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Juan Bautista, un personaje muy singular

  •   Domingo Junio 24 de 2018
  •   Pistas para la Homilía del Domingo
  •    Jorge Humberto Peláez Piedrahita, S.J.
  •    Ordinario

Hoy celebra la liturgia el nacimiento de Juan Bautista, quien es el último de los profetas del Antiguo Testamento y anuncia la proximidad del Reino de Dios.


Durante siglos, el pueblo de Israel había escuchado la promesa de un Mesías, que cambiaría el rumbo de la historia y abriría una nueva etapa en la historia de la salvación.

Juan Bautista aparece en la historia de Israel cuando esta promesa va a convertirse en una realidad, y él es la persona escogida por Dios para preparar esa transición. Para comprender la importancia de Juan Bautista basta recordar las palabras de Jesús, que nos transmite el evangelista Lucas: “Entre los nacidos de mujer no hay ninguno mayor que Juan”.

La liturgia de este domingo empieza con un texto del profeta Isaías que nos ayuda a enmarcar el perfil de este singular personaje. Allí leemos: “El Señor me llamó desde el vientre de mi madre; cuando aún estaba yo en el seno materno, Él pronunció mi nombre”.

Este texto, escrito en un contexto muy diferente, nos invita a reflexionar sobre las características de Juan Bautista, quien rompe los moldes convencionales. Las informaciones sobre este personaje las tenemos a través del evangelio de Lucas:

Juan Bautista nace de unos padres, Zacarías e Isabel, que ya habían aceptado que su matrimonio era estéril. En el Antiguo Testamento hay varias historias de esposos ancianos a quienes Dios concede el don de la fecundidad; esos hijos están destinados a cumplir una misión especial dentro de la historia del pueblo de Israel. El ángel Gabriel le anuncia a Zacarías, que había entrado en el santuario para quemar incienso: “No temas, Zacarías, porque tu petición ha sido escuchada; Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan; será para ti gozo y alegría, y muchos se gozarán de su nacimiento, porque será grande ante el Señor”. Así, pues, Juan fue concebido cuando sus padres no estaban en capacidad de engendrar.

Otro acontecimiento extraordinario en la vida de Juan Bautista se da cuando María visita a Isabel; estas dos mujeres estaban embarazadas y su encuentro constituye algo excepcional; el evangelista nos transmite esta experiencia: “Y sucedió que, en cuanto oyó Isabel el saludo de María, saltó de gozo el niño en su seno, e Isabel quedó llena del Espíritu Santo”.

Otra escena muy especial en la vida de Juan Bautista tiene que ver con la imposición de su nombre; tanto la madre como el padre insisten en que su nombre debe ser Juan, a pesar de no haber tradición familiar con este nombre. Este hecho no pasó desapercibido para los vecinos y conocidos; nos cuenta el evangelista Lucas: “Invadió el temor a todos sus vecinos, y en toda la montaña de Judea se comentaban todas estas cosas; todos los que las oían las grababan en su corazón, diciendo: Pues, ¿qué será este niño? Porque, en efecto, la mano del Señor estaba con él”.

Estos testimonios del evangelista Lucas nos permiten vislumbrar la importancia de la misión que Dios le había confiado a Juan en este momento en que la promesa, anunciada durante siglos, se iba a hacer realidad en Jesús de Nazaret.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles, leemos una catequesis del apóstol Pablo a los judíos, en la que resume la misión de Juan: “Juan preparó su venida, predicando a todo el pueblo de Israel un bautismo de penitencia”. Es importante que nos detengamos a reflexionar sobre el llamado que hace Juan a la conversión interior. Las expectativas sobre el Mesías habían evolucionado de una manera radical: en los comienzos, el pueblo esperaba a un personaje poderoso que restablecería las viejas glorias de Israel, cuyo referente idealizado era el reinado de David; después, a través de las reflexiones que fueron madurando en medio de las vicisitudes de su historia, fueron comprendiendo que se trataba de un reino espiritual que exigía una transformación interior. Ciertamente, no fue fácil para el pueblo aceptar este cambio de perspectiva. Juan Bautista anuncia cuál es la nueva realidad que ya está muy próxima y da testimonio de ella con su estilo de vida.

En la catequesis de Pablo, que conocemos a través del texto de los Hechos de los Apóstoles, hay un rasgo de la personalidad de Juan que nos impacta. Se trata de su profunda humildad: “Yo no soy el que ustedes piensan. Después de mí viene uno a quien no merezco desatarle las sandalias”:

Desde sus comienzos, la vida de Juan Bautista había estado acompañada de hechos excepcionales. Era, pues, natural, que la imaginación popular elaborara todo tipo de relatos sobre su identidad.

En vez de aprovecharse de estos relatos, él se encarga de desmentirlos. Se presenta como un ser humano, frágil, al servicio de una causa noble. Esta sencillez da una lección muy importante a todos aquellos que quieren aprovechar para su beneficio personal la posición que ocupan. Por el contrario, Juan Bautista muestra un total desapego del poder. No espera ningún reconocimiento. Se siente un simple instrumento al servicio de una causa, sin buscar protagonismos.

Una palabra que resume la misión de Juan Bautista es la de ser precursor, el que prepara los caminos… Esta forma de expresar la misión es profundamente inspiradora para los educadores, para todos aquellos que pretendemos acompañar a otros en su proceso de crecimiento interior. Somos simples colaboradores en la misión de preparar el terreno para que la semilla de los valores pueda germinar. Dejemos a un lado las vanidades y protagonismos. Sepamos desaparecer cuando hayamos terminado nuestro servicio.