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La categoría de la Ascensión

  •   Domingo Mayo 13 de 2018
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.
  •    Pascua

El género narrativo de la ascensión aparece en varias expresiones de la vida religiosa, especialmente mística. El mismo Pablo se atribuye una ascensión de revelación: «Sé de un hombre en Cristo, el cual hace catorce años —si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe— fue arrebatado hasta el tercer cielo» (2 Co 12:2).


En la espiritualidad ortodoxa la Transfiguración tiene un tono de ascensión pues permite a los discípulos (y a los creyentes en general) adquirir una perspectiva o mirada distinta de las realidades terrenales . También los musulmanes tiene una celebración en su calendario llamada “la noche de la ascensión” alusiva al profeta Mahoma, quien habría ascendido al cielo desde la roca (llamada Moriá) donde se ubica la mezquita del mismo nombre, lugar del antiguo Templo de Jerusalén. Al mismo Alejandro Magno se le describe como ascendiendo en un carro al cielo, a la manera del profeta Elías. En el relato de los Hechos de los Apóstoles, la ascensión es la ocasión para que el Resucitado anuncie la promesa del Espíritu y el mandato de salir en misión a predicar.

La ascensión es la categoría que marca la aceptación “desde arriba” de la manera como Jesús realiza la salvación. La ascensión sería la contraparte del descenso o encarnación. Ambos conceptos describen un movimiento que parte del cielo y se dirige a la tierra y viceversa. El acento no recae sobre un cierto “viaje celeste”, sino que lo decisivo es la marcha de Jesús desde y hacia Dios. Se expresa en las categorías espaciales del concepto antiguo del mundo, con la tierra plana y el cielo arriba. Con la encarnación, obra del Espíritu, recorre Cristo el espacio que hay entre cielo y tierra, y se hace hombre. Con la ascensión sube adonde estaba antes.

Su bajada revela el amor del Padre y su subida el poder de Dios. En la bajada, Jesús es el revelador del camino que conduce al cielo; en la subida el perfeccionador de dicho camino por el que los suyos reciben la paternidad de Dios y la fraternidad del Hijo. Bajando y subiendo, recorre el espacio que había entre Dios y el mundo para que el hombre también pueda recorrerlo.

Dios se hace hombre para que el hombre se haga Dios, es el resumen de algunos Padres Griegos de la Iglesia. En la encarnación habría sido el mensajero (ángel) quien recorre el camino pero no era el ángel quien enseñara el retorno. Así como la resurrección podía entenderse como la reafirmación de que el camino correcto era el de la cruz, la ascensión reafirma que toda la vida de Jesús fue aceptable para el Dios y ahora se confirma con su regreso a su lugar de origen. Hay una interpretación un poco extraña del hijo pródigo en los escritos de Kiérkegaard que puede ilustrar la ascensión. Según Kierkegaard el mismo Jesús es el hijo pródigo que gasta toda su fortuna andando con pecadores y publicanos, como lo describen los evangelios sinópticos. Parece haber degradado la dignidad y fortuna del padre Dios pero en vez de recriminarlo lo abraza y hace una fiesta. No se ofende por lo que el hijo ha hecho sino que se alegra pues lo ha recuperado. No está lejos de la concepción de Pablo de la generosidad de la gracia divina precisamente cuando somos pecadores, o de la concepción del amor en Juan cuando éramos igualmente pecadores y ahora nuestro compromiso es buscar las ovejas perdidas y amar a otros pecadores. «Por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros» (Rm 5:7).

Cuando los discípulos eligen el reemplazo de Judas, que recae en Matías, aún no tienen claro dónde termina la revelación de Jesús si en la ascensión o en la resurrección: «Por tanto, es preciso que uno de los hombres que anduvieron con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús convivió con nosotros, a partir del bautismo de Juan hasta el día en que fue llevado de entre nosotros al cielo, uno de ellos tiene que ser con nosotros testigo de su resurrección» (Hc 1:22-23) aunque deja claro que la resurrección es el hecho destacable. La simbología bíblica usa igualmente imágenes de ascenso como cabeza, cima, alto, ángel, cielo, Padre; y de descenso como pies, noche, tierra, caída, pozo, infierno. En realidad el ser humano está en el intermedio de manera que puede descender hasta lo más abyecto o ascender hasta lo más sublime. La mística busca que el hombre ascienda, se supere a sí mismo. Quizás el Génesis es el que mejor combina ambos aspectos pues la “ascensión” a un tiempo primordial equivale a un “descenso” a las profundidades del hombre en donde encuentra lo esencial como es la imagen y semejanza divina pero a la vez la situación original (castigo de la caída), la violencia original (Caín y Abel) y la necesidad de superar tal estado.

La carta a los Hebreos es la que más consecuencias busca sacar del género ascensión. Luego de experimentar Jesús el sufrimiento humano, aceptar libremente morir en cruz y dar testimonio de su amor misericordioso, esto no disminuye con su ascensión a la diestra de Dios Padre (significa igualdad), donde sigue como sumo sacerdote misericordioso y fiel al que podemos dirigirnos, a fin de obtener misericordia y hallar gracia. Con la vida de Moisés se habían ya dado pinceladas al género asunción. Moisés sube al monte Nebo, divisa en toda su extensión la tierra prometida a los padres y muere en la soledad. A lo largo de los siglos se le dio a esta muerte el significado de ascensión a una forma más elevada de existencia.

Hay escritos sobre la “ascensión de Moisés” e incluso influyen en padres de la Iglesia como Gregorio Magno en su obra la Vida de Moisés. De ahí que no exista lugar conocido que pueda ser llamado la tumba de Moisés. Varios salmos son llamados de ascensión por usarse durante las peregrinaciones a Jerusalén, un poco más alta que el resto de la tierra circundante; pero igualmente describen dichos salmos (del 120 al 134) el esfuerzo del hombre solo, la lenta ascensión a Dios a través del sufrimiento, el sentido profundo de extravío por el alejamiento de Yahvéh y el deseo ardiente de volver a él. Se les llama también “salmos del peregrino”. Pero la ascensión tampoco es el fin, ni de la presencia divina, ni del camino de la Iglesia.

Los apóstoles piensan que después de su resurrección Jesús va a inaugurar este reinado mesiánico, porque de él habla el Señor en sus apariciones antes de la ascensión; pero el maestro les advierte que el tiempo del principio de ese acontecimiento pertenece a Dios Padre. No es algo inminente, porque primero es necesaria la difusión del evangelio entre todos los pueblos. Dos hombres vestidos de blanco piden a los galileos que no se queden mirando al cielo porque volverá, vuelve y sigue volviendo en la presencia de su Espíritu, de la gracia (según Pablo), del amor (según Juan), del perdón y la misericordia (según Lucas), del reinado de Dios que ya ha empezado (según Mateo). Marcos utiliza los dos relatos de Lucas (evangelio y Hechos) para sintetizar la ascensión. La visión de Lucas del arrebato corporal de Jesús se ha impuesto, aunque sólo se trate de una forma de representar el contenido teológico del hecho. Para la imagen del mundo, entonces imperante, no ofrecía ninguna dificultad, aunque en la contemporánea arriba y abajo sea relativo. Ahora Dios mismo estaba al alcance porque un “perfectamente hombre” estaba a su derecha.