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El escandalo de la muerte

  •   Domingo Marzo 11 de 2018
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.
  •    Cuaresma

Que la muerte de Jesús haya escandalizado a los discípulos es claro en todo el Nuevo Testamento en mayor o menor medida. En Marcos es motivo para que todos los discípulos huyan. En Lucas y Mateo solamente algunas mujeres lo siguen de lejos de la cruz y en Juan no aparece más que el “discípulo amado” y algunas mujeres. Con tal fin, los cristianos no lograban ver ninguna salvación en la vida de Jesús.


Es la experiencia Pascual o presencia del Resucitado lo que les permite empezar a encontrar su fe. El solo hecho de que se hubiera entregado por nuestros pecados apenas si hacía a Jesús equivalente al “Sirvo sufriente” de Isaías, a un héroe macabeo, a un sacrificio griego, a un chivo expiatorio. Nada que ver con la salvación cristiana. El que hubiera resucitado para nuestra justificación empezaba a darle un sentido nuevo a su vida, antes incomprensible. Al recogerse los evangelios desde esta perspectiva, les permite darle el cariz de cosa manifiesta en la vida pública. Tal es el caso de la serpiente de bronce de hoy, tomada de una tradición judía del desierto. La serpiente está asociada a muchas religiones y el judaísmo no es la excepción.

Una serpiente que se muerde la cola (uróboros) es símbolo de eternidad, alfa y omega en muchas culturas primitivas; es símbolo de la salud en el caduceo, de las profecías de la pitonisa de Delfos. El veneno de la serpiente (farmakon, en griego) tiene el doble sentido de curar y matar. Es pues un animal ambiguo como siniestro, hostil, astuto, pérfido pero a la vez conocedor de los secretos de la tierra, del mundo inferior, de sus fuerzas vivificadoras y renovadoras. En el desierto, luego de la rebelión judía contra Yahvéh, el pueblo es atacado por una plaga de serpientes “de fuego ” y la solución es hacer una serpiente de bronce que se ubica en una hasta para que los picados la miren.

Es llamada Nejustán y conservada como objeto de culto en el Templo a la cual le ofrecían incienso, al menos hasta que el rey Ezequías la destruyó. Nejustán fue un símbolo sagrado dentro de la tradición mosaica y es un ente profiláctico en el desierto. En países vecinos era un símbolo de fertilidad y culto. Era el símbolo de Mitra, deidad popular entre los romanos . Luego se hará la serpiente símbolo del mal como en el relato de Adán y Eva y en el Apocalipsis con diferentes versiones de dragón, serpiente primordial, engaño, mentira. Esto es tomado del judaísmo tardío. Los demonios del Apocalipsis tienen cola de serpiente.

Jesús denuncia a los fariseos y saduceos como serpientes; los fariseos son llamados “raza de víboras”; alude a que ningún padre da una serpiente a un hijo en lugar de un pez pero curiosamente invita a sus seguidores a ser prudentes o astutos como serpientes. Cuando envía a sus discípulos les promete que tomarán serpientes en sus manos sin riesgo alguno. En los encuentros de Moisés con los magos del faraón se presenta un duelo de serpientes que salen de las varas de unos y otro. Para algunos comentaristas judíos, simboliza el fin de la magia pues la vara de Moisés nunca más de volverá serpiente y prohibirá en Israel los magos, adivinos, pitonisas, nigromantes, pues nadie puede pretender conocer un futuro que pertenece solamente Yahvéh.

En el gnosticismo, la serpiente enroscada en el árbol de la vida daba sabiduría y no desgracia como en el Génesis. Muchos símbolos tienen un origen caprichoso y volverlos realidad es desfigurarlos o volverlos mito en sentido negativo. La misma serpiente no es derrotada sino parcialmente en el Génesis. «Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: él te pisará la cabeza mientras tú lo herirás en el calcañar» (Gn 3:15). Isaías pone en un futuro escatológico la imagen idílica del niño que juega con la cueva de la serpiente.

En la interpretación judía, cuando los israelitas observan las prescripciones mosaicas, aplastan la cabeza de la serpiente y su linaje; pero cuando faltan a ellas, es la serpiente la que les muerde en el calcañar. Pero se trata de una victoria parcial. En efecto, en los días del mesías los israelitas quedarán curados de la herida en el calcañar, mientras que para la serpiente no habrá ningún remedio. La mujer, que algunos padres de la Iglesia aplican a María, en el judaísmo esta mujer representa no tanto a la humanidad en general como a la comunidad de Israel en camino hacia la redención mesiánica. En una palabra, al pueblo elegido con su mesías.

Que la serpiente sedujo a Eva no es más que una manera de dejar en el misterio el origen del mal, hasta hoy sin explicación aceptable. Jesús lo que muestra y explica es el bien, la misericordia, el reinado de Dios. Lo que el evangelio de Juan toma de la serpiente de bronce es que es levantada. Para Juan el momento de mayor gloria de Jesús coincide con su levantamiento en la cruz, algo que no es claro en los sinópticos. El dilema era si la cruz era gloria o vergüenza, salvación o fracaso. De hecho los primeros cristianos hasta el siglo IV prefirieron no utilizar el símbolo de la cruz y fue el pez el símbolo cristiano por excelencia.

Con Constantino, quien dice haber vencido a Majencio con el signo de la cruz, se mira entonces como victoria. Los ortodoxos la cubren de joyas pero poco usan el crucifijo que nace en el siglo IX para presidir las eucaristías . Varios teólogos opinan que luego de Auschwitz (holocausto judío) es necesario volver a una cruz que no sea signo de triunfo sino de Dios crucificado, humanidad sufriente, Jesús humillado. Pablo le da el sentido de amor precisamente por los pecadores: «Dios mostró su amor para con nosotros en que, siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros» (Rm 5,8). Pero como antes se dijo para nosotros el triunfo no es su muerte sino su resurrección y la Eucaristía es alrededor de la presencia del Resucitado, no del crucificado que es su paso a la resurrección, no su punto de llegada. Como decía el obispo de Turín Mauricio en el siglo IIX la cruz no es para adorarla sino para cargarla.

Israel no siempre fue fiel. Cedió con frecuencia a la tentación de representar a Yahvéh bajo la forma de un animal, un novillo, una serpiente Después del destierro la adoración de imágenes de animales es vista como la característica de los gentiles, especialmente de los egipcios, Se contaba cómo Daniel había matado a un dragón considerado como una divinidad para (supuestamente) poner en ridículo las creencias de los gentiles. Pablo describe de este modo la idolatría: «Cambiaron la gloria del Dios inmortal por la imagen del hombre mortal, de aves, de cuadrúpedos y de reptiles» (Rm 1,23). Los filisteos habían acudido a un remedio similar cuando hacen exvotos de oro de ratones para que cese la peste causada por el arca (1 Sm 6:4-5). La explicación popular de la serpiente, tampoco daba en el clavo; la resurrección sí.