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Jesús no es univoco con Mesias

  •   Domingo Agosto 27 de 2017
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.
  •    Ordinario

Como se ha dicho varias veces, Mateo es el evangelio más judaizante de los cuatro. Según algunos habría sido compuesto para los creyentes de Antioquía, comunidad predominantemente procedente del judaísmo. Identificar a Jesús con el mesías era una forma de mostrar continuidad entre la expectativa judía y el cristianismo. Sin embargo las diferencias son notorias. Mesías significaba “el ungido ” y era una imagen creada en el destierro de Babilonia.


Por el pacto del Sinaí el pueblo tendría una tierra si cumplía con lo pactado de manera que Yahvéh sería su Dios e Israel su pueblo. Al fracasar tal proyecto con la división del reino luego de Salomón, la destrucción del Templo y la deportación, el pueblo sin tierra propia, identifica sus desgracias con castigo de Yahvéh por el incumplimiento. Pero la idea de mesías los saca de su perplejidad pues los salvaría y los volvería a la tierra a pesar de la desobediencia y la imposibilidad de la fidelidad. Lo haría por fidelidad a la promesa frente a la cual Yahvéh es fiel a pesar de la infidelidad del pueblo. El mesías era pues un salvador inmerecido, gratuito y que vendría de manera solo conocida de Yahvéh y su misericordia. El momento de mayor expectativa del mesías se da con la revuelta de los macabeos que termina añadiéndole ideas apocalípticas. La identificación con la imagen del “Hijo del hombre” de Daniel, o con el “Siervo sufriente” de Isaías hace aún más compleja la idea de mesías. Las ideas básicas eran tres: a) el mesías sería un líder guerrero que los liberara de la opresión (romanos en la época de Jesús); b) el mesías era el espíritu encarnado en todo el pueblo de manera que el mesías sería el nuevo nombre de Israel; c) el mesías sería un reducido grupo de judíos fieles (los pobres de Yahvéh o anawim) que terminarían salvando a todos. A esto hay que añadir los esenios que esperaban un mesías levítico que restablecería el culto verdadero a Yahvéh (mesías cultual). Finalmente, basados en los profetas de la conversión (Jonás) y amor universal (Amós) el mesías no era ni grupo ni persona ni nación sino toda la humanidad caminando hacia un futuro de paz y justicia para todos .

La doctrina católica actual conceptúa que la esperanza judía en el mesías no es en vano, pero no siempre fue así. Mesías, maestro, señor, raboni, profeta, Hijo del hombre, Hijo de Dios son algunos de los más de cien nombres que se dan a Jesús en el Nuevo Testamento. Afirmar que el mesías llegó con Jesús frene al judaísmo que afirma que el mesías no ha llegado, era una forma de demarcarse los cristianos del judaísmo. También de investir a Jesucristo de todas las expectativas judías sobre el mesías. Jesús, como nazareno, es signo de bajeza en la escala social como se pone encima de la cruz (Jesús el nazareno rey de los judíos), pero como Cristo era elevarlo al rango de ungidos como reyes y sumos sacerdotes. Pero el mesías judío nunca adquiere rasgos divinos sino que sigue siendo el “ungido de Yahvéh”, es decir, su servidor, pues depende de su realeza y le está obligado. Como en Juan no hace más que la voluntad el Padre y nada por sí mismo. Aún más, había que integrar su muerte en cruz como réprobo, fin extraño para un mesías judío. El pensamiento subyacente es el siguiente: Jesús tuvo que padecer y morir, porque era el mesías (el Cristo) y no a pesar de serlo; en otras palabras: Dios lo había determinado expresamente de esta forma en vistas a su mesianidad. Pero este camino no era solamente para Jesús sino para los cristianos. El mesías llega con Jesús y espera llegar con todos y cada uno de los creyentes. No terminamos tan distanciados del pensamiento judío. Cristo es el predicado de Jesu-cristo como lo ha de ser de todo creyente .

La confesión de fe de Pedro es pues perfectamente judía, sin que sepamos a cual de todas las ideas sobre mesías alude. Contrasta con Jesús quien ni desarrolló un programa específicamente mesiánico ni se designó a sí mismo en toda forma como mesías. No expulsó a los romanos ni restauró el culto del Templo, ni creo un nuevo reinado de David, ni cesó la violencia —al contrario la sufrió—. Toleró predicados mesiánicos como el de Pedro, el de “hijo de David” que le daban los enfermos, pero incluso respecto a ellos no adoptó una postura ni de aceptación plena ni de rechazo. Pide en varias ocasiones que no lo digan a nadie (secreto mesiánico), algo contrario al mesianismo abierto. Por lo demás, la imagen que de Jesús nos proporciona la tradición analizada críticamente hace suponer que no se sujetó a ninguno de los calificativos mesiánicos tradicionales, y que con su persona cuestionó (aun para sus partidarios) el que se le pudiera relacionar con la expectación mesiánica habitual de un rey salvífico político, si no es que llegó incluso a poner en duda el que la expectación mesiánica de sus contemporáneos fuera en definitiva correcta. Si el “mesianismo” de Jesús lo ponemos donde habría que ponerlo que es la resurrección, su contenido es completamente novedoso.

Ninguna imagen, idea ni expectativa judía nos da cuenta de ella. Un mesías que es nuevo rey por el servicio; rico por su pobreza; poderoso sin armas ni ejércitos; fuerte por su debilidad; vencedor de la muerte muriendo; salvador que es a su vez salvado por el Padre . El título de Jesucristo abarca para los cristianos mucho más que la mesianidad, no porque recogiera todo cuanto se dijo en el Antiguo Testamento sobre el mesías o lo que pensaran sus seguidores, sino porque nos cambio totalmente la perspectiva invalidando todas las expectativas. Si quieres ser salvado, vive como resucitado, es decir, salvando a los demás. Al lado de los títulos dados a los seguidores de Jesús como apóstoles, discípulos, creyentes, los del camino, el de cristiano representa bien lo que están llamados a ser: seguidores de Cristo. Según algunos la similitud con CRESTOS ayudó a ello. Crestos (en griego χρηστός) significa bueno, honrado, virtuoso, valiente, fiel, dichoso, feliz, servicial, pronto, diligente, útil, bienhechor, propicio, favorable, protector; benigno, benévolo, compasivo, misericordioso. Cualquiera de tales características se ve bien reflejada en la vida de Jesús y también de muchos cristianos. A Pedro le esperaba un largo camino de conversión para entender lo que decía sin entender aún: Jesús es el Cristo; una nueva forma de ser mesías (ungido).