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Pascua Judía y Eucaristía

  •   Domingo Junio 03 de 2018
  •   Apuntes del Evangelio
  •    Luis Javier Palacio Palacio, S.J.
  •    Ordinario

Cena del Señor es el término utilizado por Pablo para la comida regular y sagrada de la comunidad cristiana. Eucaristía (acción de gracias por la creación y la redención) es el término más representativo.


En la primitiva comunidad cristiana la Cena del Señor tenía un contexto de comida ordinaria en común de tal manera que Pablo critica a los corintios por el desarreglo en el consumo de las comidas. Algunos poderosos consumían lo que llevaban mientras algunos pobres pasaban hambre. Pablo conceptúa que esto desvirtuaba la Cena del Señor. Este escándalo para Pablo era lo que constituía tomar “indignamente” la Cena que luego se tomó en sentido espiritualizado. Es en esta carta donde se da el más antiguo relato de la institución de la Eucaristía, tal como lo consigna Marcos en el evangelio de hoy.

«Porque yo recibí del Señor lo que os transmití: que el Señor Jesús, la noche en que era entregado, tomó pan, dando gracias, lo partió y dijo: “Este es mi cuerpo que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía.” Asimismo tomó el cáliz después de cenar, diciendo: “Esta copa es la nueva Alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en memoria mía.”» (1 Co 11:23-25). Similar formulación se encuentra en los tres evangelios sinópticos con algunas variaciones. En el de Mateo, luego de la bendición de la copa, se expresa “para el perdón de los pecados”.

Lucas y Pablo usan el mandato de repetir tal celebración “en memoria mía”. En el evangelio de Juan en dicho momento se ubica una comida ligada al ritual del lavado de los pies pero igualmente con el mandato de que se laven los pies unos a otros. De ahí que se conozca el jueves santo como Jueves del Mandato. Detrás de la tradición de la Cena del Señor tenemos varias descripciones de cenas o comidas de Jesús. Cena con publicanos y pecadores, reparte pan seis veces y vino una vez en las bodas de Caná y luego de resucitado come con sus discípulos. Además, en varias parábolas la metáfora central es un banquete. Si se le da un realce especial a la cena de Pascua es porque es la última y se da en Jerusalén, una ciudad cargada de mucho simbolismo.

En la pascua judía era sacrificado el cordero pascual en el Templo y comido en familia. Celebraba la alegría por la liberación de Egipto y era una forma de mantener viva la identidad histórica del pueblo. Todo judío debía sentir que él, personalmente, era liberado nuevamente de la esclavitud en Egipto (anamnesis). Sin embargo, solamente Juan pone a Jesús a morir a la hora del sacrificio de los corderos. En los sinópticos, Jesús muere luego de dicho sacrificio.

La Pascua judía de hecho rompe con las tradiciones sacrificiales de otras religiones, pues la fiesta propiamente no es en el Templo sino en familia y acompañada de lecturas y salmos que dan cuenta de la salvación del pueblo. El sacrificio no era nunca de un ser humano como en otras culturas, algo que viene desde el frustrado sacrificio de Isaac. En la última cena, tanto como en la Cena del Señor, lo que se ofrece es pan y vino, dos de los seis platos especiales de la Pascua judía. Sobre ellos se recitaban bendiciones especiales.

El pan simboliza toda la comida que proveía la tierra que “mana leche y miel” y el vino la alegría de la liberación. Una de las interpretaciones tempranas más significativas de la Cena del Señor, la da Ignacio de Antioquía quien la llama “remedio de inmortalidad, antídoto para la muerte, vida para siempre en Jesucristo”. Evidentemente piensa en el Resucitado quien es el presente en medio de la comunidad. La Iglesia Oriental siguió tal lineamiento, igual que la Occidental, hasta el IV Concilio lateranense (1215) que introdujo el complejo término “transubstanciación” para el pan y el vino, suscitando muchos debates más filosóficos que bíblicos.

Con la Reforma aparece el término consubstanciación y luego del Concilio de Trento aparece aniquilación, creación, abducción, impanación, transfiguración, virtualidad, tras-significación y tras-finalización. Igualmente la diferencia entre real y verdadero. También aparece la herejía jansenista que hace de la comunión un regalo para los perfectos y aleja del sentido original del mandato: “Tomada y comed… tomad y bebed…” Igualmente enfatiza la confesión y penitencia previas que lleva a una concepción más individualista de la comunión con desmedro del aspecto comunitario . El sentido de comida, Cena del Señor, queda bastante oscurecido. Hacia el año 100 aparece el pre-requisito del bautismo para tomar parte en la Cena del Señor.

El Vaticano II, al enfatizar la importancia de la Eucaristía en la conformación de la comunidad creyente, enfatiza la necesidad de la “liturgia de la palabra” como en la historia de salvación de la Pascua judía y el sentido del sacerdocio común de todos los fieles. Todos celebran la Eucaristía y el sacerdote ofrece en nombre de la comunidad cristiana. Igualmente la comunión como la mejor expresión de la participación en la Eucaristía. Siendo significativo cada momento del rito, debates como el que se presenta entre Oriente y Occidente sobre el “agente” consecratorio (para Occidente son las palabras de la institución; para Oriente es la invocación del Espíritu o epíclesis) resultan discusiones sin fin . Esto ha tenido consecuencia en la inter-comunión, que es un ideal del ecumenismo.

Podría decirse que la Eucaristía recoge cinco aspectos que totalizan la salvación: a) acción de gracias al Padre; b) memorial de Cristo; c) invocación del Espíritu; d) comunión de los creyentes; e) comida del reinado de Dios (reinado presente y venidero o futuro). Tomar conciencia de que toda la creación es motivo de gratitud es hoy más urgente que nunca con la crisis ecológica. El memorial de Cristo no se reduce a su muerte en cruz sino que incluye su vida pública (lecturas) y su resurrección (anamnesis o re-actualización). La comunidad que celebra se constituye en familia través de la misma celebración de la Eucaristía de manera que es siempre comunidad en construcción, en conversión, en camino, en proceso. La misma Eucaristía los impulsa con alegría y esperanza a la misión de la difusión del evangelio y servicio a la sociedad. Este es su sentido de banquete del Cordero esperado en el Apocalipsis. El ¡Amén! de los creyentes tiene tal sentido igual que el ¡Maran-atha! de algunas oraciones. La Eucaristía no reemplaza la Pascua judía que se sigue celebrando en dichas comunidades, pero nos permite darle realce a la Eucaristía que sigue enriqueciéndose de sentido en un mundo cambiante.