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El Mensaje del Domingo, por Gabriel Jaime Pérez, S.J., X Domingo del Tiempo Ordinario -B-, El Cuerpo y la Sangre de Cristo - Junio 10 de 2

  •   Domingo Junio 10 de 2012
  •   El mensaje del Domingo
  •    Gabriel Jaime Pérez Montoya, S.J.

El primer día de la fiesta en que se comía el pan sin levadura, cuando se sacrificaba el cordero pascual, los discípulos de Jesús le preguntaron: -¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua? Entonces envió a dos de sus discípulos, diciéndoles: -Vayan a la ciudad. Allí encontrarán a un hombre que lleva un cántaro de agua; síganlo, y donde entre, digan al dueño de la casa: El Maestro pregunta: ¿Cuál es el cuarto donde voy a comer con mis discípulos la cena de Pascua? Él les mostrará en el piso alto un cuarto grande, arreglado y listo para la cena. Prepárennos allí lo necesario.

Los discípulos salieron y fueron a la ciudad. Lo encontraron todo como Jesús les había dicho, y prepararon la cena de Pascua. Mientras comían, Jesús tomó en sus manos el pan y, habiendo pronunciado la bendición, lo partió y se lo dio a ellos, diciendo: --Tomen, esto es mi cuerpo. Luego tomó en sus manos una copa y, habiendo dado gracias a Dios, se la pasó a ellos, y todos bebieron. Les dijo: --Esto es mi sangre, con la que se confirma la alianza, sangre que es derramada en favor de muchos. Les aseguro que no volveré a beber del producto de la vid, hasta el día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios. Y después de cantar los salmos, se fueron al Monte de los Olivos. (Mateo 14, 12-16. 22-26).

La fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, que comenzó a celebrarse en la ciudad belga de Lieja en el año 1246, fue extendida en el 1264 a toda la Iglesia Católica por el papa Urbano IV, para proclamar la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía y contrarrestar así las enseñanzas de quienes la negaban y decían que el pan y el vino consagrados eran simplemente un símbolo conmemorativo de la última cena del Señor.

1. La Eucaristía es sacrificio y sacramento

Como sacrificio, la Eucaristía es el memorial que no sólo recuerda, sino además actualiza el misterio pascual de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. La primera lectura (Éxodo 24, 3-8) evoca una prefiguración del sacrificio redentor de Jesús, quien iba a cambiar con la entrega de su propia vida el antiguo rito llamado sacrificio de comunión, realizado con la sangre de animales para establecer la alianza o pacto de amistad entre Dios y el pueblo escogido de Israel. Con su sacrificio redentor, Jesús se constituye en mediador de una alianza nueva, tal como nos lo indica la segunda lectura (Hebreos 9, 11-15), y como el propio Jesús nos lo dice en el texto del Evangelio: “Esto es mi sangre, con la que se confirma la alianza, sangre que es derramada en favor de muchos”. La palabra muchos significa aquí que, aunque la acción redentora de Jesús tiene como destinataria a toda la humanidad, sólo reciben sus efectos quienes viven de acuerdo con sus enseñanzas, que se resumen en el mandamiento del amor a Dios manifestado en el amor al prójimo como Jesús mismo nos mostró que nos ama al entregar su vida por nosotros.

Como sacramento, la Eucaristía es por excelencia el signo de la presencia real y salvadora de Jesucristo, que nos alimenta espiritualmente con su propia vida entregada y resucitada, y que por la acción del Espíritu Santo nos une en comunidad. “Comunión” significa precisamente tanto el hecho de participar por este sacramento de la vida eterna del Señor, como también el de formar con Él y entre nosotros, al compartir su Cuerpo y su Sangre -es decir, su vida- una comunidad fraterna de hijos e hijas de Dios.

2. En la Eucaristía se hace realmente presente Jesucristo resucitado

La presencia de Jesús en la Eucaristía no es aparente, es real. Pero esta realidad no es la de un fenómeno material verificable por los sentidos, sino la de un misterio de orden espiritual, sólo captable por la fe. Esa presencia suya en medio de nosotros después de su muerte y resurrección, quiso invitarnos Él a reconocerla en las especies del pan y el vino consagrados con el rito que en la última cena, antes de su pasión, les dijo a sus primeros discípulos que repitieran después en conmemoración suya.

En este sentido, el pan (las “hostias”, hechas de pan ácimo o sin levadura) y el vino, en virtud de su consagración, se convierten para nosotros, gracias a la acción de su Espíritu Santo, en la presencia viva de Jesús. Él es la Palabra de Dios hecha carne que nos alimenta no sólo con sus enseñanzas, sino con su propia vida entregada y resucitada que está siempre disponible para nosotros en lo que llamamos el Santísimo Sacramento. Tal es el sentido de las hostias consagradas que se guardan en el sagrario para nuestra adoración y para la comunión de quienes, por enfermedad u otra razón, no han podido o no pueden participar presencialmente en la celebración eucarística.

3. Celebrar la Eucaristía es expresar que somos y queremos ser comunidad de Amor

Al compartir en la comunión la vida entregada y resucitada de nuestro Señor Jesucristo, su Espíritu nos une en un solo cuerpo, una comunidad llamada a realizar el mandamiento del amor. El papa Benedicto XVI, en su Encíclica Dios es Amor (en latín Deus Caritas est y en griego O Theos Ágape estin), publicada al finalizar el año en que inició su pontificado (el 2005), nos ofrece una reflexión muy apropiada para meditar hoy en el significado de la Eucaristía:

“La unión con Cristo es al mismo tiempo unión con todos los demás a los que él se entrega. No puedo tener a Cristo sólo para mí […]. Ahora, el amor a Dios y al prójimo están realmente unidos: el Dios encarnado nos atrae a todos hacia sí. Se entiende, pues, que el Ágape se haya convertido también en un nombre de la Eucaristía: en ella el Ágape de Dios nos llega corporalmente para seguir actuando en nosotros y por nosotros. […]. Una Eucaristía que no comporte un ejercicio práctico del amor es fragmentaria en sí misma. Viceversa […], el «mandamiento» del amor es posible sólo porque no es una mera exigencia: el amor puede ser «mandado» porque antes es dado.” (Encíclica Dios es Amor, 12 - 14).-

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