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Zacarías pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre»

  •   Domingo Junio 24 de 2018
  •   El mensaje del Domingo
  •    Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J.
  •    Ordinario

A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo. Se enteraron sus vecinos y parientes de que el Señor había tenido con ella una gran misericordia, y la felicitaban. A los ocho días fueron a circuncidar al niño, y lo llamaban Zacarías, como a su padre. La madre intervino diciendo: “¡No! Se va a llamar Juan”. Le replicaron: “¡Ninguno de tus parientes se llama así!” Entonces preguntaban por señas al padre cómo quería que se llamase. El pidió una tablilla y escribió: “Juan es su nombre”.


Todos se quedaron extrañados. Inmediatamente Zacarías recuperó el habla y empezó a bendecir a Dios. Los vecinos quedaron impresionados, y corrió la noticia por toda la montaña de Judea. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: “¿Qué va a ser de este niño?”. Porque la mano del Señor estaba con él. El niño iba creciendo, y su carácter se afianzaba; y vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel (Lucas 1, 57-66.80).

Los únicos nacimientos que la Iglesia católica celebra en su liturgia son el de Jesús, el de María santísima y el de san Juan Bautista. De esta forma la Iglesia ha querido expresar la importancia de este personaje que, en palabras de San Agustín (siglo IV d.C.) “viene a ser como la línea divisoria entre los dos Testamentos, el Antiguo y el Nuevo” (Liturgia de las Horas, Oficio de Lectura, 24 de junio, Sermón 293, 1-3). Y es tan importante, que la fiesta de su nacimiento se celebra con oraciones y lecturas propias, aunque la fecha caiga en domingo. Meditemos sobre lo que significa para nosotros esta conmemoración, a la luz de las lecturas de hoy: Isaías 49, 1-6; Salmo 139 (138); Hechos 13, 22-26; Lucas 1, 57-66.80.

1. Zacarías pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre»

En una homilía sobre san Juan Bautista, el papa san Juan Pablo II dijo: “Dios nos conoció y nos amó antes aún de que nuestros ojos pudieran contemplar las maravillas de la creación. Todo hombre al nacer recibe un nombre humano. Pero antes aún, posee un nombre divino: el nombre con el que Dios Padre lo conoce y lo ama desde siempre y para siempre. Eso vale para todos, sin excluir a nadie. Ninguna persona es anónima para Dios (…). A sus parientes sorprendidos, Zacarías les confirma el nombre de su hijo escribiéndolo en una tablilla. Dios mismo, a través de su ángel, había indicado este nombre, que en hebreo significa Dios es favorable. Dios nos es favorable a todos los seres humanos: quiere nuestra vida, nuestra salvación” (Misa en el Aeropuerto de Chayka -Kiev- , 24 de junio de 2001).

Los nombres bíblicos suelen tener significados que indican cómo Dios se relaciona con quienes los llevan. Por ejemplo, el mensajero que le anuncia a Zacarías que su esposa Isabel va a tener un hijo es el arcángel Gabriel, que significa Fuerza de Dios. Isabel, a su vez, significa Aquella a quien Dios ha ayudado. Zacarías quiere decir Dios se acuerda. Y el nombre Juan (Dios ha compadecido) resalta la misericordia de Dios al hacer posible el nacimiento de aquel niño que sería el precursor de nuestro Señor Jesucristo.

A cada uno y cada una de nosotros nos ha llamado también el Señor para realizar una misión que podemos conocer mediante un discernimiento que nos lleve a descubrir cuál debe ser nuestro proyecto de vida en coherencia con su plan creador y liberador. Por eso, al celebrar el nacimiento de san Juan Bautista, preguntémonos cómo estamos realizando nuestra misión, y qué debemos hacer para realizarla cada día mejor.

2. Zacarías recuperó el habla y empezó a bendecir a Dios

San Agustín (354-430 d.C.) escribió lo siguiente acerca del Evangelio de hoy: “Zacarías calla y pierde el habla hasta que nace Juan, el precursor del Señor, y abre su boca. Este silencio de Zacarías significaba que, antes de la predicación de Cristo, el sentido de las profecías estaba en cierto modo latente, oculto, encerrado. Con el advenimiento de aquél a quien se referían estas profecías, todo se hace claro. El hecho de que en el nacimiento de Juan se abre la boca de Zacarías tiene el mismo significado que el rasgarse el velo (del templo) al morir Cristo en la cruz. Si se desata su lengua es porque ha nacido aquel que es la voz; en efecto, cuando Juan cumplía ya su misión de anunciar al Señor, le dijeron: ¿Tú quién eres? Y él respondió: Soy la voz que grita en el desierto. Juan era la voz; pero el Señor era la Palabra que //en el principio ya existía. Juan era una voz pasajera, Cristo la palabra eterna desde el principio” (Sermón 293, 1-3).

Todos los creyentes estamos llamados a dar testimonio de nuestra fe. Zacarías, que era sacerdote del templo de Jerusalén, había quedado mudo por su falta de fe en la promesa de Dios, quien le había anunciado que Isabel, ya mayor, iba a dar a luz, y recuperó el habla cuando reconoció como su hijo concedido por la misericordia de Dios a quien sería la voz que clama en el desierto. Asimismo nosotros: podemos comunicar adecuadamente lo que Dios significa para nuestra vida cuando reconocemos con fe el poder infinito de su amor.

3. Y todos los que lo oían reflexionaban diciendo: “¿Qué va a ser de este niño?”

Este interrogante de los vecinos de la familia de Juan Bautista volverá a resonar cuando sus discípulos y quienes lo escuchen hablar a orillas del río Jordán le pregunten si él es el Mesías prometido. Juan les responderá: Yo no soy lo que ustedes piensan, sino que después de mi vendrá otro al cual no soy digno de desatarle las sandalias (segunda lectura). Qué diferente es esta respuesta con respecto a la prepotencia de quienes se creen superiores a los demás y presumen de sus posiciones de poder: “usted no sabe quién soy yo”, suelen decirles a quienes pretenden hacer sentir inferiores. Todo lo contrario al reconocimiento humilde de Juan.

Juan reconoce y afirma su misión de precursor o preparador del camino de Jesús para que éste pueda ser conocido y seguido por quienes van a ser sus primeros discípulos. También nosotros estamos llamados a preparar el camino para que el Señor pueda llegar a la vida de otras personas: los padres con respecto a sus hijos, los maestros con respecto a sus alumnos, los sacerdotes y demás agentes pastorales con respecto a los integrantes de las comunidades para las cuales trabajan. ¿Cómo estamos cumpliendo nuestra misión? Para realizarla como es debido, tenemos que actuar con humildad, sin prepotencias ni ambiciones de protagonismo. Que el Señor nos ayude a hacerlo así, siguiendo el ejemplo de san Juan Bautista.