Febrero 13: “Bienaventurados serán Ustedes cuando los hombres los odien, cuando los expulsen, los injurien y proscriban su nombre como malo por causa del Hijo del hombre”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Jeremías 17: 5-8
  2. Salmo 1
  3. 1 Corintios 15: 12-20
  4. Lucas 6: 17-26

La afirmación evangélica que encabeza el escrito de hoy pertenece a la entraña más original y auténtica del mensaje de Jesús: es su propuesta de felicidad, eso mismo es lo que significa la palabra bienaventuranza que nos trae el Evangelio de este domingo en la versión de Lucas. Nos remonta al mismo Señor, a la constante contradicción que vivió con los dirigentes judíos de su tiempo, a la frecuente incomprensión que vivió por parte de sus mismos discípulos, a su oferta de sentido de la vida claramente a contracorriente de los estilos de poder y vanagloria,[1] a las persecuciones y crudas incomprensiones vividas por las primeras comunidades de seguidores suyos, a las páginas heroicas escritas por los testigos de la fe en todos los tiempos de la historia, vidas ofrecidas a Dios y al prójimo, multitud de hombres y mujeres que en estos largos siglos de historia cristiana han dado testimonio del carácter definitivo del mensaje de Jesús, muchos de ellos con un heroísmo fuera de lo común.[2] Su legado, con el Señor Jesucristo como referente fundamental, sigue siendo un lenguaje que interroga nuestros estilos de vida, los distanciamientos del ideal evangélico, las inconsistencias que generamos en lo personal y en lo institucional, refiriéndonos con esto último a la Iglesia, de la que somos parte responsable de su santidad y de su pecado también.[3] Esta reflexión cobra doloroso relieve con las frecuentes denuncias de los últimos veinte años sobre conductas de pederastia y pedofilia por parte de clérigos católicos, pecado y delito de extrema gravedad, complicado con el encubrimiento practicado por no pocos obispos y superiores religiosos, con el pretexto de “proteger” la imagen de la Iglesia. En este penoso ambiente, el Señor, a través de las víctimas, nos convoca a un examen de conciencia exigente y severo, el programa de las bienaventuranzas no nos exime de esta responsabilidad.[4]

La carta a los Hebreos atestigua con dramática belleza la variedad de relatos heroicos de testigos de la fe: “Por tanto, también nosotros, teniendo en torno nuestro tan gran nube de testigos, sacudamos todo lastre y el pecado que nos asedia, y corramos con constancia la carrera que se nos propone, con los ojos fijos en Jesús, que inicia y lleva a la perfección la fe. Él, en vista del gozo que se le proponía, soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios”.[5]

La Palabra de este domingo nos habla de bienaventuranzas y de malaventuranzas, dinamismo teologal que sigue inspirando a quienes toman en serio el camino de Jesús. En este contexto se inscribe su propuesta que invita a un modo de vida libre ante las mentalidades dominantes de enriquecimiento, de ascenso en la escala del poder, de búsqueda de éxito y de privilegios.[6] No se trata de presumir farisaicamente de superioridad moral ante los demás sino de tomar un camino de serena sobriedad, de mesa compartida, de vida solidaria, como anuncio profético que indica la nueva manera de vivir en Dios.

Las Bienaventuranzas con los pobres como protagonistas y las malaventuranzas con los ricos como destinatarios expresan el plan programático de Jesús en el Evangelio de Lucas. Para los primeros hay una promesa de plenitud, inversa a la habitual que ofrece el mundo,[7] dando sentido a su pasión por la justicia y a su sentido de la fraternidad. Para los segundos, las palabras son fuertes y estremecedoras: “Pero, ¡ay de ustedes, los ricos! Porque ya han recibido su consuelo. Ay de ustedes, los que ahora están hartos, porque tendrán hambre. ¡Ay de los que ríen ahora! , porque se afligirán y llorarán”.[8]

Estas promesas de felicidad son una forma literaria propia de culturas de la antigüedad (Egipto, Grecia, Mesopotamia), también en los escritos bíblicos, principalmente en los sapienciales y en los profetas. En estos últimos se considera bienaventurada a la persona que es fiel a la ley, como concreción de su fidelidad a Yahvé: “Feliz quien no sigue consejos de malvados ni anda mezclado con pecadores ni en grupos de necios toma asiento, sino que se recrea en la ley de Yahvé, susurrando su ley día y noche. Será como árbol plantado entre acequias, da su fruto en sazón, su fronda no se agosta. Todo cuanto emprende prospera, pero no será así con los malvados”.[9]

Estas malaventuranzas son más comunes en los profetas, cuando denuncian con severidad las inconsistencias morales y religiosas de quienes se dicen creyentes, proclamándolo con actitudes externas de observancia ritual pero distantes del verdadero Dios que propone la ética de la projimidad como culto auténtico. Conocemos ampliamente la referencia directa del profetismo bíblico a las injusticias cometidas por los poderosos y la condenación que hacen de su conducta, que desconoce a los últimos del mundo; religión sin solidaridad con el prójimo es un culto vacío y acreedor de maldición: “Ay de los que dictan normas inicuas, y los que firman decretos vejatorios, excluyendo del juicio a los débiles, atropellando el derecho de los pobres de mi pueblo, haciendo de las viudas su botín y despojando a los huérfanos”.[10]

En la literatura sapiencial del Antiguo Testamento se insiste en un comportamiento acorde con la ley, entendiendo el cumplimiento de esta como algo muy superior a un acatamiento formal, porque es una legislación que tiene como contenido el reconocimiento del prójimo débil, empobrecido, deseoso de que    su dignidad sea tenida en cuenta.

En la formulación de las bienaventuranzas de Mateo y de Lucas, Jesús va más allá porque declara que los perseguidos por causa de la justicia,[11] los que aman la pobreza (que no es miseria sino vida sobria sin dar a lo material la primacía), los que no se dejan tomar por la mentalidad de poder y de éxito, esos son los merecedores de la felicidad de Dios, no solo como promesa después de la muerte sino como estatuto de una genuina humanidad, la que toma en serio vaciarse del ego, de su comodidad, para trascender hacia Dios y hacia el prójimo: “Bienaventurados los pobres, porque de ustedes es el reino de Dios. Bienaventurados los que tienen hambre ahora, porque serán saciados. Bienaventurados los que lloran ahora, porque reirán. Bienaventurados serán cuando los hombres los odien, cuando los expulsen, los injurien y proscriban su nombre por causa del Hijo del hombre. Alégrense ese día y salten de gozo, que su recompensa será grande en el cielo”.[12]

La bienaventuranza clave es la de los pobres. Lucas recuerda la promesa del Antiguo Testamento de un Dios que venía a actuar a favor de los oprimidos, los que tienen a Dios como único defensor, que claman constantemente a Él. Todas estas promesas van a ser cumplidas en Jesús, quien ha definido desde el principio su programa misionero en favor de los pobres y de los oprimidos.[13]

Cuando se habla de “cielo” no se limita a una plenitud que sólo sucederá cuando el bienaventurado pase la frontera de la muerte hacia la vida definitiva. Con esta referencia se alude a la condición de una vida plena de sentido, aquí en la existencia histórica y en la total y feliz consumación del ser humano en Dios. Se habla así del modelo ideal de ser humano según Jesús.

Los pobres no son bienaventurados por su condición de tales, sino porque asumiendo tal circunstancia, por situación o por opción, se empeñan en la liberación y superación de todo lo que menoscabe al ser humano en su dignidad. Pobres no son los miserables sino los que libremente renuncian a considerar el dinero y el poder como valores supremos –haciendo de ellos ídolos y estableciendo una “religión” que socava la libertad y que rompe los vínculos de comunión–, el pobre de la humanidad nueva de Jesús es el que opta por una sociedad justa, eliminando las causas de toda injusticia. Este es un asunto que, si bien tiene una implicación sociológica ineludible, tiene el carácter de anuncio de lo definitivo de Dios en el ser humano, es la trascendencia que empieza su curso en la historia y se consuma en la plenitud de Dios.

El reino de Dios es la sociedad alternativa que Jesús propone como programa de vida. No se matricula en tal o cual ideología o partido político, supera con creces las clásicas polarizaciones de derecha o izquierda. Este reino está alentado por la bienaventuranza del ser humano que sabe compartir, que se deja tomar por la gratuidad espléndida de Dios.[14]

Indudablemente se trata de un mensaje que incomoda profundamente nuestras conciencias tranquilas, acomodadas, “satisfechas” con la buena conciencia de los cumplimientos religiosos (misa, sacramentos, limosnas ocasionales). Jesús no plantea una religión más, en la que dominan los ritos, las normas y un cuerpo de doctrinas desconectados de la realidad humana. Para él resulta esencial una confianza radical en Dios que tiene como correlato la confianza en el ser humano, entendido y vivido como prójimo. El carácter teologal de la vida –según Jesús– es simultáneo con el carácter antropológico. La verdadera divinidad se vive en el ejercicio de la más radical humanidad, esta es la plenitud del ser en la lógica de Dios.

 

[1] GONZÁLEZ-CARVAJAL, Luis. Las bienaventuranzas, una contracultura que humaniza. Sal Terrae. Santander, 2014. PÉREZ ANDREO, Bernardo. La revolución de Jesús: el proyecto del reino de Dios. PPC. Madrid, 2018. GALEANO ATEHORTÚA, Adolfo. El paradigma cristiano de pensamiento: la revolución cultural del cristianismo. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 38 número 90 julio-diciembre 2011, páginas 235-268. Universidad Pontificia Bolivariana, Facultad de Teología. Medellín.

[2] MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. Ser testigos: comunidades de testigos y profetas. En https://web.unican.es/campuscultural/Documents/Aula%20de%20estudios%20sobre%20religion/2009-2010/CursoTeologiaSerTestigos2009-2010.pdf RICCARDI, Andrea. El siglo de los mártires. GALLAGHER, Michael Paul. Mapas de la fe: diez grandes creyentes desde Newman hasta Ratzinger. Sal Terrae. Santander, 2012. TAVARES, Ana Helena. Un obispo contra todas las cercas: vida y causas de Pedro Casaldáliga. Verbo Divino. Estella, 2020. LASSALLE-KLEIN, Robert. Blood and ink: Ignacio Ellacuría and the jesuit martyrs of the university of Central America. Orbis Books Maryknoll. New York, 2014.

[3] CONGAR, Yves. Por una Iglesia servidora y pobre. San Esteban. Salamanca, 2014;  Verdadera y falsa reforma en la Iglesia. Sígueme. Salamanca, 2014. GAILLOT, Jacques. Una Iglesia que no sirve, no sirve para nada. Sal Terrae. Santander, 1990.

[4] SEGOVIA BERNABÉ, José Luis & BARBERO GUTIÉRREZ, Javier. Víctimas de la Iglesia: relato de un camino de sanación. PPC. Buenos Aires, 2016. PORTILLO TREVIZO, Daniel. Estudio interidisciplinar sobre la prevención de los abusos en la Iglesia. PPC. Madrid, 2019. CUCCI, Giovanni & ZOLLNER, Hans. Iglesia y pedofilia, una herida abierta. Sal Terrae. Santander, 2020.

[5] Hebreos 12: 1-2

[6] PHILIPPE, Jacques. La felicidad donde no se espera: meditación sobre las bienaventuranzas. Rialp. Madrid, 2018. VÁSQUEZ AMÉZQUITA, Hernán David. El concepto de dignidad en las bienaventuranzas para una aplicación en el contexto latinoamericano. En Revista Alberto Magno volumen 6 número 1, páginas 135-154. Universidad de Santo Tomás, Facultad de Teología. Bogotá, 2015. CHÉRCOLES, Adolfo. Las Bienaventuranzas. En https://www.dioscaminaconsupueblo.files.wordpress.com/2013/09/la-bienaventuranzas-chercoles.pdf

[7] Recordemos el significado de mundo en los relatos evangélicos: No es desprecio de la realidad material, de la experiencia histórica, de la corporalidad, de la experiencia cotidiana.  Mundo en los evangelios es lo contrario a Dios y   al prójimo, lo que va en contravía de la dignidad humana, es lo pecaminoso entendido como egoísmo, como indiferencia ante la suerte del prójimo que clama justicia y reconocimiento, es la lógica que absolutiza el poder, el dinero, las comodidades, sin referencia ética y humanizante. Ver TRIGO, Pedro. Artículo Creación y mundo material en ELLACURÍA, Ignacio & SOBRINO, Jon, editores. Mysterium Liberationis: conceptos fundamentales de la teología de la liberación. Volumen II, páginas 11-48. UCA Editores. San Salvador, 2008.

[8] Lucas 6: 24-25

[9] Salmo 1: 1-4

[10] Isaías 10: 1-2. GIMENO GRANERO, José Carlos. El culto agradable a Dios. En Revista Veritas volumen II número 17 , páginas 367-386. Facultad de Teología San Vicente Ferrer. Valencia, 2007. SOBRINO, Jon. El principio misericordia. UCA Editores. San Salvador, 2012.

[11] LÓPEZ-MELÚS, Francisco. Las bienaventuranzas, ley fundamental de la vida cristiana. Sígueme. Salamanca, 1988. MATEOS, Juan & CAMACHO, Fernando. El horizonte humano: la propuesta de Jesús. El Almendro. Córdoba, 1988. DUPONT, Jacques. El mensaje de las bienaventuranzas. Verbo Divino. Estella, 1999.

[12] Lucas 6: 20-23

[13] Lucas 4: 16-19, es el texto programático de la misión de Jesús. FRAIJÓ, Manuel. Jesús y los  marginados: utopía y esperanza cristiana. Cristiandad. Madrid, 1985. SCHOTTROFF, Louise & STEGEMANN, Wolfgang. Jesús de Nazaret,  esperanza de los pobres. Sígueme. Salamanca, 1989. GUTIÉRREZ, Gustavo. En busca de los pobres de Jesucristo. Sígueme. Salamanca, 1993.

[14] CASTILLO, José María. La alternativa cristiana. Sígueme. Salamanca, 1987. ARTIGA GONZÁLEZ, Alvaro. Una sociedad según el corazón de Dios: la polis cristiana en el pensamiento de Monseñor (San) Oscar Arnulfo Romero. UCA Editores. San Salvador, 2017.