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El Nacimiento de Juan Bautista

  •   Domingo Junio 24 de 2018
  •   Aporte ecológico a la Homilía del Domingo
  •    Alejandro Londoño Posada, S.J.
  •    Ordinario

Isaías en la primera lectura aparece como designado por Yahvé para una misión superior a la de los profetas anteriores. Estos se sintieron llamados a una misión de tipo regional, a la Casa de Israel. Isaías, por el contrario, en este pasaje aparece destinado a una misión universal: “luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra” (Is., 49,6).


Más adelante Juan Bautista será la lucecita que señalará la verdadera Luz que ilumina y seguirá iluminando el mundo actual, “porque la mano del Señor esta con Él” (Lucas, 1,80).

La segunda lectura del día, nos aclara el sentido de la solemnidad de la fiesta de hoy: El Nacimiento de Juan Bautista. Este predicó a todas las naciones la necesidad de un bautismo de conversión. Pero fue humilde y confesó que detrás de él vendría Alguien, a quien él no merecía desatarle las sandalias.

El Papa actual no ha dado en estos tiempos, un documento que merece en título que Isaías da al Siervo de Dios, a saber, ser “luz de las naciones”, por su alcance que llega hasta el confín de la tierra. Es la encíclica LAUDATO DI, Alabado seas.

En realidad, esta encíclica se ha convertido para el mundo actual en Luz de la Naciones, pues nos hace pensar en lo que está pasando en la Casa Común, el las razones de la crisis ecológica actual, en la necesidad de una Ecología Integral, que abarque lo ambiental, lo económico, lo cultural, lo cotidiano y lo religioso.

También nos invita a pensar en la educación escolar y en la familiar. Es triste lo que está pasando en las calles y en las puertas de los colegios. Gente vendiendo droga a los niños sin una reacción fuerte de las autoridades y educadores.

Pero nos consuela una luz reciente y es la convocatoria al Sínodo llamado a responder a los problemas de la Región Amazónica. Mirando entonces más ampliamente el sentido que tiene éste, nos da alguna manera el poder hablar de una Luz para todas las naciones panamazónicas.

Y más ampliamente de toda la Casa Común, pues todos vamos resultar beneficiados, con esta preocupación de la Iglesia por defender a la Humanidad entera de la desertificación, del desalojo de las tierras de las comunidades campesinas y en especial de las comunidades indígenas, para reservar este Pulmón del mundo entero.