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¿y dónde queda el amor a la naturaleza, a la Ecología de que tanto se habla hoy?

  •   Domingo Octubre 22 de 2017
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.
  •    Ordinario

Al afirmar Jesús que el mandamiento principal es el de Amar al Señor, tu Dios, con todo el corazón, con toda el alma y con toda tu mente y que el segundo es semejante a éste, pues se trata de amar al prójimo como a tí mismo, alguien podría preguntar: ¿y dónde queda el amor a la naturaleza, a la Ecología de que tanto se habla hoy?


Para un persona atea el respeto a la naturaleza sería fruto sólo de la ciencia, que nos describe la variedad de plantas, animales, etc. Para una persona teísta, esto sería lo obvio de quien profesa la creencia en un Dios Creador, que de un modo especial se manifiesta en la belleza de la Naturaleza.

Pero para un cristiano, la raíz es más profunda. Si Dios asumió en Jesús nuestra misma naturaleza humana, es obvio que el respeto a esta presencia en nuestro prójimo debe ser grande. Y así como no nos gusta que nos perjudiquen en nada, sino que nos respeten, también debemos vivir esto en nuestra relaciones con los otros.

Una manera de cumplir esto es la que nos describe la encíclica LAUDATO SI, hablando de Caín y del Arca de Noé:

“En estos relatos tan antiguos, cargados de profundo simbolismo, ya estaba contenida una convicción actual: que todo está relacionado, y que un auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás” (nr.70).

Ser Caín no es sólo atentar contra la vida de los demás, sino responder que no sabemos dónde se encuentra nuestro hermano, que no nos importa su existencia. Precisamente por eso, no nos interesa exigir al gobierno no conceda permisos que atenten contra la vida de los demás, como está sucediendo con las licencias para una minería que daña los ecosistemas y a las mismas personas.

Cuando todas estas relaciones son descuidadas, cuando la justicia ya no habita en la tierra, “la Biblia nos dice que toda la vida está en peligro. Esto es lo que nos enseña la narración sobre Noé…” (ibidem).