Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

Relato insistente

  •   Domingo Agosto 07 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.
  •    Ordinario

Los relatos de los evangelios están orientados todos (como el actuar de Dios verdaderamente hombre), a que los creyentes se identifiquen con Jesús y obren de similar manera; que lo sigan.


No tienen como intención que nos admiremos de lo maravilloso que pudo ser Jesús. En este caso no tendrían diferencia con las grandes hazañas que se narran de héroes en todos los pueblos y culturas. Los relatos de repartición de panes y peces, que aparecen en seis versiones similares con diferencias significativas, busca pues que nosotros hagamos lo mismo: repartir el pan. Que con ello indique que Jesús es el pan de vida, como en el evangelio de Juan, es una aplicación derivada posterior al hecho. Los detalles arrojan su sentido. Ante las enfermedades y el hambre de la gente siente compasión, atiende los enfermos y busca alimentarlos. La reacción, aparentemente lógica de los discípulos y la común de cualquier ser humano es que vayan y resuelva cada cual su problema con arreglo a las normas económicas. Quien tenga dinero que vaya y compre. La reacción de Jesús es diferente: «Denle ustedes de comer». La urgencia material del otro ha de ser la urgencia moral del creyente. Sin la invitación de Jesús los discípulos no hubieran hecho nada que merezca recordarse. Para la economía es la oportunidad de hacer ganancias. Tenían los discípulos (otros relatos dicen que un joven) cinco panes y dos peces y Jesús pronuncia la bendición como hacía el padre de familia en las comidas y por tanto conocida por los presentes. No aparecen las expresiones extraordinarias como decir a un paralítico “¡levántate y anda!”, o a un leproso “¡queda limpio!” No hay intención diferente a la acción de gracias por la comida. Es una bendición de gratitud con Dios que da el alimento a través de la tierra (y las personas). Comen todos y quedan saciados y aún sobra. Cuando se comparte lo poco que se tiene alcanza para todos y sobra. La tendencia natural nos dice que el énfasis debe ponerse en el poseer y el evangelio nos dice que ha de ponerse en el compartir.

Es Tomás de Aquino el primero que dará un título a este relato que terminó desfigurándolo: multiplicación. El cálculo resulta tan ingenuo como comparar 5 panes con 5000 personas. Luego cada pan se debió multiplicar al menos por 1000. Pero los números en la Biblia son más adjetivales que cardinales; igual que quien espera impaciente reclama diciendo: “Hace siglos que te espero”. El añadido «sin contar mujeres y niños» nos da cuenta de lo poco que valían en la sociedad judía, pero además suena retórico. Difícilmente mujeres y niños seguían a un rabino o maestro al despoblado en esa época. En otra versión de Marcos los panes son siete y los alimentados 4000. La lectura cabalística de los números fue común en muchos Padres de la Iglesia. Las doce cestas se han visto como las doce tribus, pero en la época de Jesús apenas si queda tribu y media, siendo la más importante la tribu de Judá. En los mejores tiempos tampoco las tribus eran doce sino trece, pues no se contaba la de Leví (sacerdotes) por no tener tierra asignada.

En ninguno de los relatos aparece la palabra multiplicar y si la fuéramos a incluir como título sería “multiplicación de la generosidad” no de los panes. Igual sucede con la “pesca milagrosa” relato que puede mejor llamarse pesca abundante, pesca extraordinaria o pesca afortunada. Marcos lo llama simplemente: «El asunto de los panes» (Mc 6:52). Aunque el lenguaje de Jesús de dar de comer, partir, servir, dividir, contrasta con el de los discípulos de despedir, hora avanzada, despoblado, nadie habla de multiplicar. Tampoco en las dos versiones del padrenuestro, se habla de pedir la multiplicación del pan, en el caso en que fuera el de la comida diaria o el supersubstancial.

El maná tampoco se multiplicaba; se recogía el doble en viernes y el excedente se descomponía. En las celebraciones eucarísticas todos comían de un mismo pan de tal manera que un pan “alimentaba espiritualmente” la comunidad. Se hará sinónimo de Eucaristía la “fracción” (klasis, en griego) del pan. Mateo no especifica si los peces también son partidos y repartidos, algo que sí aparece en Marcos. La comunidad cristiana celebrará con el pan, tomándolo de la pascua judía y dejará el pez como mero símbolo o acróstico de “Jesús, hijo de Dios, salvador ”. En las tentaciones del desierto, con menos carga taumatúrgica pues no era multiplicar las piedras sino volver una de ellas pan, Jesús se resiste a la tentación proclamada por los “magos” de la época. Aquí el acto sería para calmar el hambre de Jesús mismo y no el ajeno por lo que nada tendría de misericordia. Todo lo que Jesús hace lo hace en función de la necesidad de los demás, no de su propia exaltación. En el relato de hoy no sufre la adversidad un individuo (leproso, paralítico, ciego) sin un colectivo como la gente, el pueblo. No sufren una adversidad física como una plaga o epidemia ni síquica como temor, miedo, desánimo, sino algo normal como es la carencia de alimento. En los relatos de curaciones alguien pide a Jesús que remedie su situación o Jesús lo hace por iniciativa propia. En este relato le piden lo contrario: que despida a la gente.

Mientras que en los relatos de curaciones hay reacción de la gente favorable o desfavorable respecto a Jesús, en el relato de hoy no aparece ninguna reacción y acto seguido Jesús se retira en la barca con sus discípulos. Hoy sí que tenemos la amenaza de la multiplicación material desentendiéndonos de la solidaridad, generosidad o el compartir.

Los avances tecnológicos nos han permitido multiplicarlo todo hasta la saciedad y la acumulación peligrosa de desechos. La sociedad de consumo impulsa cada día a producir más variados y mejores alimentos, más variados y mejores aparatos de todo tipo; a incrementar la velocidad de los medios de transporte, a facilitar hasta los límites de lo imposible la comunicación, a acortar las distancias, a aumentar el confort de vida, al menos para muchos aunque muchos otros se quedan a la vera del camino. Se puede decir que la ciencia ha hecho en nuestro mundo el “milagro de la multiplicación” con la que se malinterpretó el texto evangélico. En tiempos de Jesús, la situación era diferente, pues no había muchos recursos y los pocos estaban en manos de más pocos. Herodes era dueño de casi toda Galilea, por concesiones romanas y confiscaciones. Sequías y malas cosechas eran frecuentes. El relato evangélico no nos invita pues a multiplicar lo que no es multiplicable, sino a compartir, poner en común y repartir como pedía quien tenía bienes o fortuna en otros relatos más directos. De ahí que no debemos seguir llamando a este relato "multiplicación de panes y peces", sino más bien "reparto de panes y peces". El resultado de compartir resulta tan sorprendente entonces como hoy: comen todos hasta saciarse y sobra. Hoy suena más escandaloso porque no es solamente el alimento el que debe compartirse sino el conocimiento, los carismas, la compasión, la dignidad humana, los derechos para todos. Que se narre insistentemente seis veces lo mismo muestra lo difícil que es lograrlo.