Gracias a Dios por la vida del P. Adolfo Nicolás, S.J.

Foto tomada de Jesuits Global

Por: Carlos Eduardo Correa, S.J.

21 de mayo de 2020

Gracias a Dios porque el P. Adolfo Nicolás nos ayudó a reconocer que nos debíamos abrir dinámicamente a la sabiduría de la humanidad, revelada y transmitida especialmente a través de muchas otras Religiones y Culturas. Siempre nos invitó a tener la perspectiva de que Dios va sembrando en los corazones de toda la humanidad y que nosotros, en la dinámica que nos propuso S. Ignacio, buscamos y hallamos ese fruto que va produciendo la maravillosa acción de Dios y que se nos regala como Sabiduría humana. El P. Nicolás nos propuso que no nos esforzáramos tanto en llevar a otros lo que a nosotros nos parece importante, sino en ir recogiendo y visibilizando lo que Dios va haciendo. Es Dios el que realiza la misión y nosotros somos sus colaboradores. Y la mejor forma de colaborar hoy es a través de un lenguaje sapiencial, como el que nos ha regalado el Papa Francisco, porque es un lenguaje que llega al corazón de la gente, para permitirle descubrir perspectivas muy profundas de vida plena y abundante. 

Gracias a Dios porque el P. Adolfo Nicolás nos invitó para que pudiéramos reconocer que la gran transformación de la humanidad viene de la profundidad interior; de la capacidad de reconocer todo lo que ocurre dentro de nosotros y de dejarnos llevar por aquello que mueve al amor, a la compasión, al perdón, al servicio y a la búsqueda del bien común. 

Gracias a Dios porque el P. Adolfo Nicolás se tomó muy en serio lo que la Congregación General 35 nos propuso para crear caminos de Reconciliación con Dios, con los demás y con la naturaleza. Siempre estuvo atento para ayudarnos a descubrir, con una bella figura, que tenemos que ser “como jirafas”: con una visión muy alta para ver más allá de lo inmediato, pero con un corazón muy grande para estar con los otros, amándolos y sirviéndoles.

Gracias a Dios porque el P. Adolfo Nicolás nos ayudó a comprender que en todos nuestros discernimientos era necesario que estuvieran presentes los pobres. Nos ayudó para comprender que todo nuestro quehacer apostólico tiene sentido desde la real amistad con los pobres; porque si no hay amistad con ellos, con concretas personas pobres que sean significativas en nuestras vidas, no hay nada. En este sentido, muchas veces manifestó la preocupación de que el número de comunidades jesuitas insertas entre los pobres se hubieran ido disminuyendo.

Gracias a Dios porque el P. Adolfo Nicolás nos enseñó que la profundidad en todo lo que hacemos debe ser un criterio fundamental para nuestras vidas: profundidad en el apostolado intelectual, para dar las respuesta pertinentes que la humanidad necesita; profundidad en nuestra oración, para poder convertirnos en verdaderos colaboradores de Dios en su misión; profundidad en el apostolado educativo, para poder ayudar a formar integralmente a los niños y jóvenes de nuestro mundo; profundidad en la vida comunitaria, para que reconozcamos que nuestra fraternidad también es misión; profundidad para elegir el mejor servicio a los demás y no el servicio a nosotros mismos.

Gracias a Dios porque el P. Adolfo Nicolás nos insistió en que Dios es el que mueve los corazones para colaborar con él y el que llama a trabajar con él. En este sentido, nos mostró que ya no se trata de estar buscando quién nos puede ayudar en nuestras obras apostólicas, sino de descubrir quién tiene el corazón tocado por Dios, para invitarlo a participar de nuestro apostolado. Desde esta perspectiva nos invitó a crear comunidades apostólicas, donde los laicos, los jesuitas y otras personas de buna voluntad, tocados por Dios, nos constituyamos en los colaboradores de la misión de Dios.