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Precisar el evangelio

  •   Domingo Enero 21 de 2018
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.
  •    Ordinario

Se dice de la mariposa monarca, una grácil migrante que llega anualmente a México desde el norte, que es tan liviana como puede ser el alma . Sin embargo, se asientan tantas en las ramas que logran quebrarlas.


Algo similar pasa a menudo con conceptos religiosos que se han ido llenando de conceptos, definiciones, añadidos, supuestas precisiones, que terminan acabando con el concepto original, ocultándolo o desapareciéndolo. Evangelio es un concepto derivado. No pudo haber sido utilizado por Jesús y entra (como palabra) del griego corriente pero con nuevo significado. En el griego corriente significaba “buena nueva”, es decir, novedad del frente de batalla. Ordinariamente se entendía buena noticia sobre el triunfo pero a veces también de la derrota. El primero en utilizar la palabra evangelio con sentido religioso es Pablo y tiene el sentido de “el cambio que experimentó en sí mismo” y que popularmente se ha llamado “conversión”. Pablo lo llama distinto: justificación o reconciliación. Es la experiencia Pascual o encuentro con el Resucitado que también describe con el lenguaje de aparición: «En último término se me apareció también a mí, como a un abortivo» (1 Co 15:7). El evangelio designa el cambio de Pablo de perseguidor de los del “camino” a dar la vida por ellos. Eso es lo que Pablo predica en esencia, y para explicar tal cambio acude a su teología de la entrega, de la cruz y la resurrección de Jesús. Luego, con influjo de Pablo, escribe Marcos su evangelio, que no es ya el cambio de Marcos (personaje desconocido) sino la descripción histórica de que el cambio es ser como Jesús, vivir su pasión en la vida del creyente.

De lo anterior se deduce que lo que se llamaba evangelio los dos primeros siglos y luego evangelios con la asignación de los autores Marcos, Mateo, Lucas y Juan no es un escrito o unos escritos sino el cambio operado en la persona por la experiencia Pascual. En otras palabras, que los evangelios se recogen de la comunidad como una ayuda, un subsidio para que el creyente se deje transformar por el Espíritu del Resucitado, a semejanza de Jesús. Pero el evangelio no es el escrito sino el cambio, el hombre nuevo, la regeneración o el renacimiento. Esto, que lo logramos aceptar solamente en los últimos años , llevó en el pasado a que la evangelización se entendiera (muchos aún hoy en día la entienden) como difundir un “libro” unos escritos más sólidos que las piedras de la ley que Moisés quebró cuando bajó a su pueblo. Pero hubo muchos cristianos sin “evangelios escritos” como lo fue el mismo Pablo. Entonces ¿Qué predicó Jesús? Lo que recorre los evangelios es que Jesús predicó el “reinado de Dios”, que lo entendió cumplirse en su vida y esperaba que se cumpliera en la vida de sus seguidores. Que los discípulos no predicaron propiamente el “reinado de Dios” sino a Jesús y luego los cristianos “el evangelio” (o los evangelios, según la comunidad a la que se dirigían).

De las tres religiones del “libro” (judíos, cristianos y musulmanes) solamente los musulmanes tienen la convicción profunda de que su Corán fue dictado palabra a palabra, en árabe, por el ángel Gabriel al profeta Mahoma. Los judíos entienden que sus Escrituras son mensaje divino con palabras humanas, en diferentes tiempos y situaciones y por tanto la interpretación tiene que ser permanente. Los cristianos, aunque con igual principio, en momentos determinados eternizaron interpretaciones. Pero lo hicieron en lenguaje del tiempo. Por eso es tan complejo hoy entender a menudo el dogma: dos naturalezas en una persona; tres personas en una naturaleza. Era el lenguaje de la filosofía y la naciente teología de los concilios primeros. Quien no se apegara a ese lenguaje fue declarado hereje. Luego las reflexiones o interpretaciones fueron sobre fórmulas dogmaticas y no propiamente sobre las Escrituras. Valga la pena ilustrar con el famoso catecismo Astete. Toda la doctrina cristiana sin una cita de las Escrituras. No difería del texto de geometría más que en las palabras. Buscaba popularizar el concilio de Trento, no el “evangelio”. Valga igualmente la crítica al final de la Edad Media de la manera de pastorear la fe: 1) La el lenguaje escolástico no es bíblico. Es víctima de su método, haciendo de su lenguaje un sustituto del misterio; 2) la teología cayó en la dialéctica; lo que no es lógico es desechado. La naturaleza humana no se rige por silogismos sino por sentimientos de caridad y devoción; 3) los simples se alimentan de lo devocional; los robustos de Epicteto o la ética filosófica (estoicismo).

Jesús predica y manda predicar a sus seguidores el “reinado de Dios” en un Israel que había tenido la amarga experiencia de sus reyes. Quizás el mejor fue Josías que poco significaba para el pueblo común que soñaba con David y Salomón. Josías dura poco pero implementa una reforma social con base en el Deuteronomio. Fue muerto por el egipcio rey Necao. Igualmente predica en medio de un dominio absoluto del imperio romano que ha sido el más extenso y durable de la historia. Sin embargo, el reinado de Dios ya estaba en medio de la gente y a él se entraba por la conversión o cambio (evangelio). Lo que el evangelio de hoy pone como llamada de Jesús «convertíos y creed el Evangelio» es ya una interpretación cristiana que pasaría de “convertíos y creed en la conversión” a interpretar que la conversión es vivir una vida similar a la de Jesús. Para conocer ésta se necesitaban los relatos de su vida, enseñanza, hechos, pasión y muerte. Por lo menos durante 17 siglos se entendieron equivocadamente los evangelios como una “biografía de Jesús” y aún hoy hay quien los entienda como tal. Pero los evangelios son la “vida revivida” que las comunidades cristianas hacen de Jesús. De ellas se “recogen” los evangelios como tradición oral que pasa a ser escrita. No son un “dictado” como afirman los musulmanes de su Corán. Entenderlo como “dictado” nos llevó a lamentables errores en el pasado. Por ejemplo, cuando Agustín interpreta «sal a los caminos y cercas, y obliga a entrar hasta que se llene mi casa» (Lc 14:23) como autorización divina para obligar a los infieles a bautizarse y entrar al cristianismo. En la conquista de Latinoamérica tuvo consecuencias lamentables (Requerimiento de Fernando de Aragón ).

Un gran avance en la concepción del “reinado de Dios” lo dio el Vaticano II cuando aclara que los límites de la Iglesia no coinciden con los del reinado de Dios. Este es más grande que la Iglesia, el deseo más universal es la salvación de todos; la gracia se concede a todos por caminos que nos pueden ser desconocidos; el evangelio y los cristianos estamos llamados a ser humilde sacramento de salvación en medio de la humanidad, como Abrahán y su pueblo debían ser bendición para las naciones.