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Jesús sorprende por la autoridad que irradia

  •   Domingo Enero 28 de 2018
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.
  •    Ordinario

Las universidades suelen celebrar el inicio del año académico con la lección inaugural, que es una tradición que viene de la Edad Media. Para ello, se invita a un reconocido personaje del mundo de la ciencia para que dicte una conferencia a los profesores y estudiantes. Así se da inicio a las clases.


Pues bien, el relato que acabamos de leer, escrito por el evangelista Marcos, es como la lección inaugural de Jesús, con la cual inicia su actividad apostólica. Lo hace en la sinagoga de Cafarnaún, un sábado, en el que se habían reunido los judíos piadosos de la ciudad, para escuchar la lectura de los textos sagrados y para hacer sus oraciones comunitarias.

En el hogar de José y María se cumplían fielmente todas las prácticas y devociones del judaísmo; cada sábado se acercaban a la sinagoga para participar en los ritos religiosos. Por eso, la sinagoga sería el escenario perfecto en el que Jesús inauguraría su actividad apostólica.

Fácilmente, podemos recrear la atmósfera de expectativa alrededor de Jesús. Ya habían comenzado a circular noticias sobre el hijo del carpintero, cuyo comportamiento llamaba la atención. No era como los demás jóvenes; había en él algo muy especial que impedía que pasara desapercibido.

El evangelista Marcos, muy sobrio en sus comentarios, nos hace una excelente síntesis de lo que ocurrió aquel día: “Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas”. Es interesante destacar que el evangelista no se refiere al contenido de sus palabras, que seguramente explicaron algún texto de las Sagradas Escrituras. Lo que llama la atención es la persona de Jesús, que tenía un magnetismo especial. A pesar de su juventud y de la sencillez de su origen, tenía algo diferente: “Enseña como quien tiene autoridad”.

La comunidad de Cafarnaún, como sucede en otros muchos lugares, tenía un ojo crítico. Y, como lo expresa la sabiduría popular, “no comía cuento”, es decir, conocía muy bien la hipocresía de los escribas y fariseos, quienes hablaban de unos valores religiosos que no practicaban con sinceridad y que ponían al servicio de sus intereses personales. Pero Jesús, quien habló aquel sábado, era diferente. No era como quien recita de memoria unos textos, sino como alguien que transmite una experiencia de vida interior. Y eso los cautivó.

El pueblo raso percibió que Jesús tenía una autoridad especial. En su intuición, se acercaron al misterio de Jesús: no estaban en presencia de un profeta más; estaban escuchando a la Palabra eterna del Padre que se había encarnado; era quien revelaría el misterio de Dios y su plan de salvación. Pero como apenas comenzaba la vida pública de Jesús, se trataba de una sorpresa inicial. Poco a poco, Jesús irá manifestando quién es y para qué ha venido. Solamente después de la resurrección, se resolverá el interrogante de su identidad y de su misión.

La sabiduría del Pueblo de Dios le permite distinguir entre el auténtico pastor y el farsante, entre el que habla desde lo profundo del corazón y el que manipula el discurso religioso buscando otros intereses. A este respecto, el Papa Francisco ha pronunciado palabras muy directas dirigidas a los pastores, quienes deben “oler a oveja”, es decir, deben estar totalmente comprometidos con sus comunidades.

Sigamos leyendo este relato de la lección inaugural de Jesús en la sinagoga de Cafarnaún aquel sábado memorable. La solemnidad del momento fue interrumpida por los gritos de un hombre poseído por un mal espíritu: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret?” Seguramente, el hombre que padecía este mal había asistido los sábados anteriores a la sinagoga. Pero aquel día sucedió algo especial: la presencia de Jesús produjo en él una violenta reacción que no se había presentado cuando los escribas habían explicado los textos sagrados.

¿Qué significa esto? Las palabras de Jesús producían una paz infinita y llenaban de esperanza el corazón de todas aquellas personas humildes y honestas que lo escuchaban. Pero generaban un gran malestar en aquellos que, de alguna manera, eran agentes del mal. Así como el endemoniado de Cafarnaún reaccionó violentamente ante la presencia y las palabras de Jesús, los agentes del mal de todos los tiempos han reaccionado con violencia ante las palabras proféticas de la Iglesia que desenmascaran a los violentos, a los injustos, a los corruptos, a los depredadores del medio ambiente. Como reacción, organizan campañas sistemáticas para descreditar a la Iglesia.

El Salmo responsorial trae una petición que consideramos muy oportuna: “Señor, que no seamos sordos a tu voz”. Guiados por el evangelista Marcos, paso a paso iremos meditando sobre los milagros y las enseñanzas de Jesús. Hoy asistimos a la lección inaugural. Tengamos apertura al mensaje del Señor, que iremos descubriendo a medida que avancemos en la lectura de este Evangelio.