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Fin del bautista

  •   Domingo Agosto 05 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.
  •    Ordinario

Las razones para que Juan el Bautista se ganara la enemistad de muchos son variadas. Para la gloria judía de ser “estirpe de Abrahán” era chocante que dijera que Dios podía sacar hijos de Abrahán de las piedras.


Se salva del juicio quien se convierta. Bautizar en el Jordán, en vez de bautizarse a sí mismo como hacían los prosélitos era igualmente una novedad chocante. A los fariseos y saduceos los llama “raza de víboras” (Mateo) igual que a la muchedumbre (Lucas); a los soldados extorsionistas, prevaricadores y venales. Su lenguaje profético era duro contra todos. Siendo bautismo de adultos, el grupo de los anabaptistas (rebautizadores o llamados hoy bautistas) reservan el bautismo para los jóvenes adultos ya responsables y capaces de profesar por sí mismos la fe. Que el Bautista envíe a sus discípulos a preguntar a Jesús si deben esperar otro es señal de que no lograba entender la manera de obrar de Jesús. Jesús por el contrario afirma que prostitutas y publicanos fueron convertidos por el mensaje del Bautista. El Bautista lleva el título de profeta, lo cual se justifica por el hecho de que él hace suya la predicación del juicio y de la conversión e incluso la radicaliza.

Al evangelista Marcos, en una figura literaria, se le identifica con un león por empezar su evangelio con el rugido del Bautista. Su predicación tiende a la mejora moral y a la inseguridad del judío que se siente con consciencia feliz dentro de su religión. Su bautismo, que no es el de los prosélitos o el de Qumrán, tiene como finalidad escapar al juicio inminente y no la entrada en el reinado de Dios como en la predicación de Jesús. El Nuevo Testamento lo ubica como precursor (anterior a Jesús como en Marcos), o discípulos de Jesús (como en Juan), o como contemporáneo en la predicación (como en Mateo), o como paralelo en el anuncio y nacimiento (como en Lucas).

La ubicación del Bautista con respecto a Jesús no fue fácil para la comunidad cristiana cuando aún el influjo judaizante era bastante fuerte. El influjo de la gente, masas o muchedumbres, es un actor importante en este relato, pues Herodes Antipas no se atreve a matar al Bautista porque tiene miedo de la gente, es decir, tiene miedo de la opinión pública. Del mismo modo le tienen miedo los círculos dirigentes y no se atreven a poner su mano sobre Jesús aunque soliviantan a la gente en contra. Pilato actúa bajo la presión de la gente. También el Bautista tiene su gente o discípulos que estaban junto a él cuando fue encarcelado. Más tarde dieron sepultura a su cadáver.

Tenían su forma de orar y ayunaban con frecuencia, a diferencia de los discípulos de Jesús. Son partidarios de un movimiento de restauración de Israel al cual posiblemente se adhiere Jesús cuando aparece bautizado por Juan en el evangelio de Marcos y bautizando al otro lado del Jordán en el evangelio de Juan. Los primeros discípulos habrán salido del grupo de simpatizantes del Bautista, según el comienzo del cuarto evangelio. Que Herodes temiera la popularidad e influencia del Bautista es creíble por su encarcelamiento; que la razón última para matarlo sea el conflicto matrimonial —por demás enredado en los grandes de la época— deja varios interrogantes.

Herodes era asmoneo, es decir, judío mezclado; ni era totalmente judío ni totalmente extranjero. Muchas normas matrimoniales del Antiguo Testamento no se aplicaban porque el gobierno estaba en manos de los romanos, más laxos en este campo. Flavio Josefo, historiador judío que aporta datos de la época para interpretar los evangelios, pone el acento en el problema político de Herodes y en su derrota en la lucha contra el rey Aretas, su suegro, a raíz de la separación de su mujer. Que la mala del relato sea Salomé instigada por Herodías su madre y ex-esposa de Filipo, es un cliché frecuente en las Escrituras desde Eva causa de la caída de Adán , la intrigante esposa de Job, Jezabel la esposa del rey Ajab que persigue a Elías, prototipo del Bautista; es el deshonroso rango de las “mujeres malas”. Para Josefo el perverso es Herodes y el asunto personal y moral pasa a un segundo plano. La danza era oficio de cortesanas, no de una princesa de Herodes. El sobre énfasis en la seducción de la danza de Salomé, objeto de poemas, novelas, obras musicales y de teatro, llevó a una proscripción de la danza en la liturgia, ajena al judaísmo en el cual se danza alrededor del Arca y muchos salmos son cantos para danzar; es práctica común en el jasidismo (corriente de espiritualidad judía). Juan Crisóstomo afirmaba: «Donde hay danza está el demonio». Algunos grupos religiosos han introducido la danza en el culto igual que algunas iglesias africanas o indígenas. Los derviches musulmanes tienen la danza como la manera normal de experiencia espiritual y hoy la danza terapéutica a menudo se asocia con experiencias de retiro espiritual. En la cultura griega la danza estaba asociada básicamente con el culto a Dionisio (Baco) lo que le dio mala presentación entre los Padres de la Iglesia. Los danzantes entraban en trance. John Neumeier, quien se llamó a sí mismo danzante cristiano, llevó obras religiosas de Bach, Mozart, Haendel a verdaderas obras de ballet y expresión corporal coreográfica. Buscó un lenguaje religioso para la danza, algo a lo que el Vaticano en su documento “Sobre la danza en la liturgia” (1975) sigue asociando al entretenimiento y la sensualidad y excluyéndolo de la liturgia católica.

Miriam lleva a las mujeres a danzar luego de pasar el mar de las cañas y el pueblo adora el becerro de oro mediante la danza. También se danzaba camino a Jerusalén en las peregrinaciones a la ciudad y en la fiesta de Pentecostés (shavuot); en la sinagoga con los rollos de la ley; formaba parte imprescindible de las bodas y a menudo los mismos rabinos las encabezaban. Los profetas que danza alrededor de Saúl aseguran ser arrebatados por la fuerza del espíritu. En los salmos se dice que un signo de la era mesiánica es que «cambia el llanto en danza» (Sal 30:12). La relación íntima entre el Creador y la creatura ha sido comparada como la del artista y su obra. Aunque sean diferentes, permanecen unidos de manera que cuando termina la actividad artística, termina también la obra de arte. Esto se ve claro en el canto, el poema y la danza. Si Dios deja de actuar desaparecería el universo, porque el cosmos es la autoexpresión limitada del ser inagotable de Dios. Con el influjo ascético y ciertamente maniqueo de desprecio del cuerpo, la expresión religiosa perdió parte de su potencial. El Cantar de los Cantares parece no formar parte de nuestras Biblias. Allí cada parte del cuerpo es como una metáfora que amplía el horizonte del encuentro del amante y la amada, desde el amor conyugal hasta el más universal de la amada Israel y su amante Yahvé. El Bautista es una mínima expresión de una religiosidad que lo sobrepasa.