorando los recursos destinados a la educación, a la salud y a la infraestructura. Las investigaciones se inician con bombos y platillos, pero, finalmente, nada sucede. Los corruptos disfrutan desvergonzadamente del fruto de sus delitos. La impunidad es muy alta y la tolerancia social guarda un silencio cómplice. ¿Dónde están los líderes que deberían ser la levadura de la masa social?

Ser levadura es dar testimonio de un modo diferente de actuar; es hacer evidentes unos valores frente a la permisividad que se ha extendido como mancha de aceite. Ser levadura es mostrar que se puede ser un profesional exitoso mediante la calidad de los servicios y no por caminos torcidos. Ser levadura es estar presentes en la gestión pública manejando con pulcritud los recursos del Estado; es hacer política pensando en el bien común y no en los intereses individuales o de grupo.

Estas tres parábolas del Reino de los cielos (el trigo y la cizaña, la semilla de mostaza y la levadura) nos invitan a reflexionar sobre la novedad que trae la presencia de Jesús en medio de nosotros – es una nueva creación – y cómo esa novedad debe transformar toda la actividad humana a través del testimonio de los bautizados.