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Jesús se opone al rechazo y a la marginación social de los enfermos

  •   Domingo Febrero 11 de 2018
  •   El mensaje del Domingo
  •    Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J.
  •    Ordinario

En aquel tiempo un leproso se acercó a Jesús, y poniéndose de rodillas le dijo: “Si quieres, puedes limpiarme”. Jesús tuvo compasión de él; lo tocó con la mano y dijo: “Quiero. ¡Queda limpio!” Al momento se le quitó la lepra al enfermo y quedó limpio. Jesús lo despidió en seguida, y le recomendó mucho: “Mira, no se lo digas a nadie; solamente ve y preséntate al sacerdote y lleva por tu purificación la ofrenda que ordenó Moisés, para que conste ante los sacerdotes”.


Pero el hombre se fue y comenzó a contar a todos lo que había pasado. Por eso Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, sino que se quedaba fuera, en lugares donde no había gente; pero de todas partes acudían a verlo. (Marcos 1, 40-45).

Los Evangelios narran los milagros de Jesús para indicar que en Él se hace presente el Reino de Dios, es decir, el poder del Amor infinito que sana y renueva a toda persona que cree y se deja transformar por su acción salvadora. Pero también para mostrar cómo actúa Jesús con respecto a los que sufren, encarnando a un Dios compasivo e invitándonos con su ejemplo a tener sus mismos sentimientos. Veamos lo que nos enseña hoy el relato de la curación de leproso, teniendo en cuenta también las otras lecturas [Levítico 13, 1-2.44-46; Salmo 32 (31); 1 Corintios 10, 31 – 11,1].

1.- Jesús se opone al rechazo y a la marginación social de los enfermos

Las enfermedades, tanto en el Antiguo Testamento como en la época de la vida terrena de Jesús, eran consideradas como consecuencias del pecado de quien las sufría, o de sus padres o antepasados. Y una de ellas, se concebía como la peor: la lepra. El Levítico, nombre derivado de Leví, uno de los doce hijos del patriarca Jacob y que dio origen a los “levitas”, dedicados al culto religioso y al servicio del templo, es uno de los cinco libros que componen la “Torá”, término hebreo que designa al conjunto de los textos sagrados referentes a la “Ley”. Este libro, atribuido a Moisés, pero escrito unos siete siglos después de él, en el V antes de Cristo, y que pertenece a la tradición bíblica llamada “sacerdotal”, contiene en sus capítulos 13 y 14 unas prescripciones que expresan el rechazo que causaba la lepra en la antigüedad y la marginación a la que eran sometidos quienes la padecían, debido a una concepción cultural que, además del temor al contagio, la asociaba con el pecado.

Por eso, para entender ciertos pasajes como el de la primera lectura, es importante tener en cuenta que en la Biblia se refleja una evolución en la forma de entender las situaciones humanas, con respecto a las cuales Jesús muestra una actitud totalmente distinta de la tradicional hacia quienes, por una enfermedad como la lepra –que era algo así como el sida de aquel tiempo–, eran rechazados y excluidos de la sociedad.

2.- Jesús revela la cercanía y la acción compasiva de Dios en favor de los excluidos

Una de las características del comportamiento de Jesús es su disposición constante a acoger a quienes rechazaban los que se creían “puros”, que se apartaban de los enfermos para así permanecer “incontaminados”. Jesús, al contrario, se acerca a todos los que sufren, cualquiera que sea su condición. En el relato que nos trae hoy el Evangelio podemos apreciar cómo Jesús deja que el leproso se le acerque, algo inconcebible para para quienes se preciaban de seguir a la letra las prescripciones rituales: los sacerdotes y demás ministros del antiguo culto religioso hebreo, como también los “doctores de la Ley”.

Pero no sólo deja que se le acerque y le diga “si quieres puedes limpiarme” –un acto de fe en el poder sanador de Jesús–, sino, además, extiende la mano y lo toca, manifestando así que la cercanía sanadora de Dios es un hecho palpable y transformador para toda persona que reconoce su necesidad de ser liberada del mal. Es más: al tocar al leproso, Jesús estaba contraviniendo la norma que mandaba no tener contacto con leprosos, y con este gesto indicaba hasta dónde llega la misericordia divina.

3.- Jesús no quiere que se confunda su misión con la de un milagrero explotador

El Evangelio según san Marcos es el que más insiste en lo que los estudiosos de los textos bíblicos llaman “el secreto mesiánico”, consistente en la orden que Jesús les daba, a las personas que había curado, de no divulgar sus milagros (“No se lo digas a nadie”). Con esta prohibición trataba de evitar que sus hechos fueran malinterpretados en el sentido de un falso mesianismo, opuesto a su verdadera misión. Sin embargo, los sanados no se aguantaban las ganas de proclamar lo que Él había hecho en su favor, de modo que, como cuenta el Evangelio, Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, sino que se quedaba fuera, en lugares solitarios. Lo que quiere mostrar el evangelista es que Jesús no quería ser confundido con un curandero mágico como tantos que explotan a la gente con fines de lucro personal.

El relato de la curación del leproso es una muestra de la compasión de Dios revelada en Jesús, que llega hasta compartir Él mismo la suerte de los marginados, pues también a Él se le discrimina y se le rechaza por dejar que ellos se le acerquen. ¿Cuál es nuestra actitud con respecto a los que sufren? Hay situaciones que pueden ser resultado de comportamientos de los que son responsables quienes las padecen, pero también puede haber otras causas, y de cualquier forma todo ser humano que sufre y reconoce su necesidad de salvación tiene derecho a ser tratado con compasión. ¿Es nuestra actitud discriminadora y excluyente como la de quienes se consideran mejores que los demás, o misericordiosa como la de Jesús?

Conclusión

Este domingo 11 de febrero coincide con la fecha en que el calendario católico conmemora la aparición de María santísima a una humilde pastora en Lourdes, al sur de Francia. Por esto mismo en esta fecha se nos invita a pedir muy especialmente por los enfermos, muchos de los cuales, movidos por la fe, acuden al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes para invocar su intercesión ante el poder sanador de Jesús. Oremos pues hoy por todos los enfermos, unidos en la fe, la esperanza y la caridad.