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El Espíritu Santo acompaña a la Iglesia en su peregrinación

  •   Domingo Mayo 20 de 2018
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.
  •    Pascua

Hoy celebra la Iglesia una de las fiestas más solemnes del calendario litúrgico. El Señor resucitado había anunciado este regalo y había dicho que el Espíritu acompañaría a la Iglesia en su peregrinación hacia la casa del Padre fortaleciéndola en la fe, en la esperanza y en el amor; garantizando su fidelidad a la Palabra de Dios; renovándola continuamente.


¿Cómo se hizo presente el Espíritu Santo en la comunidad de los más íntimos seguidores de Jesús? El libro de los Hechos de los Apóstoles nos describe detalladamente la escenografía, en la que encontramos elementos propios de las teofanías del Antiguo y del Nuevo Testamento. Las teofanías eran manifestaciones particularmente solemnes del poder de Dios: ruido, fuego, palabras… Estos fenómenos nos indican que algo extraordinario está sucediendo en la comunidad reunida en oración.

La presencia del Espíritu Santo transforma sus vidas. Entienden en profundidad las enseñanzas del Maestro pues muchas de sus parábolas y sermones no habían sido asimilados; iluminados por el Espíritu Santo comprenden el significado de sus palabras, de gestos, milagros y, sobre todo, el sentido profundo de su pasión, muerte y resurrección. Superan los temores que los paralizaban para proclamar la Buena Nueva del Reino. Se llenan de sabiduría y elocuencia para llevar el anuncio a todos los pueblos. Ahora bien, los seguidores de Jesús de todos los tiempos vivimos nuestro propio Pentecostés cuando recibimos los sacramentos del Bautismo y la Confirmación.

En su I Carta a los Corintios, el apóstol Pablo nos describe con gran precisión teológica la acción del Espíritu en la Iglesia. Él es la fuente de la diversidad de carismas y vocaciones dentro de la comunidad. De manera muy pedagógica compara la vida de la Iglesia con el cuerpo humano con su enorme complejidad de estructuras y funciones.

Cuando uno reflexiona sobre la acción evangelizadora de la Iglesia a lo largo de los siglos, queda sobrecogido ante la infinita variedad de iniciativas llevadas a cabo por millones de hombres y mujeres comprometidos y generosos. Es un fecundo jardín donde crecen las plantas más diversas.

A lo largo de su historia, la Iglesia ha tenido que afrontar todo tipo de crisis y dificultades; unas veces, causadas por agentes externos; otras veces, por factores internos como las divisiones que han fracturado la comunión de la Iglesia, los escándalos, las luchas de poder etc. Es asombroso cómo la Iglesia no sólo ha logrado sobrevivir a estas devastadoras situaciones, sino salir fortalecida y purificada. Otra institución se habría derrumbado y desaparecido. Sin embargo, la Iglesia continúa su peregrinación. ¿Cómo se explica esto?

Es la acción del Espíritu Santo en la Iglesia que la renueva y conforta en medio de las tempestades. El Espíritu ha inspirado y sigue inspirando a hombres y mujeres de todas las condiciones sociales y culturales, que han ejercido unos liderazgos formidables que responden a las necesidades de la Iglesia en esos momentos particulares. A manera de ejemplo, pensemos en el liderazgo del Papa Francisco en el mundo de hoy. Sus dones y carismas han traído un mensaje de esperanza; los jóvenes se sienten atraídos por sus palabras y gestos; su voz es escuchada más allá de las fronteras de la Iglesia Católica.

En diversas épocas se han escuchado voces que profetizaban la muerte de Dios y la desaparición de la Iglesia y de los movimientos religiosos, los que, según ellos, eran enfermos terminales. Muchos católicos se han sentido desalentados por estas palabras tan negativas sobre el futuro de la Iglesia. ¡Hombres y mujeres de poca fe! El Espíritu Santo sigue actuando en la Iglesia; sus dones y carismas seguirán floreciendo en la comunidad.

El Espíritu Santo actúa en la Iglesia universal, garantizando que Ésta, como Madre y Maestra, anuncie fielmente el Evangelio. Esta fidelidad fundamental al Señor coexiste con las innumerables infidelidades y pecados de los miembros de la comunidad eclesial. Por eso se afirma que la Iglesia es, simultáneamente, santa y pecadora.

El Espíritu Santo actúa igualmente en las comunidades particulares y en cada uno de los bautizados animando, confortando, inspirando. Ahora bien, el Espíritu Santo actúa discretamente, silenciosamente. Por eso es necesario afinar los sentidos interiores para poder identificar las mociones del Espíritu. Los consejeros espirituales hablan del discernimiento como un proceso espiritual de búsqueda de la voluntad de Dios que se manifiesta sutilmente por múltiples caminos. No esperemos intervenciones extraordinarias del Espíritu Santo en nuestras vidas. Él se manifiesta delicadamente en la vida diaria; hay que saber escucharlo.

En esta fiesta de Pentecostés, la liturgia trae un texto muy bello llamado Secuencia. Los invito a apropiarnos de sus palabras a manera de oración:

Ven, Dios Espíritu Santo,
y envíanos desde el cielo
tu luz, para iluminarnos.

Ven ya, padre de los pobres,
luz que penetra en las almas,
dador de todos los dones.

Fuente de todo consuelo,
amable huésped del alma,
paz en las horas de duelo.