Enero 17: Discípulos de Juan

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Por: Luis Javier Palacio S. J. 

Como varias veces se ha dicho en estos comentarios, la imagen del discípulo varía según el evangelio. En Marcos es quien siga a Jesús en la pasión, algo que los más allegados no logran en su vida pública; en Mateo, el discipulado sucede en la justicia y construcción del reinado de Dios (hacer en la tierra lo que ya se hizo en el cielo); en Lucas, el discípulo se caracteriza por el perdón y la misericordia, y en Juan, el discípulo ideal es el “discípulo amado” (agapeado). El de Juan es el evangelio que menos importancia da a un grupo determinado de seguidores de Jesús y el llamado es a conocer “dónde mora” y “quedarse con él”; en los sinópticos a seguirlo. Juan el Bautista ya estaba con Jesús cuando lo señala como “cordero de Dios”, primeramente a Andrés. De ahí que la iglesia ortodoxa oriental tenga a Andrés como el equivalente de Pedro en la iglesia occidental. Igual que las tradiciones de Pedro en Roma, existen las tradiciones orientales sobre Andrés. Éste habría llegado a Crimea a través del Mar Negro y habría predicado el evangelio en la ciudad de Sebastopol. Luego habría recorrido el río Dnieper profetizando su desarrollo futuro. También habría predicado Andrés a los scitas para volver luego a Jerusalén y salir de allí a Bizancio, donde fundaría la iglesia cristiana y nombraría obispo. Luego muere crucificado (como Jesús y Pedro) en Petra, a manos del procónsul Acaya. De todos los apóstoles se cuentan similares historias y lugares de predicación. Felipe en Frigia, obispo de Hierápolis; Bartolomé (identificado con Natanael) en la India al igual que Tomás, muerto por los brahmanes;  Simón el zelota en Egipto y Mauritania, martirizado en Persia; Judas Tadeo enviado a Abgarus donde sufre el martirio; Mateo (identificado con Leví) predicaría en Partia y Etiopía, muerto en Hiera en Palestina; Matías (elegido en reemplazo de Judas) habría muerto en Jerusalén y solamente Juan habría sobrevivido a la destrucción de Jerusalén y habría muerto en Éfeso. Tales leyendas o tradiciones buscaban defender la genuinidad de sus credos con base en sus fundadores como sucesores de Jesús. En Constantinopla estarían las reliquias de Andrés como lo estarían las de Pedro en Roma. Pedro habría presenciado previamente el martirio de su esposa en el lugar donde ahora está el obelisco.

Así como Andrés lleva a Pedro a Jesús, lleva Felipe a Natanael con las palabras «hemos hallado a aquel de quien escribieron la ley y los profetas» (Jn 1:45). Pero Natanael lo descalifica con la expresión «¿De Nazaret puede haber cosa buena?» (Jn 1:46). Muestra, pues, Natanael que el seguimiento de Jesús no es tan instantáneo como puede aparecer en algunos pasajes de los sinópticos. Supone un proceso de conversión que dura toda la vida, como lo muestras las frecuentes fallas del frágil Pedro hasta el final. Marcos ya había presentado en su evangelio a Andrés como hermano de Simón Pedro, unos 30 años antes del evangelio de Juan. Según Marcos, habría dejado las redes para aceptar la invitación a ser pescador de hombres. Lucas aclara (único evangelio que lo hace): pescadores de hombres vivos. Es el evangelio de Juan el que le da personalidad a Andrés. Es este quien dice en la repartición de panes (nuevo maná): «Aquí hay un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces; pero ¿qué es eso para tantos?» (Jn 6:9). Andrés y Felipe serían los únicos dos discípulos con nombres griegos (no hebreos) de la lista de “los doce”. Sería Andrés previamente un discípulo del Bautista antes de serlo de Jesús. Pero de todos modos en Juan el discípulo ideal, principal, destacado es el “discípulo amado” (agapeado) de manera que Andrés cumple papeles intrascendentes. Es el portero que abre la puerta a otros mediante la invitación. No tiene mayor estatus ni exige reconocimiento. Es, como quien dice, el modelo o patrón del pueblo ordinario. Ese que Francisco exalta en su exhortación Gaudete et exsultate (sobre la santidad) como “la clase media de la santidad”, desestimulando la copia de modelos porque “eso hasta podría alejarnos del camino único y diferente que el Señor tiene para nosotros. Lo que interesa es que cada creyente discierna su propio camino y saque a la luz lo mejor de sí, aquello tan personal que Dios ha puesto en él” (# 11).

No es de extrañar que este papel de Andrés influya en la concepción de iglesia de la teología ortodoxa. La iglesia es sobornost[1] que es la conciencia colectiva que gobierna a cada miembro. El clero no forma una clase aparte y el laicado se concibe como un ordenado por el bautismo. Obispos, sacerdotes, diáconos y laicos forman el cuerpo de Cristo como iglesia y no existe Eucaristía sin la presencia de los laicos y su respuesta ¡Amén!. Sobornost es lo que los padres bizantinos de la iglesia llamaron theosis o deificación. Dios se había hecho hombre para que el hombre se hiciese Dios y tal proceso es la deificación. No se enfatiza la caída como en la teología latina, no llamándola pecado sino error o desconocimiento. Siendo Adán el comienzo de la humanidad, sería como un niño que comete errores pero no los pecados del hombre maduro y consciente.

En Juan, los primeros discípulos habrían sido llamados a orillas del río Jordán en vez del lago de Galilea. El personaje central de los evangelios es Jesús y los demás lo son de reparto. Pero en Juan es esto más claro pues el “discípulo amado” (agapeado) no es ninguno en concreto. Aunque ordinariamente se etiqueten los relatos de Andrés, Pedro, Felipe y Natanael como de “llamado”, con cierta afinidad con los relatos de los sinópticos, no es tan claro que así lo sea, a la manera en que en Marcos se llama a pescadores y al publicano. Su papel es más bien dar testimonio a favor de Jesús. Van a corroborar el testimonio de Juan Bautista. El Bautista lo confiesa como Cordero de Dios; Andrés lo confiesa con el término arameo de Mesías; Felipe lo confiesa como aquel de quien escribieron la ley y los profetas; Natanael como hijo de Dios y rey de Israel. Varias características juntas que la tradición había unido a la idea de Mesías. Todas ellas cercanas al pensamiento judío por lo cual Pablo evita usar tal término y prefiere el de Señor (kyrios, en griego) pues el primer mesías –significa ungido– habría sido Saúl, ungido como primer rey de Israel por Samuel. Jesús, por el contrario, rechaza los reinos de este mundo en las tentaciones y declara frente a Pilato que su reino no es de este mundo. Quien da testimonio era llamado precisamente “mártir[2]”. El evangelio de Juan destaca la mediación humana en el conocimiento de Jesús, aunque en última instancia enfatice la experiencia personal. Parte del Bautista el testimonio que pasa a Andrés, de este a Simón, a Felipe, a Natanael y continúa con la samaritana que cuenta su historia a la gente de Sicar. Pero siempre al final, tras la palabra amiga, viene el encuentro directo con Jesús ante quien la persona debe emitir su propio juicio. En las bodas de Caná aparece la misma mediación con María y los sirvientes. En Juan, los diálogos son abundantes y si Jesús cambia a las personas lo hace partiendo de sus situaciones concretas. Esta combinación entre el testimonio humano y la experiencia directa es una indicación del método evangelizador o pastoral de Jesús. De alguna forma universaliza la idea de discípulo, pues no lo reduce a “los doce”. Todo el que sea capaz de amar como Jesús, puede ser “discípulo amado”, amando a los demás.

 

[1] Sobornost equivaldría a la “catolicidad” occidental o a la comunión espiritual de los fieles o encuentro de los creyentes con el Espíritu Santo en la historia (koinonia), activos en la predicación (kerigma).

[2] Μαρτύριον (martyrion) significa testimonio; prueba, especialmente testimonio favorable, alabanza.