Mayo 10: Yo soy el camino, y la verdad y la vida

Mayo 10: Yo soy el camino, y la verdad y la vida

Por: Gabriel Jaime Pérez, S.J.

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No pierdan la calma, crean en Dios y crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿les habría dicho que voy a prepararles sitio? Cuando vaya y les prepare sitio, volveré y los llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estén también ustedes. Y adonde yo voy, ya saben el camino.» Tomás le dice: «Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?» Jesús le responde: «Yo soy el camino, y la verdad, y la vida. Nadie va al Padre, sino por mí. Si ustedes me conocen a mí, conocerán también a mi Padre. Ahora ya lo conocen y lo han visto.» "Yo soy el camino, la verdad y la vida" Felipe le dice: «Señor, muéstranos al Padre y nos basta.» Jesús le replica: «Hace tanto que estoy con ustedes, ¿y no me conoces, Felipe? Quien me ha visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo dices tú: "Muéstranos al Padre"? ¿No crees que yo estoy en el Padre, y el Padre en mí? Lo que yo les digo no lo hablo por cuenta propia. El Padre, que permanece en mí, él mismo hace sus obras. Créanme: yo estoy en el Padre, y el Padre en mí. Si no, crean a las obras. Les aseguro: el que cree en mí, también él hará las obras que yo hago, y aún mayores. Porque yo me voy al Padre.» (Juan 14, 1-12)

Hoy nos invita Jesús a no perder la calma en las situaciones difíciles y a renovar nuestra esperanza, confiando en Él como el camino que nos conduce a la felicidad eterna, como la verdad que disipa nuestras incertidumbres y como la vida que le da sentido a nuestra existencia. Las otras lecturas se refieren a la institución del “diaconado” –o sea del ministerio de colaboración con los apóstoles en el servicio a la comunidad en la Iglesia naciente (Hechos 6, 1-7)–, y al desarrollo de esa misma Iglesia, que el apóstol san Pedro compara con la construcción de un “templo espiritual” cuya primera piedra” es Jesús resucitado y los bautizados en su nombre son también “piedras vivas”. 

También hoy, Día de las Madres en Colombia, las tenemos especialmente presentes en esta Eucaristía para felicitarlas y pedir por ellas. Pero centremos ante todo nuestra reflexión de hoy en tres frases que Jesús les dice a sus primeros discípulos –y hoy también a nosotros– en el Evangelio:  

 

1. “No pierdan la calma”

Esta frase que Jesús dirige a sus discípulos en la cena pascual antes de su pasión, forma parte de lo que podría llamarse su testamento y llega a nosotros como una invitación a no angustiarnos ni desesperarnos en medio de los problemas que tenemos que afrontar.

En varios relatos de los Evangelios, cuando los discípulos están pasando por momentos difíciles, Jesús los anima a confiar en Él: no teman, no pierdan la calma, la paz les dejo, mi paz les doy. Sintamos internamente esta paz que nos da el Señor resucitado y que también nosotros estamos llamados a comunicar a todas las personas con las convivimos o con las que nos encontramos.

 

2. “En la casa de mi Padre hay muchas habitaciones”

La casa del Padre es una sugestiva metáfora que emplea Jesús para referirse al futuro de felicidad eterna que el Señor nos tiene preparado si aceptamos su invitación. Esa vida plena y feliz en la eternidad es lo que tradicionalmente llamamos el cielo, que no es un lugar físico sino un estado de existencia en una forma de vida nueva, distinta de la presente, no ligada a la condición material ni a las dimensiones del espacio y del tiempo.

A ese estado somos llamados todos sin discriminaciones y esto es lo que significa la imagen de las múltiples habitaciones de la casa del Padre: en ella podemos caber todos, sin exclusiones ni discriminaciones, y a ella podremos llegar si vivimos de acuerdo con las enseñanzas de Jesús.

 

3. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”

A la pregunta que le hace el apóstol Tomás –Señor, no sabemos adónde vas, ¿cómo podemos saber el camino? –, Jesús responde con una de las frases más recordadas con las que Él se describe a sí mismo: Yo soy el camino, la verdad y la vida. La expresión Yo soy empleada por Jesús frecuentemente en el Evangelio de san Juan (Yo soy la luz del mundo, Yo soy la puerta, Yo soy el buen pastor, Yo soy la resurrección y la vida, Yo soy el pan de vida, Yo soy la vid, Yo soy, el que habla contigo -como le dijo a la Samaritana cuando ella se refirió al Mesías-, o simplemente Yo soy -como se identificó a sí mismo ante quienes se disponían a apresarlo en el huerto de Getsemaní, y todos cayeron a tierra-) es una referencia directa al nombre con el cual se le había revelado Dios a Moisés: Yahvé, que en hebreo significa Yo soy. En el Evangelio de hoy Jesús emplea tres términos para decir lo que Él es para nosotros:  

  • El camino. Sus enseñanzas y su ejemplo son el camino que nos conduce a la felicidad eterna que Él nos tiene preparada, si aceptamos su invitación a seguirlo. En la medida en que lo sigamos, rectificando el rumbo cuando nos hemos desviado, llegaremos a la casa del Padre.
  • La verdad. Él es la revelación plena de un Dios veraz que cumple su promesa de salvación y a quien por eso podemos aferrarnos como a una roca firme en medio de nuestras incertidumbres. Es significativo que la palabra hebrea emunah denota tanto la solidez de la roca como la verdad.  
  • La vida. Tú tienes palabras de vida eterna, exclamó Pedro luego de haberle oído decir “Yo soy el pan de vida”. Y es Jesús mismo quien, llamándose a sí mismo el buen pastor y la puerta que conduce a la vida eterna, agrega: Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia.

 

Conclusión

Confiados en Jesús, que nos dice -como a Felipe- el que me ha visto a mí ha visto al Padre, y en quien por ello reconocemos a Dios que nos ama como hijos suyos, renovemos nuestra esperanza en nuestro futuro. Y en este día en el que en Colombia celebramos el Día de las Madres, digámosle a María: Madre de Dios y Madre nuestra: por tu intercesión encomendamos a todas las madres, vivas y difuntas, para que tu Hijo Jesús las llene de su amor. Y como nos enseñó san Ignacio en sus Ejercicios Espirituales, te pedimos que a todos nosotros nos pongas con tu Hijo Jesús, que nos lleves a Él, que es el Camino, la Verdad y la Vida, para que, conociéndolo internamente cada día más, siguiéndolo e identificándonos con Él, podamos llegar como Tú, después de esta vida terrena, a la casa del Padre. Así sea.