Descargue la Homilía en formato .PDF

↓ Descargar

“Árbol de la ciencia del bien y del mal”

  •   Domingo Junio 10 de 2018
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.
  •    Ordinario

Si alguna vez visitamos un Jardín Botánico, no estará por demás preguntarle a los compañeros si no vieron el “árbol de la ciencia del bien y del mal”.


De seguro nos contestarán que no, como si no hubieran visto al portero, a los mismos visitantes y a los propios compañeros. Y la pregunta pertinente entonces sería: ¿Y estas personas no tienen el árbol, la Conciencia, del Bien y del Mal?

No podemos olvidar que los primeros 11 capítulos del Génesis “no son históricos, pero tienen historia”. Una poesía sobre Bolívar que lo presenta entrando en “las alas del triunfo” a Santa Fe y al que “los árboles tutelares lo aplauden”, no es historia, pero sí tiene historia: Bolívar existió, su entrada triunfal también, lo mismo los bosques.

Algo por es el estilo podríamos afirmar sobre los árboles que tanto el primer hombre como la primera mujer podían comer con gusto y sin problema. Lo mismo sobre el árbol prohibido. Este incluso tiene una enseñanza más extensa. Allí aparece la serpiente, creada por Dios y presentada como un ser bien astuto, que busca engañar a los hombres. Es un personaje literario que nos recuerda la antigua y actual tentación de ser como dioses, comiendo del árbol de la Vida.
Eva aquí mira con otros ojos el árbol de la Vida y ve con gusto la posibilidad de dominar a Dios y conocer su secreto. Entonces se le abren los ojos, no para ver como los dioses, sino para conocer su desnudez, su finitud.

Por otra parte, es frecuente encontrar personas que frente a los que llamaríamos “pecados ecológicos” (botar basura a los ríos, destrozar árboles, maltratar a los perritos, etc.) se imaginan que la solución está en los castigos, incluso en la cárcel para los culpables.

Pero se olvidan que esos castigos son la consecuencia cívica de tales faltas, pero la solución está en algo diferente: en la gracia que viene de Dios. Cuando esas personas cambien de actitud y de pensamiento, verán en la Naturaleza la obra del Creador y comenzarán a respetarla y a respetar a los otros.

Es verdad que hay pecados muy graves contra la Casa Común. Por ejemplo, la desertificación, bien sea acabando con los bosques y con los ecosistemas para buscar el dinero, las enormes ganancias, por ejemplo, con los monocultivos, sin importarles el mal que hacen la a la comunidad.

Podríamos aquí recordar la última frase del evangelio de hoy: “Estos son mi madre y mis hermanos. El que haga la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre”.