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Jesús como pastor

  •   Domingo Abril 22 de 2018
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.
  •    Pascua

La imagen del pastor sufre cambios en la cultura judía, desde el recuerdo de su etapa como pueblo nómade, hasta la distribución de la tierra entre las tribus, cuando no se asigna tierra a la tribu de Leví, o tribu sacerdotal.


Su función era mantener viva y enseñar la Torah o sabiduría religiosa de Israel y debería vivir de la generosidad de los judíos. Sus necesidades las cubrían igualmente con el pastoreo. Así, pastor de Israel no era solamente el criador de ovejas y corderos sino el maestro espiritual y guía del pueblo judío.

Con el destierro a Babilonia, pierden el control de la tierra y a su regreso el pastor pasa a ser un invasor de tierra ajena, de manera que, en la época de Jesús el pastor (como oficio para ganarse el pan) era considerado un impuro, no podía ser jueces ni testigos en los juicios, los rabinos pedían no negociar con ellos y no comprarles lana, leche ni carne. No podían cumplir con todas las prescripciones rituales del judaísmo por razón de su oficio. Los pastores que visitan a Jesús y María en Belén, vivían al descampado y son los únicos pastores de carne y hueso citados en los evangelios. Los demás citados, lo son en parábolas, con la imagen antigua y un tanto romántica de los levitas o de la tribu de Leví. También hay críticas a los “pastores” religiosos de Israel que no cuidan las ovejas o se aprovechan de ellas. En el cristianismo, hacia el siglo IV empieza a formarse un fuerte sentido de “pastoreo” como el poder de jurisdicción de los obispos sobre los creyentes. El relato de Caín (agricultor) y su violencia contra Abel (pastor), además de de ser uno de los relatos de origen de la maldad humana, es para algunos comentaristas el reflejo del paso de una sociedad pastoril y nómade a una sociedad sedentaria y agrícola.

La idea de Abel como tipo del anti-tipo Cristo es común en los Padres de la Iglesia, pero ofensiva para los judíos. Abel como pastor prefiguraría Jesús como buen pastor; Abel llevaría un cordero a los hombros como Jesús a la oveja descarriada; Abel y Jesús habrían ofrecido sacrificios agradables a Dios; el cordero sacrificado por Abel sería aceptado como prefiguración del Cordero de Dios. Los judíos, en cambio, como raza de Caín, serían los asesinos de Jesús. La lectura alegórica del Antiguo Testamento es riesgosa y no siempre evangélica. El mismo Yahvéh es concebido en el judaísmo, no con ideas abstractas de “causa primera”, “motor inmóvil”, verdad, ser, esencia sino descrito como padre, pastor, agricultor, viñador, juez y rey. Era el hombre el que debía imitar a Yahvéh y no construir un Yhavéh a su medida .

Los personajes importantes del antiguo Israel son descritos como pastores: Abrahán, Moisés, Jacob, David, Amós y otros. Las figuras predilectas de los profetas para Israel eran la viña en cuanto agricultor y el rebaño en cuanto ganadero o pastor. Los judíos que por migración o destierro habían quedado en tierra extranjero, serían también ovejas del rebaño de Israel que algún día juntaría el pastor mesiánico. En la Pascua judía aparecen los frutos de ambas actividades: cordero por un lado y pan y vino por el otro. Decían los escritos piadosos judíos que Moisés había sido tan buen pastor que por esto fue escogido por Yahvéh para pastorear a Israel. En la tradición judía había que conservar siempre fresco el recuerdo de la época clásica del nomadismo judío cuando se formaron muchos de los valores que les dieron identidad; cuando el pueblo vivía en tiendas, llevando una existencia trashumante. A esta época estaba asociada la actuación de Yahvéh. Cuando el evangelio de Juan dice que el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, la expresión literal es “plantó su tienda entre nosotros” como hacían los pastores en sus recorridos en busca de pastos y agua. Muchos salmos cantan esa vida nómade en la cual el futuro dependía de Yahvéh quien manejaba la lluvia y la sequía, las tormentas y la bonanza. Hacer de Yahvéh un pastor marcaba también diferencia con los pueblos vecinos en los que dios tomaba la figura de un rey en su palacio, lleno de lujos y servidumbre.

Como buen pastor que se designa Jesús a sí mismo, asume la tarea de los pastores considerados impuros. Vive con sus ovejas; se llama a sí mismo redil y puerta del corral; dice conocer la voz de las ovejas y éstas la de aquél; se declara dispuesto a dar la vida por las ovejas; tiene un cariño preferencial por la oveja extraviada; espera reunir a las ovejas perdidas de la casa de Israel; no está dispuesto a huir cuando el lobo aparezca a hacer rapiña de las ovejas.

El juicio final está presentado en términos de pastor que separa ovejas de cabras. En Juan, cuando exista “un solo rebaño y un solo pastor”, es decir, cuando judíos y gentiles, bajo un solo Señor, se congreguen en una sola iglesia, entonces habrá alcanzado su meta la misión salvífica de Jesús. Las imágenes agrícolas son más mezcladas pues a veces aparece como sembrador, semilla, pequeño arbusto, grano de trigo; a veces como cosecha, mies para la siega, rendimiento abundante; a veces como propietario de la viña, capataz de obreros, prestamista de granos y aceite, mansión con muchas moradas. Jesús es presentado con adjetivo: buen pastor, quizás para diferenciarlo de la mala imagen corriente del pastor. A Pedro se le asigna la función de apacentar las ovejas y corderos de Cristo. Las imágenes del Buen Pastor son comunes en el arte primitivo cristiano. La más frecuente es con una oveja a hombros, pero las hay también como un joven imberbe usando una túnica a menudo sentado entre las ovejas, algunas veces con una flauta de pastor, algunas veces protegiendo el rebaño y hasta llevando un cubo con leche. Hasta en tumbas paganas se ha encontrado la imagen del Buen Pastor, como símbolo de filantropía o virtud principal del ciudadano.

Con la difusión del evangelio en medio de culturas más urbanas, especialmente en las comunidades formadas por Pablo, la imagen de pastor resulta menos significativa y no se habla del pastor mesiánico sino que la atención se centra en el título de soberanía que es Señor (Kyrios, en griego). En el Antiguo Testamento se designa a Yahvéh como el “pastor de Israel” y una de las invocaciones era: “Escucha, pastor de Israel”.

El profeta Ezequiel es el que más utiliza la imagen del pastoreo para criticar a los dirigentes de Israel. En su discurso no se refiere solo a los reyes y sus funcionarios en general, sino que apunta a todo el sector dirigente de la sociedad, incluidos desde luego los sacerdotes. Todos ellos son “pastores que se apacientan a sí mismos” y que no cumplen con sus deberes hacia las ovejas. «No fortalecéis a las débiles, no curáis a las enfermas, no vendáis a las que están heridas, no traéis a las descarriadas, no buscáis a las perdidas, sino que las domináis con dureza y crueldad» (Eze 34:4). En realidad más que un novedoso pastor Jesús lo que muestra es un nuevo tipo d pastoreo. Uno basado en el servicio de manera que el poder no se justifique como dominio sobre los demás. El pastor que huela a oveja del que ha hablado Francisco es el que no se contenta con quedarse en el redil sino que sale a las fronteras geográficas y espirituales donde por variados motivos viven las ovejas. Solo así se justifica la jurisdicción del pastor.