Enero 23: “El Espíritu del Señor sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la Buena Noticia a los pobres”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

- Nehemías 8: 2-10

- Salmo 19

- 1 Corintios 12: 12-30

- Lucas 1: 1-4 y 4: 14-21

Al volver en este comienzo de 2022 con nuestras reflexiones dominicales, queremos hacerlo partiendo de cinco relatos vitales –relatos de Dios y de la humanidad– que se enmarcan perfectamente en las lecturas propuestas para este domingo:

- Gerardo Valencia Cano[1] (1917-1972), Obispo de Buenaventura desde 1953 hasta 1972, perteneció al Instituto de Misioneros Javerianos de Yarumal.[2] Pionero en la Iglesia Católica de Colombia por su estilo profético, participó en las cuatro sesiones del Concilio Vaticano II.

- Rutilio Grande García[3] (1928-1977), sacerdote jesuita salvadoreño, párroco en medios rurales de su país, asesinado por escuadrones de la muerte el 12 de marzo de 1977. Un pastor con olor a oveja, hombro a hombro con su gente en una práctica pastoral de comunión y participación.

- Cosme Spessotto Zamuner[4] (1923-1980), religioso franciscano italiano, desde 1950 hasta su muerte martirial trabajó en El Salvador, párroco como el padre Rutilio, amigo generoso de campesinos y pobres. Asesinado en su parroquia de San Juan Nonualco el 14 de junio de 1980. Eran tiempos de cruda violencia en este país, el 24 de marzo anterior había caído también el santo arzobispo Oscar Arnulfo Romero,[5] por las mismas causas de defender a los pobres y denunciar las injusticias del gobierno vigente y de los “dueños” del país.

- Manuel Solórzano[6] y Nelson Rutilio Lemus[7], compañeros del Padre Rutilio en el trabajo pastoral en las comunidades parroquiales de Aguilares y El Paisnal, en El Salvador. Acompañaban a su párroco el día de la tragedia;  Don Manuel tenía 72 años en el momento de su muerte, Nelson Rutilio andaba por los 16.

A todos ellos los unen, en evangélica coherencia, las palabras programáticas de Jesús en el Evangelio de este domingo: “El Espíritu del Señor sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la buena noticia a los pobres; me ha enviado a anunciar la libertad a los cautivos y la vista a los ciegos, para poner en libertad a los oprimidos, para proclamar el año de gracia del Señor”.[8] Cinco vidas discretas de cristianos raizales, apasionados por Dios y por el ser humano, siguiendo a su referente esencial –Jesús de Nazareth–, defendiendo a los humildes de los atropellos de poderosos latifundistas y grupos de corte paramilitar patrocinados por ellos y por la fuerza armada salvadoreña. Este sábado 22 de enero serán beatificados en San Salvador, los Padres Rutilio y Cosme, Don Manuel y Nelson Rutilio. Con el gran obispo Gerardo Valencia Cano está la deuda pendiente, su vida ofrecida sin reservas a las comunidades afrodescendientes de Buenaventura y alrededores está en mora de ser reconocida por la Iglesia; en su momento fue considerado “obispo rojo” por sus posturas de avanzada social y profética, eran los años en los que surgía la teología de la liberación y en muchos medios eclesiales y sociales había efervescencia y deseo de salir con la Buena Noticia a llenar de esperanza a los desheredados del mundo.[9] De su muerte en accidente aéreo se conmemoran 50 años este 21 de enero de 2022.[10]

¿Qué nos dicen estos hombres? ¿A esta Iglesia nuestra, de la que somos parte responsable, a menudo enredada en lógicas de sacristía y en rituales desconectados del mundo real? ¿A este carrerismo eclesiástico pendiente de escalafones y títulos de monseñor? ¿A estas  ambigüedades afectivas marcadas por el penoso escándalo de la pederastia? ¿A este mundo hipnotizado por el poder y por el consumismo frenético? ¿A esta “elegante” indiferencia de las gentes de buena conciencia? Dieron su vida[11] porque creyeron firmemente en Dios y en el ser humano en el estilo modélico de Jesús de Nazareth, no permitieron que los honores del mundo sofocaran en ellos el talante bienaventurado de quienes encuentran en la solidaridad la razón de ser de sus vidas, fueron austeros, apostólicos, comunitarios, fraternos, serviciales. Surgieron del mundo de los pobres, y a este mismo entregaron todo su ser, anunciando que hay un Dios para quien la dignidad de los humildes es principio y fundamento de su proyecto salvador.[12]

Tiene mucho sentido el texto de Lucas en este comienzo del año, es la misión de Jesús, su programa. El cristianismo tiene que seguir este trazo fundante; seguir su camino es comprometerse a fondo con este anuncio de la Buena Noticia, llenar de sentido la vida de todos los seres humanos, pero principalmente la de aquellos a quienes se niega el derecho a la esperanza y al ejercicio de su dignidad. La propuesta del Señor no es la de una tranquila acomodación religiosa, moralista y ritual, sino un modo que resignifica de raíz la condición de los seres humanos. Esto tiene que ser bueno, muy bueno, y tiene que ser noticia, anuncio que llegue al centro mismo de hombres y mujeres, transmitiendo el aliento de Dios, soplo de vida, de justicia y de libertad. Por eso no puede reducirse a más doctrinas, a mensajes culpabilizantes, a más normativas y prohibiciones. El ser humano afligido por abandonos, fracasos, exclusiones, maltratos, pobrezas, ¡requiere de un anuncio definitivo que le rescate de tan pésimas noticias![13] ¿Qué te dice esto, amable lector, para tu programa de vida en este comienzo de año?[14]

La misión de Jesús no puede ser neutral, determinada por lo “políticamente correcto”, lo suyo es la corrección ética, humana, liberadora, trascendente. El Evangelio no es una ideología que se acomoda a derechas o izquierdas según conveniencias e intereses, es de su naturaleza optar salvíficamente por el ser humano en nombre del Dios que es todo misericordia y compasión, tal como se hace evidente en la praxis de Jesús. Él mismo es el Evangelio, el anuncio liberador se concentra en su persona y propone que se encarne en personas concretas que se dejan tomar por esta gracia. Los “temas” del cristianismo son, entonces, gentes buenas dotadas de esa gratuidad y de ese talante capaz de narrar la acción liberadora del buen Dios.[15] Se nos está invitando a ser testigos directos de este anuncio, a reproducirlo en nosotros, tal como lo expresa el comienzo del relato de Lucas: “Puesto que muchos emprendieron la tarea de contar los sucesos que nos han acontecido, tal como nos lo transmitieron los primeros testigos presenciales, puestos al servicio de la palabra, también yo he pensado, ilustre Teófilo, escribirte por orden y exactamente, comenzando desde el principio; así comprenderás con certeza las enseñanzas que has recibido”.[16] El exordio lucano nos propone que nuestras vidas se inscriban en el relato fundamental de Jesús, ¡el destinatario Teófilo somos nosotros! Se trata de que, con nuestra vida, “digamos a Jesús”,[17] como lo “dijeron” nuestros cinco santos de hoy.

El modo concreto como el papa Francisco está proponiendo el seguimiento de Jesús se llama sinodalidad, cuya etimología dice que es caminar el uno junto al otro sin preeminencias de nadie, es reunión y camino conjunto con unidad de propósito y de vida. La segunda lectura de hoy, de la primera carta de Pablo a los Corintios, ilustra estupendamente este contenido: “Como el cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros, y los miembros, siendo muchos, forman un solo cuerpo, así es Cristo. Todos nosotros, judíos o griegos, esclavos o libres, nos hemos bautizado en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo, y hemos absorbido un solo Espíritu. El cuerpo no consta de un miembro, sino de muchos”.[18] La deformación clerical de la Iglesia ha derivado en crear clases o castas en la misma, dando al estamento de obispos y sacerdotes la potestad de decisiones y de configuración de la comunidad, sin tener en cuenta a la inmensa mayoría cristiana que son los laicos, quienes en la vida real son los que aplican con mayor consistencia los valores del Evangelio.[19]

El camino evangélicamente correcto es el de una Iglesia de comunión y participación,[20] en la que se reconocen la diversidad de carismas y ministerios a partir de la común dignidad de todos los bautizados, donde se ejerce el discernimiento espiritual y la oración que explora con atención la voluntad de Dios, reconociendo la realidad socio cultural y económico-política propia de cada contexto, en la que se tienen en cuenta la riqueza de los movimientos y grupos apostólicos, en la que la liturgia celebrada es rica pluralidad eclesial, en la que –en definitiva– el Evangelio es la carta de navegación.

Es elocuente la manera como se expresa el papa Francisco a propósito del ser y quehacer de la Iglesia, la Iglesia que vive el espíritu original de Jesús: “El Espíritu Santo también enriquece a toda la Iglesia evangelizadora con distintos carismas. Son dones para renovar y edificar la Iglesia. No son un patrimonio cerrado, entregado a un grupo para que lo custodie; más bien son regalos del Espíritu integrados en el cuerpo eclesial, atraídos hacia el Centro que es Cristo, desde donde se encauzan en un impulso evangelizador”.[21]

Plenamente inspirados en este modelo evangélico de Iglesia, ejercieron su misión el santo obispo Gerardo Valencia Cano y los beatos salvadoreños Rutilio Grande, Cosme Spessotto, Manuel Solórzano y Nelson Rutilio Lemus. Ellos son luminosidades del buen Dios en una historia que clama una mejor lógica, la que puede desarmar el poder de la economía deshumanizante y la verticalidad intransigente de los grupos cerrados de la sociedad.

 

[1] ECHEVERRY PÉREZ, Antonio J. Un profeta invisibilizado: Monseñor Gerardo Valencia Cano. Fundación Universitaria Católica Lumen Gentium & Universidad del Valle. Cali, 2017. LA ROSA, Michael J. Gerardo Valencia Cano: Obispo y profeta de Buenaventura, Colombia, en CONSEJO EPISCOPAL LATINOAMERICANO CELAM-ESCUELA SOCIAL CEBITEPAL. Obispos de la patria grande: pastores, profetas y mártires. BIDEGAÍN, Ana María, compiladora. CELAM. Bogotá, 2018; páginas 471-487.

[2] Congregación religiosa fundada en 1927 por el obispo de Santa Rosa de Osos (Antioquia, Colombia), Miguel Angel Builes, para dedicarse a la actividad misionera en zonas de difícil acceso y de marginación social.

[3] CARDENAL, Rodolfo. Vida , pasión y muerte del jesuita Rutilio Grande. UCA Editores. San Salvador, 2016.

[4] https://www.elsalvador.com/noticias/nacional/martir-cosme-spesotto-beatificado-vaticano-elsalvador/873079/2021/

[5] BROCKMAN, James R. Monseñor Romero: la biografía del mártir de América. Sal Terrae. Santander, 2016.

[6] https://www.santoral.fandom.com/es/wiki/Beato_Manuel_Solorzano_Solorzano

[7] https://www.santoral.fandom.com/es/wiki/Beato_Nelson_Rutilio_Lemus

[8] Lucas 4: 18-19

[9] GUTIERREZ MERINO, Gustavo. Teología de la Liberación: perspectivas. Lima, 1972; Teología desde el reverso de la historia. CEP. Lima, 1977. GALILEA, Segundo. Teología de la Liberación y nuevas exigencias cristianas, artículo en GIBELLINI, Rosino. La nueva frontera de la teología en América Latina. Sígueme. Salamanca, 1977; páginas 156-173. MÍGUEZ BONINO, José. La fe en busca de eficacia: una interpretación de la reflexión teológica latinoamericana de liberación. Sígueme. Salamanca, 1977.

[10] https://www.religionenlibertad.com/blog/57761/perecio-accidente-avion.html  La crónica periodística refiere que el obispo viajaba en un  precario avión de la aerolínea colombiana SATENA, que llevaba pasajeros y carga, la ruta se originó en Medellín y tenía como destino final la ciudad de Buenaventura. El obispo viajó de pie porque cedió su asiento a una señora que iba con niños, conmovedor gesto humano y evangélico.

[11] TOJEIRA, José María. El martirio ayer y hoy: testimonio radical de fe y justicia. UCA Editores. San Salvador, 2005. RICCARDI, Andrea. El siglo de los mártires. Encuentro. Madrid, 2019.

[12] OCAÑO, Efraín María. La opción por los pobres: anuncio del evangelio y clamor desde la teología latinoamericana. En revista Reflexiones Teológicas número 8,  julio-diciembre de 2011. Publicación de trabajos de los estudiantes de teología, Pontificia Universidad Javeriana. Bogotá, 2011; páginas 91-118.

[13] CATALÁ, Toni. La Buena noticia de Jesús. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2005. PAGOLA, José Antonio. Anunciar hoy a Dios como Buena Noticia. PPC. Madrid, 2016.

[14] PAGOLA, José Antonio . Recuperar el proyecto de Jesús. PPC. Madrid, 2016. CASTILLO, José María. El proyecto de Jesús. Sígueme. Salamanca, 1985.

[15] Para la muestra varios “botones”, algunas narrativas evangélicas que nos llegan al alma, cristianos de todos los tiempos. LAMET, Pedro Miguel. Arrupe, testigo del siglo XX, profeta del XXI. Temas de hoy. Madrid, 2007 . FOREST, Jim . Thomas Merton: vivir con sabiduría. PPC. Madrid, 1997. DELP, Alfred. Escritos desde la prisión. Sal Terrae. Santander, 2012. BONHOEFFER, Dietrich & VON WEDEMEYER, María. Cartas de amor desde la prisión. Trotta. Madrid, 1998. CASAS ANDRÉS, Roberto. Dios pasó por El Salvador: la relevancia teológica de las tradiciones narrativas de los mártires salvadoreños. Desclée de Brower. Bilbao, 2009. BOFF, Leonardo. San Francisco de Asís, ternura y vigor. Sal Terrae. Santander, 1994. TELLECHEA IDÍGORAS, José Ignacio. Ignacio de Loyola, solo y a pie. Sígueme. Salamanca, 1997.WITHFIELD, Teresa. Pagando el precio: Ignacio Ellacuría y el asesinato de los jesuitas en El Salvador. UCA Editores. San Salvador, 1998.

[16] Lucas 1: 1-4

[17] MARTÍNEZ DÍEZ, Felicísimo. Creer en Jesucristo, vivir en cristiano: cristología y seguimiento. Verbo Divino. Estella, 2007.

[18] 1 Corintios 12: 12-14

[19] RICHARD, Pablo. Orígenes del cristianismo: memoria para una reforma de la Iglesia. En revista Espiga  año XI número 23, páginas 53-77. San José de Costa Rica, enero-junio 2012. VÉLEZ, Olga Consuelo & SIERRA, Angela María. Los laicos y laicas en la vida de la Iglesia. En revista Theologica Xaveriana volumen 57 número 161, páginas 33-58. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, enero-marzo 2007.

[20] PIÉ-NINOT, Salvador. Eclesiología: la sacramentalidad de la comunidad cristiana. Sígueme. Salamanca, 2015. DULLES, Avery. Modelos de Iglesia. Sal Terrae. Santander, 1985. ZIZIOULAS, Joannis D. El ser eclesial: persona, comunión, iglesia. Sígueme. Salamanca, 2007. ESTRADA, Juan Antonio. Para comprender cómo surgió la Iglesia. Verbo Divino. Estella, 1999.

[21] PAPA FRANCISCO. Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium La Alegría del Evangelio, número 130. Paulinas. Bogotá, 2013,