Marzo 20: “Señor, déjala todavía este año; cavaré alrededor y la abonaré, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás”

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Por: Antonio José Sarmiento Nova, SJ

Lecturas:

  1. Exodo 3: 1-15
  2. Salmo 102: 1-11
  3. 1 Corintios 10: 1-12
  4. Lucas 13: 1-9

¿Por qué suceden los desastres y accidentes que cobran tantas vidas humanas cada día? ¿Por qué hay tantas tragedias que hacen sufrir a los inocentes? ¿Por qué suceden uno tras otro los motivos de dolor y de muerte que maltratan a la humanidad? ¿Cuál es el porqué del mal? ¿Por qué esta permanente tentación de la guerra? Son preguntas inevitables cuando somos testigos del daño y de la agresión que padecen millones de seres humanos en el mundo, maldades decididas y ejecutadas por otros que no saben de compasión ni de misericordia.[1] No podemos callar, aunque suene reiterado, sobre tantas perversidades de unos pocos en contra de muchos, como esto que ahora pasa en Ucrania, como las violencias sin fin de nuestro país, como esos estremecedores relatos que vienen de países africanos, de Siria, de Haití, de otras latitudes. Es el asedio aterrador de la crueldad.[2]

Veamos cómo se planteaba este asunto del sufrimiento de los inocentes en los tiempos bíblicos. La mentalidad de la época de Jesús se inspiraba en la llamada doctrina de la retribución: el que es malo sufre, el que es bueno no conoce el sufrimiento material; era una doctrina originada en el Antiguo Testamento. Pero las cosas no coincidían y siguen sin coincidir. Ellos veían que había buenos a los que las cosas les iban bastante mal y malos a los que todo les iba bien. ¿Cómo entender esta realidad del sufrimiento humano, en esa época y ahora? [3]

El Evangelio de hoy nos ayuda a ilustrar esta problemática. No pretende respuestas ingenuas, nos invita a una postura realista, crítica y esperanzada. Se acercan unas personas a Jesús y le cuentan el episodio de una masacre ordenada por el gobernador romano Poncio Pilato contra cierto número de habitantes de la provincia de Galilea: “En aquella ocasión se presentaron algunos a informarle acerca de unos galileos cuya sangre había mezclado Pilato con la de sus sacrificios rituales”.[4] Este suceso no se encuentra referido en ningún otro lugar, no hay precisión histórica sobre lo ocurrido. Lo que sí queda claro es que el mezclar la sangre de aquellos hombres asesinados con la de las víctimas del sacrificio ritual fue una manera muy acentuada de desprecio y humillación tanto a los muertos como a la sacralidad de los preceptos rituales judíos. El ofensor es el gobernador romano, representante de un régimen tiránico que violenta la identidad cultural y religiosa de los habitantes de Palestina. Es natural y comprensible el sentimiento de indignación con el que ellos denuncian ante Jesús este desafuero,[5] como cuando en nuestros días una determinada comunidad se siente agredida por la violación de sus valores tradicionales.

Jesús les responde con la relación de un accidente: “¿Piensan ustedes que aquellos galileos sufrieron todo eso porque eran más pecadores que los demás galileos? Les digo que no… ¿O creen que aquellos dieciocho sobre los cuales se derrumbó la torre de Siloé y los mató eran más culpables que el resto de los habitantes de Jerusalén? Les digo que no…”.[6] El texto es complicado en su formulación, pero si lo desentrañamos con sutileza podremos llegar al fondo de lo que propone a ellos y a nosotros: para él no existe relación de proporcionalidad directa entre pecado y calamidades materiales, estas no son castigo de Dios por las culpas de unos y de otros. El Dios que se revela aquí no es un justiciero intransigente, es el Dios de la misericordia y de la compasión.[7]

El mal es resultado de intenciones egoístas, injustas, pecaminosas, originadas en seres humanos concretos, de corazón pervertido, en contra de seres humanos igualmente concretos, inocentes, frágiles, víctimas de esos atropellos. El relato es un punto muy serio de atención para desarrollar una postura crítica ante el origen del mal y de la injusticia, y también para empoderar a las víctimas haciéndolas conscientes de que lo que les sucede no es producto de un pecado y culpa de ellos sino fruto de una maldad presente en otras personas.[8]

Muchos creen, entre ellos no pocos cristianos, que la vida está ya escrita y programada, constituyendo un destino irreversible para cada persona. Eso sería negar la libertad del ser humano, originada en el mismo Dios, y nos sometería a un determinismo trágico. Delante de nosotros están la vida y la muerte, nuestras opciones, el ejercicio de esa libertad, inherente a la dignidad humana. Nuestra vida no se rige por fatalismo, por una “programación” ciega e incuestionable, sino por la libertad de nuestras decisiones.[9]

Luego de esa alusión, Jesús se vale de la figura de la higuera para referirse a Israel, con palabras profundamente críticas, exigentes, debido a la cerrazón religiosa de los judíos que se negaban a encontrar la novedad liberadora de Dios en el ministerio de Jesús, siempre aferrados ellos a sus doctrinas, rituales y leyes, inamovibles y sacralizadas, sin lugar para la misericordia y para la conversión: “Un hombre tenía una higuera plantada en su viña. Fue a buscar fruto en ella y no lo encontró. Dijo al viñador: hace tres años que vengo a buscar fruta en esta higuera y nunca encuentro nada. Córtala, porque encima está malgastando la tierra. Él le contestó: Señor, déjala todavía este año, cavaré alrededor y la abonaré, a ver si da fruto. Si no, el año que viene la cortarás”.[10]

Al analizar el significado de esta parábola,[11] revisemos también nuestra vida: hemos recibido múltiples oportunidades de crecimiento y de formación, hogares bien establecidos, educación en valores, posibilidades académicas y laborales, ámbito creyente que nos permite acceder a lo esencial de la fe cristiana, reconocimiento y aceptación por parte de muchos. ¿Todo este abono corresponde a una fecundidad existencial? ¿Somos higuera fértil, dadora de buenos frutos? ¿La nuestra es una vida generosa, servidora del prójimo, solidaria, socialmente responsable, como corresponde en respuesta a tantos bienes recibidos? ¿Es el prójimo vulnerable el destinatario de esta riqueza humana y espiritual? ¿O se nos va la vida en escalar en los ámbitos del poder y de la comodidad material, derrochando tanta gratuidad? ¿Despilfarramos nuestros talentos?

Cuaresma es tiempo de fecundidad,[12] dejarnos tomar por la gratuidad de Dios que deposita en nosotros el germen de la nueva humanidad. Hacernos conscientes de todo lo recibido como don para construir el reino de Dios y su justicia, orientar nuestra vida hacia Dios y el prójimo, trabajar concienzudamente para erradicar de nosotros las evidencias del mal, ser infatigables en la arquitectura del bien. Hay un Dios gratuito que toma la iniciativa y la ofrece a nuestra libertad: Él se propone, no se impone.

El relato de la primera lectura, del libro del Éxodo, nos habla de Dios que trasciende hacia nosotros y que atiende las demandas de justicia del pueblo de Israel, también las de todos los sufrientes del mundo.[13] Moisés entra en el territorio de Yahvé, es el espacio de la sacralidad de la vida, del amor, Él se revela a Moisés como el origen primero de esa entidad de libertad y de dignidad, la zarza ardiente es la referencia simbólica de esas realidades: “El ángel del Señor se le apareció en una llamarada entre las zarzas. Moisés se fijó: la zarza ardía sin consumirse. Moisés dijo: voy a acercarme a mirar este espectáculo tan admirable, cómo es que no se quema la zarza. Viendo el Señor que Moisés se acercaba, lo llamó: Moisés, Moisés. Respondió él: aquí estoy. Dijo Dios: No te acerques; quítate las sandalias de los pies, porque el sitio que pisas es terreno sagrado. Y añadió: Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob”.[14] El espacio de Dios es sagrado, es la misma historia del ser humano en su tarea constante de salvación y de liberación, esa historia adquiere así categoría sacramental.[15]

El Dios que se manifiesta a Moisés es un Dios incondicionalmente comprometido con su pueblo y con sus reclamos de vida digna, de justicia, es un Dios que camina con su gente, un Dios amorosamente eficaz, lo suyo es la solidaridad con la libertad, con una humanidad siempre creciente en sus deseos de reconocimiento, Él no es el cómplice de las determinaciones pecaminosas de personas y de sistemas que implantan la cultura de la muerte y de la miseria.

Este Dios se revela siempre en la historia, entendida esta como escenario de salvación y liberación de todas las condiciones que menoscaban al ser humano. Él es quien así se manifiesta: “He visto la opresión de mi pueblo en Egipto, he oído sus quejas contra los opresores, me he fijado en sus sufrimientos. Y he bajado a liberarlos de los egipcios, a sacarlos de esta tierra para llevarlos a una tierra fértil y espaciosa, tierra que mana leche y miel, el país de los cananeos… La queja de los israelitas ha llegado a mí, y he visto cómo los tiranizan los egipcios. Y ahora, anda, que te envío para que saques de Egipto a mi pueblo, a los israelitas”.[16]

Pero hay un asunto fundamental: este Dios, el que se valió de Moisés, se vale también de ti, de mí, de nosotros, para la gran tarea de la libertad y de la justicia, del amor y de la dignidad. Él no es un Dios en las alturas, mágico, paternalista, nos llena de dones pero nos exige ser higuera fértil para trabajar con eficacia en esa gran faena de hacer un mundo que sea relato y correlato de su cercanía liberadora.

La conversión cuaresmal, que no es solo para estos cuarenta días previos a la Pascua sino tarea de siempre, es para terminar comprometidos en esta apasionante misión de emancipar al ser humano de todas las cadenas, con nuestro Dios a la cabeza. Dios que se relata plenamente en el Señor Jesús y en nosotros, cuando decidimos aceptar su desafío.

 

[1] MENNINGER, Karl. El hombre contra sí mismo. Losada. Buenos Aires, 1952. VAN RILLER, Jacques. La agresividad humana. Herder. Barcelona, 1978. GHIGLIERI, Michael P. El lado oscuro del hombre. Tusquets. Barcelona, 2005. SANMARTÍN, José, Editor. El laberinto de la violencia. Ariel. Barcelona, 2004. BELLER  TABOADA, Walter. La violencia, tiene justificación? Lo que dicen la ciencia y la filosofía. En https://www.redalyc.org/pdf/859/85920311002.pdf DALFERTH, Ingolf U. El mal: un ensayo sobre el modo de pensar lo inconcebible. Sígueme. Salamanca, 2018.

[2] OVEJERO, José La ética de la crueldad. Anagrama. Barcelona, 2012. CENTRO NACIONAL DE MEMORIA HISTÓRICA. Textos corporales de la crueldad: memoria histórica y antropología forense. CNMH. Bogotá, 2015. SEGATO, Rita Laura. Contra-pedagogías de la crueldad. Prometeo Libros. Buenos Aires, 2018. GALTUNG, Johan. Violencia, guerra y su impacto: sobre los efectos visibles e invisibles de la violencia. En https://www.red.pucp.edu.pe/wp-content/uploads/biblioteca/081020.pdf

[3] GUTIÉRREZ, Gustavo. Hablar de Dios desde el sufrimiento del inocente: una reflexión sobre el libro de Job. Sígueme. Salamanca, 2006. SÖLLE, Dorothy. Dios en la basura. Verbo Divino. Estella, 1993; Sufrimiento. Sígueme. Salamanca, 1978. KREINER, Armin. Dios en el sufrimiento. Herder. Barcelona, 2007. MOLTMANN, Jürgen. El Dios crucificado. Salamanca. Sígueme, 2010. GRESHAKE, Gisbert. Por qué el Dios del amor permite que suframos? Sígueme. Salamanca, 2014. BONHOEFFER, Dietrich. Resistencia y sumisión. Sígueme. Salamanca, 2008. BOFF, Leonardo. Entrada Sufrimiento en FLORISTÄN, Casiano & TAMAYO-ACOSTA, Juan José. Conceptos fundamentales del cristianismo, páginas 1308-1318. Trotta. Madrid, 1993.

[4] Lucas 13: 1

[5] BRAVO GALLARDO, Carlos. El pueblo en tiempos de Jesús: La no-historia del pueblo o el reverso de la historia. En https://www.redicces.org.sv/sjpui/bitstream/10972/1099/1/RLT-1985-006-C.pdf  GUEVARA, Hernando. Ambiente político del pueblo judío en tiempos de Jesús. Cristiandad. Madrid, 1985.

[6] Lucas 13: 2-4

[7] KASPER, Walter. La misericordia: clave del evangelio y de la vida cristiana. Sal Terrae. Santander, 2014. PAPA FRANCISCO. Misericordiae Vultus. Bula de convocación del jubileo extraordinario de la misericordia. Tipografía Vaticana. Roma, 2015. FRAILE, Pedro. Entrañas de misericordia: Jesús, ternura de Dios. PPC. Madrid, 2015.

[8] ORTIZ ACOSTA, Juan Diego y otros. Reflexiones sobre el problema del mal : un acercamiento a la condición humana. Universidad de Guadalajara, Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente ITESO. Guadalajara, 2017. GALINDO RODRIGO, José Antonio. Dios y el sufrimiento humano: preguntas y respuestas sobre el problema del mal. San Pablo. Madrid, 2008. VARONE, Francois. El “dios sádico”: ama Dios el sufrimiento? Sal Terrae. Santander, 1997.

[9] CANDIARD, Adrien. La libertad cristiana. Encuentro. Madrid, 2021. VIDAL, Marciano. Entrada Libertad en FLORISTÁN, Casiano & TAMAYO-ACOSTA, Juan José. Conceptos Fundamentales del Cristianismo, páginas 710-725. Trotta. Madrid, 1997. GARZA SALDÍVAR, Héctor. La libertad cristiana: Lutero y Loyola. En https://www.xipetotek.iteso.mx/wp-content/uploads/sites/91/2019/05/104-7-La-libertad-cristiana-Lutero-y-Loyola.pdf

[10] Lucas 13: 6-9

[11] CORTÉS CORTÉS, Javier Enrique. La catástrofe como instancia de interpelación a la conversión: una mirada desde la parábola de la higuera estéril Lucas 13: 1-9. En https://www.revistas.ucn.cl/index.php/teologia/article/view/716/606

[12] ACCIÓN CATÓLICA GENERAL. Cambia el rumbo de tu vida: material de cuaresma y pascua 2022. En https://www.accioncatolicageneral.es/NOTICIAS/index.php/documentos/documento/view/1044 MANOS UNIDAS. Cuaresma 2022: desinstalar las guerras, alimentar la paz. En https://www.manosunidas.org/sites/default/files/desinstalar_las_guerras_alimentar_la_paz.pdf  SED SOLIDARIDAD EDUCACIÓN DESARROLLO. Cuaresma 2022: plantemos las bases, sembremos futuro. En https://www.sed-ongd.org/wp-content/uploads/Folleto-CUARESMA-2022.pdf

[13] ELLACURÍA, Ignacio. Historicidad de la salvación cristiana. En ELLACURÍA, Ignacio. Escritos teológicos 1; páginas 535-596. UCA Editores. San Salvador, 2000. CORDOVILLA PÉREZ, Angel. Teología de la salvación. Sígueme. Salamanca, 2021. ALFARO, Juan. Esperanza cristiana y liberación del hombre. Herder. Barcelona, 1975.

[14] Exodo 3: 2-6

[15] ELLACURÍA , Ignacio. Entrada Salvación en la historia en FLORISTÁN, Casiano & TAMAYO-ACOSTA, Juan José. Conceptos Fundamentales del Cristianismo , páginas 1252-1274. Trotta. Madrid, 1993. GUTIÉRREZ, Gustavo. Teología desde el reverso de la historia. CEP. Lima, 1977.

[16] Exodo 3: 7-10