Todos tenemos vocación

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Por: Enrique A. Gutiérrez T., S.J.

Hoy, cuando el mundo se encuentra convulsionado por una pandemia que nos tiene aislados socialmente, cuando se vive un clima de incertidumbre por lo que pueda depararnos el futuro, cuando en todos los países la recesión económica está a la orden del día, vale la pena preguntarse cómo podemos salir de la crisis en la cual estamos sumergidos. Fácilmente, la respuesta es un no hay manera de lograrlo.

Por otro lado, el compromiso de vida cristiano se ve amenazado por muchos factores que lo hacen difícil. Hay personas que se preguntan si vale la pena seguir viviendo a la luz de los valores del evangelio. Se cuestiona todo, se interroga todo. Parece que estuviéramos viviendo el final de muchas cosas y situaciones a todo nivel.

Sin embargo, surge un interrogante: ¿Qué podemos hacer para que sigamos teniendo personas que nos guíen y orienten en el camino de la vida, personas que nos ayuden a comprender las situaciones, los problemas y nos inviten a ir encontrando las posibles soluciones a todo lo que nos afecta y aqueja? Necesitamos pastores que sigan el ejemplo de Jesús, que sean buenos pastores, que cuiden a sus ovejas. Por eso, debemos orar y pedir por las vocaciones al sacerdocio y a la vida religiosa. Hombres y mujeres que gasten su vida en el servicio a los hermanos y hermanas.

Necesitamos pastores que dejen oír su voz en nombre de los que no pueden hacerlo, de los que sufren, de los desamparados, de aquellos que han sido marginados de la sociedad. Esos hombres y mujeres tienen una vocación especial de servicio. Al mismo tiempo, todos los demás, los que viven su compromiso cristiano como laicos tienen también su vocación, están llamados a cumplir una misión: ser presencia de Dios en las cosas que son más propias de los seglares, pasando por la política, la técnica y tantos otros ramos del saber y la ciencia. Allí, los laicos tienen el camino para cumplir y vivir su compromiso cristiano.

Hoy, cuando la Iglesia nos invita a una jornada mundial de oración por las vocaciones, debemos sentir el llamado a asumir la vocación que hemos decidido, a vivirla con generosidad y entrega, a hacer de nuestra vida un auténtico testimonio cristiano. El mundo sigue necesitando hombres y mujeres que vivan su compromiso en alegría y entrega. Los creyentes siguen necesitando pastores que los guíen en el camino de su vida cristiana.

Podrán pasar muchas cosas en la historia de la humanidad, se acabarán instituciones, habrá cambios, pero siempre tendremos necesidad de los pastores que nos animen, nos orienten y nos guíen. Por eso, oremos por las vocaciones sacerdotales. Y asumamos nuestro compromiso cristiano con alegría.