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Guíon para la radio

  •   Domingo Julio 30 de 2017
  •   Guión para la Radio
  •    José Martínez De Toda, S.J.

El Evangelio del domingo de hoy nos habla de un tesoro escondido, por el que vale la pena gastar lo que sea por encontrarlo. ¿Cuál será? Escuchémoslo. Lectura del santo evangelio según San Mateo (Mt 13, 44-52)


Moderador/a: Buenos días. Estamos aquí en el Estudio… (Se presentan los participantes).
El Evangelio del domingo de hoy nos habla de un tesoro escondido, por el que vale la pena gastar lo que sea por encontrarlo. ¿Cuál será? Escuchémoslo. Lectura del santo evangelio según San Mateo (Mt 13, 44-52)

NARRADOR/A – En aquel tiempo dijo Jesús a la gente:

JESÚS – El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra, lo vuelve a esconder, y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas, que, al encontrar una de gran valor, vende todo lo que tiene y la compra.

Pregunta 1 – ¿Cómo elegir siempre lo mejor?

Lo importante es atrapar al bien supremo, que trae consigo todos los demás bienes. En este ejemplo, la gallina es el bien supremo, que atrae a los pollitos, que son las muchas cosas de la vida.

Pregunta 2 – ¿Cuál es ese bien supremo, que encontrado, atraerá todo lo demás?

El evangelio llama “Reino de los cielos” a este bien supremo, y de él dice Jesús: “Busquen primero el reino de Dios y su justicia, y lo demás lo recibirán por añadidura” (Mateo 6:33). “Reino de los cielos” es sinónimo de “reino de Dios.” Los judíos tenían miedo de usar mal la palabra Dios. Por eso Mateo usa la palabra cielos, para no tocar la palabra Dios por respeto a la santidad del nombre de Dios. El reino de Dios es el reino donde hay paz, amor, justicia, respeto… Todo eso reina en nuestros corazones, en nuestras vidas, en nuestras casas, en nuestra sociedad, en nuestro mundo… El que encuentra el reino de Dios encuentra todo lo deseable. Jesús lo compara a un tesoro escondido y a una perla fina de gran valor.

Pregunta 3 – ¿Qué hacían los antiguos con un tesoro escondido?

En tiempos antiguos era difícil guardar en lugar seguro las cosas de valor. No existían bancos seguros para cuidarlos.

Tampoco los podían guardar en sus casas, pues los bandoleros podían entrar en las pequeñas aldeas y saquearlas. Asimismo los soldados tenían libertad para tomar lo que necesitaran. Por eso muchos escondían su dinero y valores bajo tierra. Pero ese sistema de enterrarlos tampoco ofrecía garantías. Una persona podía morir de repente, llevándose a su tumba el secreto del lugar de su tesoro. Podía también ir de viaje pensando en volver, pero de hecho nunca volvía. Por eso, la ley rabínica judía proveía que estos tesoros escondidos pertenecían al que los encontrara. Asimismo en el mundo antiguo las perlas ocupaban un lugar muy especial en el corazón de los hombres. La gente deseaba poseer una bella perla, no sólo por su valor monetario, sino por su belleza también. Por eso, en las dos parábolas de hoy los actores venden todo lo que tienen para poder comprar aquel campo, donde hay un tesoro, o aquella perla especialmente fina.

Pregunta 4 – ¿Hay algún ejemplo en la Biblia de quien dejó de lado riquezas y poder por asegurar algo más importante?

Sí, Salomón, como nos cuenta hoy la Primera de las Lecturas (1 Reyes 3:11-13). Dios se le apareció en sueños y le dijo: -Pídeme lo que quieras.

Pregunta 5 – ¿Y qué le pidió a Dios?

El joven rey Salomón necesitaba en sus comienzas muchas cosas: riqueza, fuerza militar, fama, seguridad… y, por supuesto, prosperidad, felicidad, vida larga... Pero Salomón respondió: -“Te pido me concedas sabiduría de corazón para gobernar a tu pueblo y distinguir el bien y el mal, pues sin ella ¿quién sería capaz de gobernar a este pueblo tan numeroso?” Salomón no cayó en la trampa de peticiones egoístas: salud, dinero, amor... Pidió un corazón que supiera escuchar, una mente atenta a la mente de Dios, saber tomar decisiones que agraden a Dios, sabiduría para distinguir lo bueno de lo malo. Eligió vivir en armonía con la voluntad de Dios.

Pregunta 6 – ¿Y cómo reaccionó Dios?

Al Señor le agradó que Salomón hubiera pedido aquello, porque pidió precisamente lo que Dios quiere dar a sus hijos. Y Dios le concedió sabiduría y un corazón atento, y además le concedió lo que no había pedido: “riquezas y fama mayores que las de rey alguno”.

Pregunta 7 – ¿Qué hubieras pedido tú? Muchos responderán:

“La Lotería, la tarjeta Visa Oro, una casita junto al mar, un gran amor, no tener que usar ninguna pastilla ni azul ni rosa…” Para pedir bien necesitamos un sistema de valores sano y cristiano, y tener claras nuestras prioridades. Sólo desde la sabiduría de Dios nuestras prioridades serán justas.

Pregunta 8 – ¿Hay otros ejemplos de quienes hicieron algo parecido a lo que hizo este mercador y el otro hombre?

Así es. Los discípulos, que dejaron todo para seguir a Jesús (4:18-22; 19:27-30); También Pablo, que pensaba que todo lo demás era pura pérdida “comparado con conocer a Cristo Jesús” (Phil. 3:8). Pregunta 9 – ¿Qué podemos aprender de estas dos historias? Hay dos lecciones: La primera: que el Evangelio es exigente. Estas parábolas nos invitan no sólo a buscar primero el reino de Dios, sino a buscar sólo este reino. - La segunda es la alegría y prontitud con que los personajes se desprenden de todo por comprar el campo del tesoro y la perla fina.

Despedida

Les invitamos a la Misa, a la Eucaristía, sacramento del amor. Allí se nos presenta el Bien Supremo, el Reino de los cielos, que vale la pena conseguir por todos los medios. Es el reino de la paz y del amor con Jesús como compañero.