Febrero 27: “El hombre bueno saca lo bueno del buen tesoro del corazón, y el malo, del malo saca lo malo, pues su boca habla de lo que rebosa el corazón”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Eclesiástico 27: 4-7
  2. Salmo 91
  3. 1 Corintios 15: 54-58
  4. Lucas 6: 39-45

El lenguaje de una vida coherente y consecuente es la mejor estrategia pedagógica para inducir a la vida correcta y honesta. Esta afirmación, que parece verdad de Perogrullo, está llamada a recorrer los diversos ámbitos de nuestras sociedades y familias, cuando impera la invitación a los caminos fáciles, a los estilos maquiavélicos, unas veces de modo sofisticado y sutil, otras en abierto y desvergonzado reto a la sensibilidad moral de las gentes que se esfuerzan por vivir con rectitud. Toda la fenomenología de la corrupción, en pequeña, mediana y gran escala, es un azote que maltrata con extrema gravedad la dignidad humana,[1] incluida la de quienes inducen o realizan conductas contrarias a la moral. En nuestro país son abundantes los casos que ilustran esta preocupación: compra de votos en los procesos electorales, malversación de los recursos públicos, aplicación amañada de la ley para servir a intereses mezquinos, abuso sistemático hacia las personas más humildes y desprotegidas, cultura del dinero fácil. Penosamente, el mundo de la política es el escenario en el que predominan estas prácticas, inadmisibles y escandalosas.[2]

Nunca es inoportuno hacer una seria llamada de atención sobre estos fenómenos. Esto compromete a todo ser humano que se empeñe en llevar una vida digna y responsable, cualquiera sea su opción fundamental: humanista, ciudadano, religioso, comprometido con las más nobles causas de la humanidad, pensador, obrero, campesino, estudiante, activista social, político, maestro, artista. Ser buena persona, ser responsable y serio con las opciones contraídas, no es una retórica de lo inútil, se inscribe en la vocación fundamental de cada ser humano.[3]

La primera lectura de este domingo hace referencia a estas realidades. ¿De donde partimos?: “Cuando se zarandea la criba, quedan los residuos: así los desechos de un hombre aparecen en sus palabras. El horno pone a prueba los vasos del alfarero, y la prueba del hombre está en su conversación. El árbol bien cultivado se manifiesta en sus frutos: así la palabra expresa la índole de cada uno. No elogies a nadie antes de oírlo razonar, porque allí es donde se prueban los hombres”.[4]

El texto, propio de la literatura sapiencial del Antiguo Testamento, es una recomendación para apreciar la riqueza espiritual o el vacío de una persona, sin ánimo de juicio y menos de condenación. Son pistas para discernir sobre la autenticidad o inautenticidad, de tal manera que no nos dejemos deslumbrar por el brillo exterior de alguien. Suele suceder que la gente que se involucra en las conductas referidas contrarias a la ética se presenta con discursos persuasivos, seductores y convincentes. En la misma línea de la sabiduría bíblica recordamos aquello de que “no todo lo que brilla es oro”.[5]

El divorcio entre la teoría y la práctica, entre lo que se proclama y lo que se hace, entre el conocer conceptualmente y el quehacer cotidiano, es un hecho filosófico y existencial bien problemático, lo mismo que el divorcio entre la fe y la vida real.

La primera inculturación del cristianismo, que se dio en las culturas griega y romana, tiene mucho que ver en esta ruptura. Para estos mundos, la gran preocupación era la ortodoxia, la correcta aceptación de las verdades doctrinales, de ahí la gran intensidad con la que se combatió en esos primeros siglos de la historia cristiana lo que ellos llamaban herejías, que –visto con objetividad en el largo paso de los siglos– eran esfuerzos por formular las convicciones de la fe, con diversos tipos de énfasis, especialmente sobre la persona de Jesús, el hombre histórico, y el Cristo de la fe. No estaban tan inquietos por la vivencia correcta de los valores del Evangelio, sino por la formulación y acogida de los elementos doctrinales. Había un énfasis desmedido en el conocimiento de las teorías religiosas y morales, sin la correspondiente tarea de interiorizar y hacer vida lo aprendido.[6] Este es el origen de una manera sociocultural de ser cristiano o católico, sin implicaciones en la conducta de las personas. Quienes son responsables de corrupciones y deshonestidades suelen venir de ambientes de formación cristiana o católica: ¿dónde está la ruptura?

El pensamiento moderno, lo que conocemos como la Ilustración y la Modernidad, invierte la prioridad: su acento descansa en el valor de la conducta,[7] en el recto comportamiento, en la coherencia ética, la acción tiene más valor que la teoría, preferentemente la acción moral, con su influencia benéfica en la transformación de la realidad, con la perspectiva de una mejor humanidad y de una convivencia social en la que la dignidad humana y los valores puestos en práctica sean garantía del bien común.

El cristianismo original, el de Jesús, el proclamado en los Evangelios y en el Nuevo Testamento, en las comunidades de la Iglesia Apostólica, es altamente sensible a esta estrecha conexión entre el pensamiento correcto y la práctica, interacción que se alimenta mutuamente y que se ha de traducir en una vida de altísima coherencia.[8]

Los profetas bíblicos son enfáticos en reconvenir continuamente al pueblo, cuando este hace hincapié en el culto religioso, muy formal y solemne, pero sin incidencia transformadora y constructiva en la vida de quienes lo practican: “¿Con qué me presentaré ante Yahvé y me inclinaré ante el Dios de lo alto? ¿Me presentaré con holocaustos, con terneros de un año? ¿Aceptará el Señor miles de carneros, millares de torrentes de aceite? ¿Ofreceré a mi primogénito por mi rebeldía, al fruto de mis entrañas por mi propio pecado? Se te ha indicado, hombre, qué es lo bueno, y qué exige de ti el Señor: nada más que practicar la justicia, amar la fidelidad y caminar humildemente con tu Dios”.[9] La praxis del amor al prójimo, principalmente al más abatido por la indignidad y la injusticia, el justo reconocimiento de sus derechos y necesidades, son la raíz de la bondad moral, por encima de todo culto o sacrificio ritual.

Jesús recoge esta veta moral y la hace elemento articulador de su ministerio público. El capítulo 6 de Lucas, que hemos proclamado en los últimos domingos, es una rica síntesis de esta propuesta: “No todo el que me dice Señor entrará en el Reino de los Cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán aquel día: ¿Señor, no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros? Pero entonces les declararé: ¡jamás los conocí, apártense de mí, malhechores!”.[10]

La propuesta de Jesús alcanza su punto culminante cuando propone la práctica del amor, especialmente con los desheredados, como el criterio decisivo de salvación. La parábola del Buen Samaritano[11] subraya esta primacía de la práctica del amor por encima de las creencias, cultos o religiones. El propósito de Jesús es dedicarse al ser humano para hacerlo íntegro, libre, digno, sano, salvado, sin contemplar su matrícula religiosa, racial, ideológica, social.

En el capítulo de hoy se nos brindan varios aspectos que dan soporte a esta coherencia:

  • “¿Cómo eres capaz de mirar la paja que hay en el ojo de tu hermano si no reparas en la viga que hay en tu propio ojo?”.[12]
  • “Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna que hay en el ojo de tu hermano”.[13]
  • “Porque no hay árbol bueno que de fruto malo; y a la inversa, no hay árbol malo que dé fruto bueno. Cada árbol se conoce por su fruto. No se recogen higos de los espinos, ni de la zarza se vendimian uvas”.[14]
  • “El hombre bueno saca lo bueno del buen tesoro del corazón, y el malo, del malo saca lo malo, pues su boca habla de lo que rebosa el corazón”.[15]

Son frases propias de las tradiciones sapienciales de su tiempo. Jesús las toma y las integra en su enseñanza sobre la rectitud moral, siempre preocupado por superar el fundamentalismo ritual y jurídico del judaísmo de los sacerdotes del templo y de los maestros de la ley. A estos últimos les mueve la fidelidad externa a lo que está prescrito en las normas, no así en la conversión del corazón a Dios y al prójimo.

Toda la vida de Jesús es un relato testimonial de lo que venimos reflexionando: “Ustedes saben lo que sucedió en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan predicó el bautismo: cómo Dios ungió con el Espíritu Santo y con poder a Jesús de Nazaret, y cómo él pasó haciendo el bien a todos los oprimidos por el mal, porque Dios estaba con él”[16]; “La gente quedó maravillada sobremanera, y comentaban: Todo lo ha hecho bien, hace oír a los sordos y hablar a los mudos”.[17]

La gran alternativa de la credibilidad cristiana es esta, la de una conducta sensible a todo lo humano, siempre dispuesta a comunicar vida y sentido, a modos de proceder honestos e insobornables. Cuando hacemos estas consideraciones sobre la integridad ética no nos estamos constituyendo como jueces de la vida y conducta de los demás, en modo farisaico. Simplemente nos estamos dando, unos a otros, voz de alerta para vivir coherentemente.

En un mundo que facilita y justifica la corrupción a todos los niveles, donde se desprecia la vida, donde se toman decisiones de agresión y de destrucción pensando prioritariamente en intereses políticos y económicos, donde el pobre es expulsado inmisericordemente de la mesa de la vida, el relato cristiano debe destacarse por el mayor nivel de transparencia, con la misma densidad teologal y humana de Jesús.

 

[1] PECES-BARBA MARTÍNEZ, Gregorio. La dignidad humana es el fundamento de la ética pública. En https://www.e-archivo.uc3m.es/bitstream/handle/10016/16006/dignidad_Peces_2007.pdf?sequence=1 CORTINA, Adela. Etica mínima. Tecnos. Madrid, 2020; La ética de la sociedad civil. Anaya. Madrid, 2007. KÜNG, Hans. Proyecto de una ética mundial. Trotta. Madrid, 2000.

[2] COMISIÓN INTERAMERICANA DE DERECHOS HUMANOS CIDH. Corrupción y derechos humanos. Organización de Estados Americanos OEA. Washington, 2019. FARIÑAS DULCE, María José. Corrupción y desigualdad social: sendas de la antidemocracia. En https://www.unilim.fr/trahs/2495&file=1  NEWMAN PONT, Vivian & ANGEL ARANGO, María Paula. Estado del arte sobre la corrupción en Colombia. Documento elaborado para Fedesarrollo. En https://www.repository.fedesarrollo.org.co/bitstream/handle/11445/3411/Repor_junio_2017Newman-Pont_y_Angel.pdf?sequence=1&isAllowed=y

[3] SARDIÑAS IGLESIAS, Loida Lucía. Dignidad humana: concepto y fundamentación en clave teológica latinoamericana. Ediciones Universidad de Santo Tomás. Bogotá, 2019. MASIÁ CLAVEL, Juan. Ser humano, persona y dignidad. Desclée de Brower. Bilbao, 2010. MOLTMANN, Jürgen. La dignidad humana. Sígueme. Salamanca, 1983. SEN, Amartya. La idea de la justicia. Taurus. Madrid, 2010.

[4] Eclesiástico 27: 4-7

[5] CELY GALINDO, Gilberto. Acerca de la moral y la sabiduría. En https://www.revistas.javeriana.edu.co/files-articulos/CC/20-49%20(2019)151559590009/  BOFF, Leonardo. Saber cuidar: ética do humano compaixao pela tierra. Vozes. Petrópolis, 1999. HABERMAS, Jürgen. Escritos sobre moral y eticidad. Paidós. Barcelona, 1991. BERGES, Ulrich. Hacia una ética del Antiguo Testamento. En https://www.revistabiblica.com/ojs/index.php/RB/article/view/134/126

[6] MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. El malestar religioso de nuestra cultura. Paulinas. Madrid, 1993. GARRIDO, Javier. El conflicto con Dios hoy: reflexiones pastorales. Sal Terrae. Santander, 2000. TORRES QUEIRUGA, Andrés. Fin del cristianismo premoderno: retos hacia un nuevo horizonte. Sal Terrae. Santander, 2000.

[7] KANT, Emmanuel. Fundamentación para una metafísica de las costumbres. Alianza Editorial. Madrid, 2012. Crítica de la razón práctica. Alianza Editorial. Madrid, 2013. MAC INTYRE, Alasdair. Tras la virtud. Austral. Madrid, 2013.

[8] SCHRAGE, Wolfgang. La ética del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 1999. DE MINGO, Alberto. Introducción a la ética cristiana en el horizonte del Nuevo Testamento. Sígueme. Salamanca, 2015. VIDAL, Marciano. Para conocer la ética cristiana. Verbo Divino. Estella, 1989. CUNHA, Jorge. La ética de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2018. CASTILLO, José María. La ética de Cristo. Desclée de Brower. Bilbao, 2016, MARTÍNEZ, Julio Luis & CAAMAÑO, José Manuel. Moral fundamental: bases teológicas del discernimiento ético. Sal Terrae. Santander, 2014.

[9] Miqueas 6: 6-8

[10] Mateo 7: 21-23

[11] Lucas 10: 25-37

[12] Lucas 6: 41

[13] Lucas 6: 42

[14] Lucas 6: 43-44

[15] Lucas 6: 45

[16] Hechos 10: 37-38

[17] Marcos 7: 37