Febrero 20: “Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a quienes los odian”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. 1 Samuel 26: 2-23
  2. Salmo 102
  3. 1 Corintios 15: 45-49
  4. Lucas 6: 27-38

El texto evangélico de hoy desbarata la “lógica” de la venganza milimétrica ante la ofensa infligida y nos propone un asunto fundamental en la identidad cristiana y en la configuración de quienes nos empeñamos en seguir el camino de Jesús. Perdonar al enemigo,[1] no agraviar a quien nos hace mal, no desencadenar espiral de violencia cuando somos agredidos es una manera bien concreta de aterrizar el espíritu de las bienaventuranzas: “Pero yo les digo a ustedes que me escuchan: amen a sus enemigos, hagan el bien a quienes los odian. Bendigan a quienes los maldicen, rueguen por quienes los difaman. Al que te pegue en una mejilla, preséntale también la otra; al que te quite el manto, no le niegues la túnica”.[2]

Desde las rivalidades escolares, las incomprensiones en el medio familiar, las discrepancias ideológicas y políticas, las rupturas amorosas en medio de gran conflictividad, hasta las confrontaciones bélicas, los aterradores episodios de destrucción de la humanidad propiciados por ambiciones desmedidas de poder, como las dos guerras mundiales del siglo XX, las de Vietnam y Corea, nuestra interminable violencia colombiana, las guerras civiles en nuestros hermanos países de Centroamérica, las sangrientas contiendas del mundo árabe, constatamos unos escenarios en los que emerge lo peor del ser humano, el ensañamiento contra sus semejantes, la violación total de la dignidad humana, el espíritu destructivo en sus versiones de mayor malignidad.[3] Ante estos desafueros, una justicia elemental, no procesada en un ámbito espiritual y humanista, propone la retaliación. En esta perspectiva vengarse es la conducta natural que debe seguirse como respuesta a la agresión. ¿Es ese el camino para reconstruir las sociedades deterioradas por odios y enemistades?

En cambio, en “escandalosa” y exigente paradoja, Jesús propone una justicia inspirada en el perdón. ¿Qué se trae con esta exigencia tan extrema? Después de la radicalidad de las bienaventuranzas, proclamadas el domingo anterior en la versión de Lucas, nos propone otro de los hitos sustanciales del Evangelio: amar y perdonar a los enemigos, no devolver mal por mal, hacer el bien a quien nos maltrata, no generar ningún movimiento de venganza. Este es, para Jesús, el gran indicador de que cumplimos con seriedad aquello de “ámense los unos a los otros como yo los he amado”.[4]  

Este planteamiento desbarata el concepto de justicia retributiva vigente en el Antiguo Testamento y en el derecho romano, inspirador este último de las grandes legislaciones del mundo occidental. Es la célebre ley del talión: “ojo por ojo, diente por diente”.[5] El término alude a un principio jurídico de justicia retributiva en el que la norma imponía de modo matemático un castigo que se identificaba con el delito cometido. De esta manera, no sólo se habla de una pena equivalente, sino de una pena idéntica.

Multitud de ordenamientos jurídicos se han inspirado en este principio. Su motivación es la de establecer una proporcionalidad entre delito y castigo, y con ello frenar el espíritu de venganza que surge instintivamente, el cual puede alcanzar resultados incalculables y lamentables. Lo ilustramos con algunos ejemplos:

  • Si un arquitecto construía una casa sin la debida solidez y esta se derrumbaba matando a sus habitantes, al referido constructor se le castigaba condenándolo a muerte.
  • Si un hijo agredía a su padre, a aquel se le cortaban las manos.
  • Si en una riña alguien rompía los huesos de su opositor, al agresor también se le aplicaba la misma sanción.
  • La mentalidad vigente en el Antiguo Testamento, la apreciamos con un ejemplo como este: “Si unos hombres se pelean, y uno de ellos atropella a una mujer embarazada y le provoca un aborto, sin que sobrevenga ninguna otra desgracia, el culpable deberá pagar la indemnización que le imponga el marido de la mujer, y el pago se hará por arbitraje. Pero si sucede una desgracia mayor, tendrás que dar vida por vida, ojo por ojo, diente por diente, mano por mano, pie por pie, quemadura por quemadura, herida por herida, contusión por contusión”.[6]
  • En la primera lectura de hoy se presenta un contraste entre lo ordenado por la ley del talión y la actitud de David, este desafía la norma dominante perdonando la vida de Saúl, a quien debía venganza y castigo. El texto pretende demostrar cómo en la vida de David la misericordia está unida a su valentía. Les sugerimos leer completo el relato de 1 Samuel 26: 2-23 para comprender el contexto, captar por qué Saúl “merecía” el castigo por parte de David, y por qué este último antepone el perdón a la venganza: “Porque hoy el Señor te entregó en mis manos, pero yo no quise atentar contra el ungido del Señor. Hoy yo he mostrado un gran aprecio por tu vida: ¡que el Señor muestre el mismo aprecio por la mía y me libre de todo peligro!”.[7]

Estas referencias nos ayudan a entender la mentalidad en la que el castigo era proporcional a la ofensa recibida, considerándose como la genuina práctica de la justicia.[8] Es lo que rige la conducta de muchos seres humanos en la actualidad, la venganza sigue a la orden del día, desde las pequeñas desavenencias hasta los grandes conflictos de la sociedad. En muchos ambientes el odio a los enemigos es considerado como algo natural,[9] mientras que para Jesús el amor a ellos está totalmente inscrito en la gran categoría del amor al prójimo.

Los padres de la Iglesia –Agustín, Cipriano, Gregorio Nacianceno, Juan Crisóstomo, Ireneo de Lyon, Ambrosio de Milán, entre muchos– vieron en el perdón a los enemigos la gran novedad de la ética cristiana. Alegrarse de la desgracia de quien nos ha ofendido, devolver mal por mal, son conductas incompatibles con el seguimiento de Jesús. Lo sensato –evangélicamente hablando– es la magnanimidad y el socorro ofrecido al enemigo necesitado. La novedad de Jesús supera la ley del talión, nos pide no tener actitudes condenatorias, sino abrir los espacios para que los enemigos encuentren el camino de la conversión y de la reconciliación.[10]

¿Qué decimos a las palabras de Jesús: “Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso. No juzguen y no serán juzgados; no condenen y no serán condenados; perdonen y serán perdonados”?[11]

Reflexiones de hondo calado que nos llevan a un replanteamiento radical del modo de vivir en sociedad. He aquí un potente desafío para nuestra conciencia cristiana. De una parte se presenta la indispensable sanción social y jurídica a quienes han procedido como enemigos de la vida, de la humanidad, del bien común, de la justicia. La historia humana sobreabunda en excesos de proporciones colosales. ¿Cuál es la postura cristiana ante estas inocultables violencias e injusticias? ¿Cómo no seguir alimentando la espiral de venganza? ¿Cómo hacer vigentes los valores de Jesús, estos de misericordia y de perdón, en sociedades tan expuestas al conflicto como las nuestras? ¿Y cómo practicar una justicia que reconozca los derechos de las víctimas,[12] que propicie la transformación de los victimarios, y que sea causa de una radical reforma en los ordenamientos jurídicos de los países? No se propone una ingenua postura de perdón sin implicaciones y responsabilidades en los individuos y en la sociedad. La cultura de paz, precedida de hondos procesos de perdón y reconciliación, nos abre al saludable pluralismo de la vida, en el que la diversidad de posturas existenciales, de creencias y de visiones ideológicas es un acicate para una convivencia rica en opciones y no un factor de desintegración y de ruptura. Eliminar al adversario no es propio de un ser humano civilizado. Estas polarizaciones, en mala hora propiciadas por los políticos, no son alternativa para una vida ecuánime; el estilo de secta intransigente no va con la dignidad humana. El aporte cristiano a la reconfiguración del tejido social tiene en el perdón su herramienta esencial.

Dios ama a todos los seres no por lo que ellos son, sino por lo que Él es. Su personalidad está cimentada en la compasión y en la misericordia, en Él esto no conoce medida. Su fundamento es la reconfiguración integral del ser humano, la salvación y liberación de la víctima y del victimario, esta es la raíz de la justicia según el Evangelio. El pecador responsable de los atropellos y el afectado por los mismos tienen la misma vocación de dignidad. La propuesta del perdón tiene su raíz decisiva en esta mentalidad, revolucionaria, paradójica y sorprendente, siempre provocadora de una humanidad nueva y genuinamente reconciliada.

Jesús no intenta reducirnos a la pasividad, el conformismo o la resignación ante los males causados por los agresores. ¿Por cuánto tiempo utilizaron los poderosos la pésimamente entendida “resignación cristiana” para acallar las voces de quienes exigían –y siguen exigiendo– sus derechos? No se propone renunciar a los mismos, ni de hacer silencio ante la injusticia, sino de renunciar a la violencia como medio absoluto para superar las diferencias, también con la sabiduría de renunciar a nuestros intereses de comodidad, de poder o económicos, para entregarlos a quienes más los necesitan.

Amar, bendecir, orar por los enemigos, no equivale a perder el sentido de la crítica, de la denuncia o de la reprensión. El testimonio de perdonar y de no mover a la venganza es lo que finalmente puede llevar a la transformación de los ofensores,[13] aunque muchos de ellos permanezcan en su dureza: “Amen a sus enemigos, hagan el bien y presten sin esperar nada a cambio. Entonces la recompensa de ustedes será grande y serán hijos del Altísimo, porque Él es bueno con los desagradecidos y con los malos”.[14]

 

[1] DE SOUZA MOITAS, Yochabel. El carácter transformador y los límites del perdón: una reflexión acerca del proceso de reconciliación en Sudáfrica. Tesis para optar al título de doctor en filosofía. Universidad Autónoma de Barcelona, 2015. En https://www.tesisenred.net/bitstream/handle/10803/330922/ydsm1de1.pdf?sequence=1&isAllowed=y  ABEL, O. El perdón: quebrar la deuda y el olvido. Cátedra. Madrid, 1992. GALTUNG, Johann. Tras la violencia 3 R: reconstrucción, reconciliación y resolución. Bakeaz. Bilbao, 1998. LEDERACH, Jean Paul. La imaginación moral: el arte y el alma de construír la paz. Norma. Bogotá, 2008. MANDELA, Nelson. El largo camino hacia la libertad. Aguilar. Madrid, 2010. DE ROUX, Francisco José. La audacia imperfecta de la paz. Ariel. Bogotá, 2018.

[2] Lucas 6: 27-29. PIKAZA IBARRONDO, Xavier. El perdón de Jesús en el sermón de la montaña. En https://www.unican.es/campuscultural/Documents/Aula%20de%20estudios%20sobre%20religión/2006-2007/CursoTeologiaElPerdonDeJesus2006.2007.pdf  ZULETA SALAS, Guillermo León. Perdón y esperanza: el camino a la reconstrucción de la justicia. En Revista Cuestiones Teológicas volumen 41 número 96 julio-diciembre 2014, páginas 271-276. Universidad Pontificia Bolivariana, Facultad de Teología. Medellín, 2014. BOROBIO, Dionisio. Entrada Perdón en FLORISTÁN, Casiano & TAMAYO-ACOSTA, Juan José. Conceptos fundamentales del cristianismo, páginas 1019-1030.Trotta. Madrid, 1993.

[3] ARENDT, Hannah. Sobre la violencia. Alianza Editorial. Madrid, 2005; Los orígenes del totalitarismo. Alianza Editorial. Madrid, 2019, 3 volúmenes. JOHNSON, Eric: El terror nazi: la Gestapo, los judíos y el pueblo alemán. Paidós. Buenos Aires, 2003. BANKIER, David (compilador). El Holocausto: perpetradores, víctimas, testigos. Fundación Memoria del Holocausto-Museo de la Shoá. Buenos Aires, 2004. RONDEROS, María Teresa. Guerras recicladas: una historia periodística del paramilitarismo en Colombia. Aguilar. Bogotá, 2014. GONZÁLEZ GONZÁLEZ, Fernán. Poder y violencia en Colombia. CINEP-ODECOFI. Bogotá, 2014. INFORME DE LA COMISIÓN DE LA VERDAD PARA EL SALVADOR. De la locura a la esperanza: la guerra de 12 años en El Salvador. Presidencia de la República. El Salvador, 2014.

[4] Juan 13: 34. MADUEÑO, Manuel. El abrazo del Padre: relatos de perdón y reconciliación. PPC. Buenos Aires, 2014. BAUTISTA, Mateo. El duelo del perdón: relatos para recibir y dar perdón. San Pablo. Madrid, 2018. GILBERT, Paul. Fenomenología de la misericordia y el evangelio. En revista Isidorianum  volumen 25 número 49, páginas 9-28. Facultad de Teología San Isidoro de Sevilla, 2018. KASPER, Walter. La misericordia: clave del evangelio y de la vida cristiana. Sal Terrae. Santander, 2014.

[5] MALISHEV, Mijail. Venganza y ley del talión. En https://www.redalyc.org/pdf/4463/446344563003.pdf  FROMM, Erich. Anatomía de la destructividad humana. Siglo XXI. México, 1997. LEFRANC, Sandrine. La venganza de las víctimas. En Revista de Estudios Sociales número 59, enero-marzo 2017, páginas 140-144. Universidad de Los Andes. Bogotá. OROZCO, Iván. La posguerra colombiana: divagaciones sobre la venganza, la justicia y la reconciliación. En https://www.kellogg.nd.edu/sites/default/files/documents/306_0.pdf

[6] Exodo 21: 22-25

[7] 1 Samuel 26: 23-24

[8] MARTÍNEZ ESPINOSA, Luisa Fernanda & MORALES GÓMEZ, Diana Marcela. El perdón en los procesos de justicia transicional. Las dos dimensiones del perdón: el perdón interpersonal y el perdón del estado. En https://www.scielo.org.co/pdf/dere/n49/0121-8697-dere-49-351.pdf RICOEUR, Paul. Lo justo. Caparrós Editores. Madrid, 1999. RUBIO, N. El perdonar al estilo y en el nombre de Jesús. En El perdón, virtud política. Anthropos. Barcelona, 2008.

[9] HÄSLER, Alfred A. El odio en el mundo actual. Alianza Editorial. Madrid, 1973. MACHADO BARRERA, Daniela & VILLA GÓMEZ, Juan David. Barreras sociales para la paz y la reconciliación. En https://www.scielo.org.co/pdf/agor/v18n2/1657-8031-agor-18-02-459.pdf MARTÍN-BARÓ, Ignacio. Psicología social de la guerra. UCA Editores. San Salvador, 1991; Poder, ideología y violencia. Trotta. Madrid, 1999.

[10] LÓPEZ PÉREZ, Elías. La liberación desde la reconciliación: la alianza preferencial con el enemigo. En revista Theologica Xaveriana número 179, páginas 251-268. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2015. MARTÍNEZ-GAYOL FERNÁNDEZ, Nurya. La misericordia: una conmoción de las entrañas. En revista Perspectiva Teológica volumen 49 número 1, páginas 127-154. Facultad Jesuíta de Filosofía y Teología FAJE. Belo Horizonte, 2017.

[11] Lucas 6: 36-37

[12] CASTILLO, José María. Víctimas del pecado. Trotta. Madrid, 2004.

[13] MORERA PERICH, Joan. Desarmar los infiernos: practicar la no violencia de Jesús hoy. Cristianismo y Justicia. Barcelona, 2018. CÁMARA, Helder. La revolución de los no violentos. Dinor. San Sebastián, 1972; El desierto es fértil. Sígueme. Salamanca, 1986. Espiral de violencia. Sígueme. Salamanca, 1978.

[14] Lucas 6: 35