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Oración cristiana con la creación

  •   Domingo Enero 28 de 2018
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.
  •    Ordinario

Una de las fallas del mundo actual es la falta de personas que como las de Cafarnaún tengan la capacidad de admirarse, de asombrarse. Admirarse ante la grandeza de Dios y de su obra; también ante las acciones de personas consagradas al servicio de los demás, con votos religiosos o sin ellos.


Cuántos ancianatos existen atendidos por Religiosas con tanto cariño. Cuántos hospitales donde lo común es ver a personas que atienden a los enfermos con toda dedicación.

Para poner un ejemplo concreto. En la parroquia de San Javier, existe una institución llamada Luz y Vida, dirigida por la Hna. Valeriana García, donde se atienden a más de 190 niños con discapacidad, con todo el cariño posible.

Cercano a Bogotá está el páramo más grande del mundo, el de Sumapaz. Por desgracia, muchas personas pasan por allí y apenas se contentan con Ver, pero no son capaces de Mirar, ni menos de Admirar.

Qué bueno que hubiera más personas capaces de asombrarse, de gozar, de disfrutar de la bellezas de la Obra del Creador o de los servicios que tantas personas que prestan sus servicios a los demás inspiradas por el amor a Nuestro Señor Jesucristo.

Qué bueno, por otra parte, que más personas salieran a los parques de las ciudades, pero no se contentaran con caminar o jugar en ellos, ni tampoco con ver los árboles o las quebradas, sino que admiraran las bellezas de la Creación.

Es la invitación que nos hace el Papa Francisco en la encíclica Laudato Si: “Santo Tomás de Aquino remarcaba sabiamente que la multiplicidad y la variedad provienen “de la intención del primer agente, que quiso que lo que falta a cada cosa para representar la bondad divina fuera suplido por las otras”, porque su bondad no puede ser representada convenientemente por una sola criatura” (L. S., nr. 86).

La encíclica además de citar en este sentido a varios Papas y al patriarca Bartolomé, destaca la persona de San Francisco de Asís. Dice que “Él entraba en comunicación con todo lo creado, y hasta predicaba a las flores “invitándolas a alabar al Señor, como si gozaran del don de la razón” (n. 11).

Y más adelante trae una palabras de su discípulo San Buenaventura sobre el santo de Asís: “lleno de la mayor ternura al considerar el origen común de todas las cosas, daba a todas las criaturas, por más despreciables que parecieran, el dulce nombre de hermanas”(ibídem).

Sea esta la oportunidad de invitar a orar con cualquiera de las dos oraciones que aparecen al final de la encíclica: Oración por nuestra tierra u Oración cristiana con la creación. La primera dedicada a todo tipo de personas. La segunda a los creyentes.