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La fe como invitación y seguimiento

  •   Domingo Enero 21 de 2018
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.
  •    Ordinario

Durante el año litúrgico, iremos recorriendo los diversos momentos de la vida pública de Jesús, teniendo como guía al evangelista Marcos. Según los expertos, este Evangelio fue escrito hacia el año 64 DC, cuando todavía vivían testigos de los acontecimientos narrados.


Nuestra meditación dominical estará centrada en dos aspectos particulares del capítulo 1 del Evangelio de Marcos, que acabamos de escuchar:

“Se ha cumplido el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca. Arrepiéntanse y crean en el Evangelio”.

En esta primera etapa de su vida apostólica, Jesús estaba formando su equipo de colaboradores inmediatos. En este texto se nos narra el llamado que Jesús hizo a los hermanos Simón y Andrés, y a los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan.

Este sencillo relato, que narra los comienzos de la vida apostólica de Jesús, es de un hondo significado pues nos ayuda a comprender lo esencial de la experiencia de fe:

Muchas personas piensan que el Cristianismo consiste en un conjunto de normas morales que reglamentan los diferentes aspectos de la vida. Esta interpretación jurídica y moralista los conduce a una comprensión terriblemente pobre de lo que significa la relación con el Señor resucitado. Quienes piensan de esta manera reproducen la afirmación de los fariseos, para quienes pertenecer al pueblo de la promesa consistía en cumplir una larga lista de preceptos y con ello garantizaban su salvación.
Otras personas piensan que el Cristianismo consiste en un robusto conjunto de principios doctrinales, que deben ser estudiados y aprendidos por los miembros de la comunidad creyente. Esta comprensión puramente intelectual de la fe haría del Cristianismo una escuela de pensamiento, como tantas otras que han aparecido a lo largo de los siglos.

En el relato evangélico que acabamos de escuchar, Marcos nos explica qué es lo central de la experiencia de fe, que va mucho más allá de la normatividad jurídico-moral y de la apropiación intelectual de unas doctrinas.

En Marcos leemos: “Se ha cumplido ya el tiempo y el Reino de Dios ya está cerca”. Con estas palabras, Jesús explica a sus coetáneos que todos los anuncios que Yahvé había hecho a su pueblo a través de mensajeros, son ya una realidad: “Se ha cumplido el tiempo”. Ahora bien, este cumplimiento de las promesas se lleva a cabo en un formato muy particular, pues Jesús había venido para anunciar la buena noticia de la salvación, no a los poderosos y controladores de la verdad, sino a los excluidos de la sociedad.

“El Reino de Dios ya está cerca”. Cuando Jesús habla del Reino de Dios no está haciendo referencia a unas estructuras de poder político, como lo esperaban muchos de sus contemporáneos, sino que se refería a un orden espiritual nuevo, que se debía construir desde lo más profundo del corazón y que exigía cambio de actitudes. Llevados de la mano por el evangelista Marcos, que nos narra los milagros y las catequesis de Jesús, iremos comprendiendo que el Reino de Dios es como un campo en el que el sembrador ha depositado unas semillas, o como una lámpara encendida, o como un grano de mostaza. Dejémonos sorprender por los sencillos relatos de Marcos; así iremos descubriendo la persona de Jesús y la riqueza de su mensaje.

“Arrepiéntanse y crean en Evangelio”. En sus primeras intervenciones públicas, Jesús prepara el terreno para realizar su anuncio. Hace un llamado a la transformación interior. Solamente si se produce un cambio en las actitudes, podremos abrirnos al anuncio que nos hace. Pero si seguimos anclados en nuestros prejuicios y egoísmos, seremos impermeables a la novedad de vida que nos propone. La auténtica conversión del corazón es condición esencial para acoger la buena noticia del Reino.

En este primer capítulo del Evangelio de Marcos también se nos describe el proceso de selección de los primeros discípulos. Jesús no se dirigió a los lugares que frecuentaban los doctores de la Ley. Sabía que ellos, en su soberbia, rechazarían este llamado a la conversión interior. Por eso se dirigió a la orilla del lago de Galilea, allí donde trabajaba la gente sencilla y honrada. Ese era el perfil que quería darle a su equipo apostólico.

¿Cuál es la metodología de Jesús para reclutar a sus futuros discípulos? Hace una invitación que contiene una propuesta: “Síganme y haré de ustedes pescadores de hombres”. Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron”.

Para poder valorar la intensidad de este encuentro, recordemos las experiencias que cada uno de nosotros ha vivido cuando se nos ha presentado la oportunidad de cambiar de trabajo; antes de dar una respuesta, analizamos muy cuidadosamente quién nos hace la propuesta, exactamente qué nos propone, cuál será el sueldo que recibiremos y qué seguridades tendremos de que el asunto va en serio… Ninguno de nosotros da respuesta afirmativa a la primera oferta que nos hacen. El encuentro de Jesús con estas dos parejas de hermanos (Simón y Andrés, Santiago y Juan) debió ser de una enorme intensidad. Ellos quedaron cautivados por la energía y la bondad que irradiaba este hombre. Por eso dejaron sus redes y lo siguieron; sus vidas dieron un giro radical.

Esta escena nos muestra cómo la fe es un llamado que nos hace el Señor para seguirlo. No es un asunto de discursos moralizantes ni de cursos de teología. Es una relación de confianza que implica la totalidad de la persona. Esta pedagogía de Jesús con sus primeros discípulos nos debe llevar a una revisión de las estrategias de formación religiosa. La gente no está para escuchar aburridos discursos en un lenguaje distante e incomprensible. Hay que ofrecer unas modalidades de formación religiosa experienciales, participativas, en las que se vaya descubriendo la espiritualidad a través del servicio a los demás. Allí, en el encuentro con los otros, surgirán las preguntas sobre el sentido de la vida, quién es Dios, qué significa Jesucristo.

Que esta sencilla meditación sobre las primeras actividades de Jesús nos ayude a entender la fe como un llamado que nos hace el Señor a compartir su propuesta del Reino que ha venido a instaurar.