Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

“La paz esté con ustedes”.

  •   Domingo Abril 15 de 2018
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.
  •    Pascua

Es el bello saludo con que Jesús, después de resucitar, se les presenta a los discípulos, como dice el evangelio de hoy, cuando acababan de regresar los discípulos de Emaús, que lo reconocieron al partir el pan.


Después Jesús les explica el misterio de la Muerte y Resurrección para que comprendan las Escrituras y luego los manda a predicar en su nombre a todas las naciones, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados.
Paz y Perdón. Si pensamos ahora en la Casa Común, estas palabras tienen un significado muy profundo. Cuantos pecados no cometemos contra la Naturaleza, contra el mundo que el Señor nos regaló y contra los hermanos con los que compartimos la Casa Común.

Esos pecados nos quitan a todos la Paz y nos dejan a merced del egoísmo humano. Por fortuna, tenemos la forma de recuperarla, gracias al Perdón, como nos dice Juan en su primera carta: “Pero si alguien peca, tenemos como intercesor ante el Padre, a Jesucristo, el Justo” (1 Juan, 2,1).

Monseñor Leonidas Proaño, obispo de Riobamba en Ecuador, nos ha dejado una escala tanto del Pecado Personal como del Social, que podemos aplicarla a la Ecología.

Primer escalón: el Deseo. Quiero acabar con unos árboles, que generosamente están dando el oxígeno a mi vecindario. Segundo escalón: el Pensamiento. Pienso en realidad cometer esa falta contra la comunidad. Tercer escalón: la Acción. En seguida paso a hacer ese daño con perjuicio de todos. Cuarto escalón: es cuando esto se va convirtiendo con el tiempo en una Actitud en mí. Hasta aquí estamos en el Pecado Personal.

Pasemos al Pecado Social. Quinto escalón: la sociedad admite como admisible el Criterio de yo puedo hacer lo que quiera con lo que me pertenece, así perjudique a los demás.

Por último llegamos al último escalón: el Pecado Estructural. La II Conferencia del Celam, en el profético documento que llamamos de Medellín lo llamó así, hace exactamente hace 50 años. Es decir, los gobiernos y la sociedad admiten estos males que perjudica a todos, como algo legal.

El mismo monseñor Proaño invitaba entonces en una ponencia a mirar con claridad: “Para esto es necesario ver con toda objetividad, profundidad y extensión las realidades, en medio de todas sus implicaciones” (Coordinación Pastoral, nr. 15).

Para poner un solo ejemplo: la cantidad de licencias que el actual gobierno ha dado a las empresas multinacionales para crear Minas de Oro en lugares donde claramente se perjudica a las comunidades campesinas. Por fortuna estas las han rechazado con sus valiosas Consultas Comunitarias.