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La humanidad de Jesús

  •   Domingo Agosto 04 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.
  •    Ordinario

El cristianismo puede tipificarse como la religión en la cual la verdad básica es: Jesús es Dios. Es decir, en donde Jesús precede a la idea de Dios y no al contrario.


Para el judaísmo era inaceptable la afirmación porque Yahvéh era absolutamente trascendente a cualquier expresión humana: nombre impronunciable, representaciones prohibidas , solamente cognoscible por su palabra creadora. Dios nunca podía ser un humano, quien en el mejor de los casos podía ser su “siervo” (eved Yahvéh); ni siquiera su representante. Para los griegos, por el contrario, los dioses se mezclaban con los hombres, los ayudaban, les hacían pilatunas, los engañaban, les enseñaban; eran como super-hombres. Así que cuando el cristianismo debate con el judaísmo lo difícil era probar que Jesús fuera Dios, mientras que cuando debate con los griegos lo difícil era probar que era hombre. Estas dos etapas quedan marcadas por el concilio de Nicea (325) que define la humanidad y divinidad de Jesús en términos de filosofía griega. Antes de Nicea se esgrimen muchos argumentos y textos para defender la humanidad de Jesús. Era artesano como José su padre adoptivo. Jesús es concebido virginalmente y, a pesar de ello, es Hijo de David a través de José. Esto en tensión con: «El que cumple la voluntad de mi Padre que está en los cielos, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre» (Mt 12:50) en donde el padre no se cita.

Que Jesús fuera como uno de los profetas de Israel no presentaba objeción para los judíos; tampoco que fuera el mesías pues muchos alegaban serlo. Que fuera hijo de Dios rompía con la paternidad de Yahvéh quien era padre de todo el pueblo y de ninguno en particular. En el evangelio de Juan la paternidad de Dios no preexiste a la fe sino que nos hacemos hijos de Dios a la manera de Jesús. El hijo nos determina quién y cómo es el padre. En Pablo la fraternidad es más resaltada que la paternidad pues fue Jesucristo quien le reveló el evangelio; el que lo llamó por su gracia «se dignó revelar en mí a su Hijo para que lo anunciase a los gentiles» (Gal 1:16), de tal manera que Jesús sea el primogénito entre muchos hermanos (Rm 8:29). Por eso Pablo no tiene objeción ninguna en hablar de Santiago como hermano del Señor y de una manera global referirse a “los hermanos del Señor”; aunque jamás se dice que sean hijos de María. El tema de la familia de Jesús es acentuado antes de Nicea como prueba de su humanidad y los testimonios de Helvidio, Hegesipo, Tertuliano e Ireneo son favorables a la idea de verdaderos hermanos. Para Tertuliano personifica María la castidad absoluta antes de Jesús y la monogamia virtuosa luego. Jerónimo (posterior a Nicea) se inclina por la idea de primos de Jesús, aunque reconoce que la palabra usada es hermano, habiendo en griego una palabra para primo (nepsios). En el evangelio de hoy se dan los nombres de cuatro hermanos de Jesús: Santiago, José, Judas y Simón y se menciona a sus hermanas sin dar nombres. También son mencionados por Marcos cuando van en busca de Jesús y por Juan cuando piden a Jesús que vaya a la Pascua en Jerusalén. Las interpretaciones que se han dado pasan por hermanos biológicos ya mencionada; la de Jerónimo como primos, caso en el cual se habla de un matrimonio anterior de José como aparece en el evangelio apócrifo de Santiago. Ciertamente no es incompatible con los textos, pero nada en Lucas o Mateo, quienes escriben de la vida oculta en el género midrash, da pie para pensar que no se trate del primer matrimonio de María y de José. Tanto María como José serían de edad núbil para comprometerse, acto en el que entraban ambas familias. Otra explicación es que serían sobrinos de María e hijos de Cleofás, para lo cual se imagina que María, al enviudar de José, se fue, como era la costumbre, a casa de sus parientes más próximos, y así, Jesús se crió y vivió con sus primos como si fuera prácticamente un hermano más. Fue más el interés por María (o por la manera de entender la divinidad de Jesús) que por Jesús mismo lo que va llevando a la idea de virginidad perpetua de María luego de Nicea. Jerónimo busca sostener no solo la de María sino también la virginidad perpetua de José.

La tradición protestante toma la expresión a la letra y no sienten necesidad de la virginidad perpetua de María para fundar la divinidad de Jesús; como no se requiere de la virginidad de Pedro para su liderazgo. Jerónimo, exaltando la virginidad, dice que Juan es superior por su virginidad a Pedro, a pesar de su liderazgo, por ser casado. En el judaísmo no había exaltación de la virginidad, algo que era sobre enfatizado en el gnosticismo con su concepto de materia mala y espíritu bueno. La hija de Jefté pide: «Déjame que por dos meses vaya con mis compañeras por les montes, llorando mi virginidad» (Jue 11:37) pues el mandato de crecer y multiplicarse era el primer precepto como pueblo. Negarse a la fecundidad era negar que la “imagen y semejanza” divina se multiplicara. En la lectura católica de las Escrituras intervienen pues muchos otros factores diferentes a la Biblia, algo que no aceptaba la Reforma. Católicos y protestantes tenemos nuestros argumentos y maneras de entender los conceptos de unigénito y primogénito. Seguramente el debate no convencerá unos ni otros mientras que la figura central de los evangelios que es Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, es quien debe unirnos. La Iglesia Ortodoxa, con una liturgia de exaltación de María como madre de Dios, se ha negado a definir dogmas marianos posteriores. No los ve como el camino correcto.

Es innegable el valor transformador de la fe que supera las categorías de familia, pueblo, nación. «No hay ya judío o griego, no hay siervo o libre, no hay varón o hembra, porque todos sois uno en Cristo Jesús» (Gal 3:28). Hacer depender de tales categorías el pode salvífico universal de Jesús es limitarlo irremisiblemente. Si fue judío sólo salvó a los judíos; si celebró la cena en Jerusalén sólo allí habría Eucaristía; si fue varón sólo salva a los varones; si fue solamente humano no pasa de un gran hombre; si fue solamente divino poco tiene que decir a los humanos; y, otras más . La salvación exige una fe inclusiva no exclusiva. El evangelio de Juan prefiere hablar de primogénito; de Jesús como nuevo Adán (idea de Pablo); es decir, como el primero de la serie de auténticos hijos de Dios y hermanos de todos. Primogénito es un término de valor jurídico más que cronológico. Es el heredero para los hebreos como preeminente en la herencia del padre. Regresar a María a los evangelio y a la Iglesia, como lo sugiere la Lumen Gentium del Vaticano II puede llevarnos a una más sana y ecuménica espiritualidad de la que no quiso ser más que la sierva del Señor y cumplir su palabra por doloroso que le resultara hacerlo. Hermanos hoy es un término más significativo que hijos.