Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

¿Qué huella queremos dejar en el mundo?

  •   Domingo Noviembre 19 de 2017
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.
  •    Ordinario

Cuando los jóvenes terminan sus estudios de secundaria se plantean, por primera vez en sus vidas, una pregunta de la mayor importancia: ¿Ahora qué voy a estudiar?, ¿qué carrera o profesión deseo seguir? Para ayudar a tomar la decisión adecuada, muchos colegios ofrecen orientación vocacional, la cual consiste, fundamentalmente, en la aplicación de unas pruebas psicológicas que sirven para identificar los intereses y capacidades de ese joven.


Ahora bien, este proceso de identificación de intereses y capacidades empieza desde los primeros años de vida. Las voces de aliento y estímulo de los padres de familia y de los maestros permiten que los niños se vayan sintiendo cada día más seguros y conscientes de sus posibilidades. La palabra que describe este proceso es auto-estima.

Si en lugar de voces de aliento, el niño sólo escucha mensajes negativos tales como “usted no sirve para nada”, “es un inútil”, no podrá avanzar por la senda de la auto-estima y más adelante será incapaz de proponerse proyectos y tomar decisiones.

Después de estas reflexiones iniciales, los invito a explorar el texto evangélico de este domingo sobre la parábola de los talentos, que describe el gesto de confianza de un empresario que entregó a sus empleados un capital importante y luego les pidió cuentas de los rendimientos obtenidos.

Hay dos preguntas que se debe hacer todo aquel que quiere invertir: ¿Cuánto dinero tengo? y ¿qué tipo de inversión debo hacer para tener mayores probabilidades de éxito? Para responder a estas preguntas hay que ser realistas y oír a personas con experiencia.

Esta parábola de los talentos, en la que hubo dos resultados exitosos, pero también el doloroso fracaso de uno de los protagonistas que fue incapaz de arriesgarse, nos lleva más lejos y nos invita a hacernos inquietantes preguntas: ¿Para qué estoy en esta vida?, ¿cuál es la huella que quisiera dejar?, ¿qué esperan de mí los familiares y amigos? Sería lamentable que, cuando lleguemos a la vejez, nos sintamos con las manos vacías por no haber desarrollado un proyecto de vida útil, de amor y servicio a los demás:
Hay personas muy ricas que llevan una existencia miserable encerradas en su egoísmo.

Hay personas de muy escasos recursos profundamente solidarias y generosas que, al final del camino, tienen las manos y el corazón rebosantes de amor y satisfacciones.

El aporte de las personas a la sociedad no se puede medir en términos exclusivamente económicos. Esto nos llevaría a rechazar a los enfermos y ancianos como una carga. El papa Francisco en repetidas ocasiones ha destacado el inmenso aporte de los abuelos como depositarios de la sabiduría, de los valores y de las tradiciones. Ante la realidad de unos padres de familia ausentes por razones laborales, los abuelos son actores importantísimos en la educación de los niños, un riquísimo aporte a la sociedad que no se ve reflejado en los indicadores económicos.

Esta parábola de los talentos nos saca de nuestra rutina y nos exige un alto en el camino para indagar sobre nuestras fortalezas y cualidades, sobre los aportes que queremos hacer para que las personas que nos rodean sean más felices, y sobre el grano de arena con el que queremos contribuir a la reconciliación y a la paz.

En la I Carta a los Tesalonicenses, san Pablo nos recuerda que la vida es una carrera contra-reloj y que el paso del tiempo es imparable. La vida la tenemos prestada y no podemos posponer decisiones importantes para un mañana que puede no llegar. Nos recuerda san Pablo: “Ustedes saben perfectamente que el día del Señor llegará como un ladrón en la noche”.

El libro de los Proverbios hace un importante reconocimiento al aporte de la mujer. Pero como este libro fue escrito dentro del contexto cultural de una sociedad patriarcal y machista, destaca el aporte que la mujer hace al proyecto del marido, como algo subordinado, sin valor en sí mismo: “Con su ayuda, él se enriquecerá; todos los días le procurará bienes y no males”. Este enfoque y valoración del trabajo de la mujer son inaceptables para la sensibilidad contemporánea.

Hablemos, más bien, de la importancia que tiene que la pareja construya un proyecto común, que favorezca y estimule el crecimiento personal y profesional de los dos sin subordinaciones ni celos profesionales, en el que cada uno sea para el otro el mejor socio, amigo y consejero. Así juntos, en plural, podrán responder a los interrogantes que plantea la parábola de los talentos: ¿Cuáles son nuestras fortalezas como pareja y como familia?, ¿qué podemos hacer para que nosotros dos, nuestros hijos y las personas que nos rodean llevemos una vida más humana y plena?, ¿qué podemos hacer como grupo familiar para construir la reconciliación y la paz?