Marzo 6: “Está escrito que el hombre no vive de sólo pan… Está escrito: al Señor tu Dios adorarás, a él solo darás culto… Está dicho que no pondrás a prueba al Señor tu Dios”

homilia_antonio_jose_sarmiento

Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Deuteronomio 26: 1-11
  2. Salmo 90
  3. Romanos 10: 8-13
  4. Lucas 4: 1-13

Con extraordinaria sencillez en su formulación pero con no menor profundidad, el papa Francisco nos señala unas pistas esenciales para vivir consistentemente este tiempo de Cuaresma que ahora comenzamos:

  • “Con demasiada frecuencia prevalecen en nuestra vida la avidez y la soberbia, el deseo de tener, de acumular y de consumir, como muestra la parábola evangélica del hombre necio, que consideraba que su vida era segura y feliz porque había acumulado una gran cosecha en sus graneros.[1] La Cuaresma nos invita a la conversión, a cambiar de mentalidad para que la verdad y la belleza de nuestra vida no radiquen tanto en el acumular cuanto en sembrar el bien y compartir”.[2]
  • “Sembrar el bien para los demás nos libera de las estrechas lógicas del beneficio personal y da a nuestras acciones el amplio alcance de la gratuidad, introduciéndonos en el maravilloso horizonte de los benévolos designios de Dios”.[3]
  • “Si es verdad que toda nuestra vida es un tiempo para sembrar el bien, aprovechemos especialmente esta Cuaresma para cuidar a quienes tenemos cerca, para hacernos prójimos de aquellos hermanos y hermanas que están heridos en el camino de la vida. La Cuaresma es un tiempo propicio para buscar –y no evitar– a quien está necesitado; para llamar –y no ignorar– a quien desea ser escuchado y recibir una buena palabra; para visitar –y no abandonar– a quien sufre la soledad. Pongamos en práctica el llamado a hacer el bien a todos, tomándonos tiempo para amar a los más pequeños e indefensos, a los abandonados y despreciados, a quienes son discriminados y marginados”. [4]

Sin rodeos conceptuales, el papa nos está invitando a vivir con intensidad la ética de la projimidad, la que Jesús nos propone en su Evangelio, asumiendo algunas conductas puntuales como recurso pedagógico para proyectarlas a la totalidad de nuestra vida. Ser prójimo del que sufre no es cuestión ocasional , para quien decide tomar en serio este camino se constituye en asunto normativo, configurador de su opción fundamental.[5] Aquí reside el gran criterio del Señor para evaluar la vida de una persona, como lo propone en el capítulo 25 de Mateo: “Les aseguro que cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”,[6] “Les aseguro que cada vez que no lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, tampoco lo hicieron conmigo”.[7] La trascendencia definitiva de un ser humano, o el fracaso también definitivo de su vida, está, según el Señor Jesús, en esta disposición afectiva y efectiva para darse al Padre Dios reconociendo a cada persona como prójimo, principalmente a aquellos que señala el mismo texto de Mateo, los vulnerables, los condenados de la tierra, los maltratados por la injusticia y el abandono.[8] Esta es la perspectiva del tiempo de Cuaresma.

El relato de las tentaciones de Jesús en el desierto, que se nos propone este domingo en la versión de Lucas, no es una anécdota de tipo moralizante, nos transmite los valores fundamentales de la misión de Jesús, entre los que destaca la referencia compasiva y misericordiosa hacia los humillados y ofendidos. Hay que leerlo y asumirlo desde la óptica de su misión y de sus opciones fundamentales, que tienen su arraigo determinante en la voluntad del Padre y en la negativa a todo poder que le distraiga de su proyecto de filiación y fraternidad.

Dios es absoluto para que seamos libres de todos los absolutos. Los humanos somos asediados constantemente por realidades que se nos presentan como seductoras: el dinero, la comodidad material, la capacidad adquisitiva, el poder, el dominio tiránico sobre los demás, el consumismo, el ego exaltado desconociendo la comunión con el prójimo y con la naturaleza, las estratagemas maquiavélicas para lograr los propios intereses, el sexo desvinculado del amor, la espectacularidad, la fama, el éxito, la fascinación solipsista ante nuestros logros, la exhibición de títulos y de indicadores de reconocimiento, el desprecio por lo débil, la incapacidad para el servicio y la abnegación, la sociedad del espectáculo, el hedonismo desenfrenado y tantas otras evidencias en las que, pretendiendo encontrar sentido y felicidad, nos hacemos menos humanos e hipotecamos nuestra dignidad.

Tal es la clave para “leer” y apropiar la experiencia de Jesús en el desierto.[9] Tiene todo el sentido que se proclame como texto programático del tiempo de Cuaresma, en el que se nos invita a un giro radical de la vida, que en buen lenguaje cristiano llamamos conversión. Esta no puede quedar reducida a las clásicas prácticas propias de este tiempo , a menudo empobrecidas por carencia de contenido: la gran cruz de ceniza marcada en la frente, el cambio de la carne de res por pescado en los días viernes, las limosnas ocasionales y algunos rezos como el vía crucis o similares. No condenamos estas prácticas religiosas, pero sí recordamos que ellas se cargan de significado si están respaldadas por la resuelta intención de dejarnos tomar por Dios y por el prójimo.

La vida humana se presenta siempre como un combate entre dos tendencias de nuestro ser: lo instintivo-biológico y lo espiritual-trascendente. Esto lo vive Jesús en el relato que nos ocupa este domingo. El mito del mal se personifica en el diablo, con este lenguaje no se alude a una entidad personal sino al “misterio de iniquidad”, el mal que fractura la armonía original de la humanidad y de toda la realidad.[10] Es la arrogancia nuestra que, llevada a extremos, deriva en hechos como los totalitarismos políticos e ideológicos, la segregación racial, los modelos económicos carentes de humanismo, los fundamentalismos religiosos, la destrucción de la casa común. Dios es vinculante, el diablo es lo des-vinculante. Ceder a la tentación de lo diabólico es ir en contra de nuestra realización como seres humanos, negar con crecida soberbia nuestra vocación de hijos y de hermanos.

Por todo esto, la cuaresma con su relato inaugural de las tentaciones de Jesús en el desierto, es un desvelamiento crítico de estos ídolos y una rebeldía contra el desorden establecido.

Miremos el relato y detectemos sus significados:

  • “Jesús, lleno del Espíritu Santo, se alejó del Jordán y se dejó llevar por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, mientras el diablo lo ponía a prueba. En ese tiempo no comió nada, y al final sintió hambre. El diablo le dijo: si eres Hijo de Dios di a esa piedra que se convierta en pan. Le replicó Jesús: está escrito que el hombre no vive de sólo pan.[11] Lo que insinúa el diablo es que se valga de su divinidad en provecho propio, siguiendo esa mentalidad de poder tan común en el mundo en todos los tiempos de la historia; aproveche su poder para satisfacer el ego, los instintos, la materialidad, el deseo de privilegios, niegue la filiación y la fraternidad contenidas en su ser. Con su escueta respuesta, Jesús afirma que la prioridad del ser humano, la suya propia, no está en la absolutización y en la satisfacción de esa materialidad. Su condición de Hijo de Dios lo remite a una permanente y creciente trascendencia hacia el Padre vía prójimo.[12]
  • “Después lo llevó a una cima y le mostró en un instante todos los reinos del mundo. El diablo le dijo: te daré todo ese poder y su gloria, porque a mí me lo han dado y lo doy a quien quiera. Por tanto, si te postras ante mí, todo será tuyo. Le replicó Jesús: Está escrito, al Señor tu Dios adorarás, a él solo darás culto”.[13] El poder es la idolatría suprema y tiene como correlato la opresión y la deshumanización de muchos, la historia humana abunda en evidencias de esta naturaleza. Adorar al único Dios no significa dar incienso a un dios exterior, es “adorar al Padre en espíritu y en verdad”.[14] El culto auténtico a Él es la vida de cada uno, en coherencia, rectitud y amor , la que nos hace más y más humanos y nos lleva a que esto sea posible para todos. Para no caer en la tentación de aprovecharnos de los demás debemos hacer ejercicios de donación voluntaria de lo que somos y tenemos, hasta que se conviertan en proyecto de vida.
  • “Entonces lo condujo a Jerusalén, lo colocó en el alero del templo y le dijo: si eres Hijo de Dios, tírate abajo desde aquí, pues está escrito que ha dado órdenes a sus ángeles para que te guarden, y te llevarán en sus palmas, para que tu pie no tropiece en la piedra. Le replicó Jesús: está dicho que no pondrás a prueba al Señor tu Dios.[15] Realiza un acto espectacular, que todo el mundo vea y alabe tu grandeza. Todos te ensalzarán y tu vanagloria será desbordante. Jesús responde: deja a Dios ser Dios,[16] esta condición –así lo revela el mismo Señor– es la del abajamiento, la de la ofrenda de la vida, la de la cruz, la de caminar solidariamente con los desheredados, la de negarse a todo lo que signifique honor y fama.

El tradicional trinomio cuaresmal: ayuno, limosna, oración, encuentra aquí su soporte y fundamento, insistiendo en que no se pueden quedar como prácticas puntuales sino como inspiradoras de nuestros proyectos de vida, tal como Jesús lo propone en las bienaventuranzas. Estar siempre en plan de mesa compartida, en condiciones de equidad para todos, de modos de vida austeros y cuidadosos con la naturaleza, de reconocimiento del valor de cada persona, de disposición para escrutar la voluntad del Padre en una experiencia densa de oración y discernimiento, siempre conectados con la realidad social e histórica, para realizar en ellas las señales del reino de Dios y su justicia.

El relato de las tentaciones también marca una relación de diferencia y superación de Jesús con respecto a Israel. El Evangelio de Lucas expresa en tres tentaciones, inspiradas en las que tuvo el pueblo en el desierto, las mismas que habría experimentado Jesús en su ministerio público. Allí donde Israel no supo y no quiso hacer la voluntad de Dios, Jesús –en contraste– surge fiel, verdadero Hijo como ya el relato del bautismo lo había mostrado. Esto confirma la intención cristológica del texto.

También es digno de mención, porque es un aspecto esencial del asunto, que la negativa de Jesús a las propuestas diabólicas es una afirmación de su ser para los otros.[17] El ser Hijo de Dios tiene sentido en la medida en que todo él es para los seres humanos, su condición de tal está sustancialmente vinculada con su misión de servicio, de tal manera que en su proceder no puede haber nada que sea afirmación de sí mismo, privilegios, fama, éxito. Todo su ser trasciende hacia el Padre y hacia el hermano. La tentación vuelve a la persona sobre sí misma, la hace autorreferencial, la lleva a prescindir del sentido de comunión y de servicio. Por eso Jesús, al afirmar el absoluto de Dios afirma el absoluto del amor, la única realidad que hace posible la salvación y la plenitud de sentido para el ser humano, asumido como hijo de Aquel.

 

[1] Lucas 12: 16-21

[2] Mensaje del Papa Francisco para la CUARESMA 2022, página 1.  En https://www.vatican.va/francesco/content/es/messages/lent/documents/20211111-messaggio-quaresima2022.html

[3] Ibidem, página 2

[4] Ibidem, página 4   Conviene aquí recordar la Encíclica FRATELLI TUTTI, del Papa Francisco, publicada en octubre de 2020. Hoy les enviamos nuevamente el texto completo.

[5] GÓMEZ SERRANO, Pedro J. La projimidad evangélica. En https://www.escueladepastoral.org/wp-content/uploads/2014/04/LA-PROJIMIDAD-EVANGELICA-EPcJ-21-2.pdf  CAMPANA, Silvia Julia. De la projimidad a la hospitalidad: el rostro desnudo de la íntima vulnerabilidad. En https://www.repositorio.uca.edu.ar/bitstream/123456789/8365/1/projimidad-hospitalidad-campana.pdf  LAÍN ENTRALGO, Pedro. Teoría y realidad del otro. Revista de Occidente. Madrid, 1961. DÍAZ MATEOS, Manuel . Imágenes de Dios y dignidad humana. CEP. Lima, 2002. SOBRINO, Jon. El principio misericordia: bajar de la cruz a los pueblos crucificados. UCA Editores. San Salvador, 2012.

[6] Mateo 25: 40

[7] Mateo 25: 45

[8] GIRALDO GIRALDO, Yicel & RUIZ SILVA, Alexander. La solidaridad: otra forma de ser joven en las comunas de Medellín. CLACSO Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales. Bogotá, 2019. COMUNIÓN ANGLICANA. La justicia de Dios: relaciones justas entre mujeres y hombres, entre niñas y niños. En https://www.anglicancommunion.org/media/354288/GenderStudyDocEs-formatted.pdf  PAPA BENEDICTO XVI. Carta Encíclica Deus Caritas est Dios es amor, del 25 de diciembre de 2005. Tipografía Vaticana. Roma, 2005. GONZALEZ VALLEJOS, Miguel. Kant y el mandato del amor al prójimo. En Revista de Humanidades número 32 julio-diciembre 2015, páginas 59-85. Universidad Nacional Andrés Bello, Santiago de Chile. ZIZEK, Slavoj, SANTNER, Eric, REINHARD, Kenneth. El prójimo: tres indagaciones en teología política. Amorrortu Editores. Buenos Aires, 2010.

[9] CABESTRERO, Teófilo. Pero la carne es débil: antropología de las tentaciones de Jesús y de nuestras tentaciones. Desclée de Brower. Bilbao, 2007. KAZANTZAKIS, Niko. La última tentación de Cristo. Lohlé-Lumen. Buenos Aires, 1996. MARTÍN VELASCO, Juan de Dios. El encuentro con Dios. Caparrós Editores. Madrid, 1996. GARCÍA BARÓ, Miguel. Ensayos sobre lo absoluto. Caparrós Editores. Madrid, 1999.

[10] NEUSCH, Marcel. El enigma del mal. Sal Terrae. Santander, 2010. BRAVO LAZCANO, Carlos. El problema del mal. Pontificia Universidad Javeriana, Facultad de Teología. Bogotá, 2006. DALFERTH, Ingol. El mal: un ensayo sobre el modo de pensar lo inconcebible. Sígueme. Salamanca, 2018.

[11]Lucas 4: 1-4.

[12] LUCAS, Juan de Sahagún. Dios, horizonte del hombre. Biblioteca de Autores Cristianos BAC. Madrid, 1994. MARDONES, José María. Matar a nuestros dioses: un Dios para un creyente adulto. PPC. Madrid, 2006.

[13]Lucas 4: 5-8

[14]Juan 4: 23-24

[15]Lucas 4: 9-12

[16] VALLÉS, Carlos. Dejar a Dios ser Dios: imágenes de la divinidad. Sal Terrae. Santander, 1987. ZUBIRI, Xavier. El hombre y Dios. Alianza Editorial. Madrid, 2013.

[17] JUSTO, Emilio J. La libertad de Jesús. Sígueme. Salamanca, 2014. DUQUOC, Christian. Jesús, hombre libre: esbozo de una cristología. Sígueme. Salamanca, 2005.